lunes, octubre 26, 2020

Que no falten los buenos días -- Poema


Qué siempre sean buenos días,
que cuando el sol no nos sonría
que sea la lluvia quien con su caricia
nos ayude a empezar la vida.

Que si es la luna quien espía
que ponga en nuestras vías
un millón de abrazos y risas,
que disipe los miedos con cosquillas,
que nos abrace redonda y pura
y que nos llene con su magia.

Que si es la noche oscura,
entonces,
que nos envuelva con su paz,
que guíe nuestra prosperidad
con un manto de estrellas francas,
que encontremos los caminos perdidos
y si es que nosotros andamos perdidos,
nos enseñe el camino de aceptar,
que hoy estar,
es ganar.

Y si hay sol, será de él la tarea
de darnos a su manera,
su calor, su luz, su sabiduría
para que,
aunque todo sea para mal,
igual tengamos un gran día.

domingo, octubre 25, 2020

Mejor ser claro... - Poema


Me hablaron de vos. 

Alabaron tu lengua de plata 
tu manos como Coquena
(una de lana, la otra de piedra),
me contaron de tus pies alados 
de tus brazos como espadas
de tus piernas sin fin
de tus pechos cual montañas
de tu vientre fértil
del fuego en tu mirar
de tu cuerpo delicado
tallado en el mármol
por el cincel de Miguel Ángel.

De tus cabellos de oro hablaron,
de tu piel de seda
de tu cuello de cisne
de tu orgulloso trasero
de tu enorme corazón,
del apetito voraz
y el olor a camelias que sudás
cuando te entregás al amor...

Me hablaron tanto de vos
que así con lo dicho
inevitable imaginé
mil abismos y mareas.

Temo que al conocerte
se confirme mi sentir,
que en vez de ser un ser
común y como cualquiera
(con sus dones y miserias),
seas un monstruo espantoso
que un genetista loco,
por onanista, y no por más,
le regaló el don de la vida. 





sábado, octubre 24, 2020

Mi ombligo -- Poema



El cielo estaba ahí, 
tan aquí que daba miedo,
los pájaros no flotaban
ni las nubes se empoderaban.

Las calles perdían su esencia
ante los flácidos edificios
que sobre sus sucios vidrios
plácidos se recostaban
sobre la acolchada vereda.

Nadie parecía estar enterado
que era mejor estar enterrado,
los nuevos nacían viejos, 
y ante la luz que asombra e ilumina
bajaban las cortinas
y apresaban sus almas,
metían dentro un aire
que en sus entrañas
tarde o temprano se solidificaba
y engullían alimento genético
que engordaba y no alimentaba.

Por la bóveda celestial
la luna se paseaba a cualquier hora 
y a nadie le interesaba,
todos buscaban otras respuestas 
en la azulina luminiscencia 
de los últimos celulares 
que dictaminaban, con azarosa suerte,
dónde, quién, cuándo, cómo y por qué.

Parecía que nada estaba perdido
el cielo estaba ahí, tan aquí que daba miedo,
parecía que era un mar que divertido
se había atrevido a zozobrar más que lo normal.

No hubo sorpresas para nadie
porque sus pantallas, 
esclavizadoras de miradas,
no habían advertido 
la gravedad de este asunto.

La ignorancia del necio
ante la falacia del sordo
vuelve tuerto al mudo
ciego al religioso
y esclavo al rey.  




viernes, octubre 23, 2020

Dejen tranquilo a Satán... -- Poema


Endiablado se ha vuelto el viento
que sin compasión desguaza
las alas de los ángeles caídos,
que arranca el techo de los pobres
que aplasta la esperanza del agónico
que arrastra sin piedad al débil
y empuja al justo contra la pared,
y entre sus verbos y los hechos,
pone el filo de la espada.

Endiablado se ha vuelto el tiempo
que nunca da tregua y pasa
que encierra con sus prohibidos
las libertades de los hombres
que azota con golpes crónicos 
hasta erradicar la cordura en lo senil,
la carne se vuelve de papel
lo entero queda maltrecho
y sin consultar, el polvo deviene a la nada.

Endiablados los sentimientos
las emociones, los pensamientos,
endiabladas las construcciones 
gramaticales y semánticas
endiablados son tus ojos 
endiablados son tus besos 
endiablado es el amor 
que enloquece a los más cuerdos.



jueves, octubre 22, 2020

La primera Gorgona -- Poema


Me quedé viendo cómo pasaba
pasmada ante las tantas maneras distintas
que tiene la vida de presentarte
frente a aquellos desafíos que nos potencian
o petrifican.

El viento erizaba mis cabellos que como serpientes
subían y bajaban, dando dentelladas invisibles
al enemigo que obsecuente y persistente,
de mí, las historias precedentes,
ya todo le habían dicho.

Las comisuras de mis labios cayeron empujadas,
tal vez, por las lágrimas que rodaban por hartazgo, por cansancio,
tal vez por el mismo peso que tiene la gravedad de todo asunto
o por la liviandad, con la que la vida nos presenta
desafíos que potencian o petrifican.

Entendí que todo era igual y nada nunca cambiaría
que tanto en el cielo como en el infierno
esclavos seremos de quien ajusta y aprieta,
hoplitas inocentes de una historia interminable
de una lucha inacabable, de la cual, es imposible no ser parte.

Ante tal epifanía sentí temblar las piernas
a mis brazos perder fuerzas, a mi alma caer entera y de a pedazos
en el abismo más oscuro, en el que me identifiqué y abdiqué
cualquier posibilidad de floreciente futuro.
Me dormí, a sabiendas, que al fin, perdería la cabeza.



miércoles, octubre 21, 2020

Ni sé por qué -- Poema


Creí escuchar tu nombre
y de repente sentí
como viajaba en el tiempo.

Recordé las callejas histéricas
las ventanas neuróticas
el sumiso asfalto
el libertario hollín
la tiránica bocina
el sudor de tus pesadillas
y de la mías
a veces perdidas
y otras cercanas 
a ese árbol de morera 
frente al palacio Pizzurno.

Creer que escuchaba tu nombre
fue recordar tu sonrisa
el brillo en tu mirada
el pelo tras la oreja 
y la palabra precisa
con la que erigías imperios
y destruías gladiadores.

Tanto recuerdo me obliga
a repensar el tiempo
y cómo es y por qué será
que cada uno elige
por dónde y cuándo lo transita.

Así que aquí me ves
más de veinticinco años después
pensando en vos 
sin más razón
que el haber creído
sea por azar o por destino
que algún cristiano presumido
andaba diciendo tu nombre. 





martes, octubre 20, 2020

Aldea muerta -- Poema


Los cuerpos parecen despreciar las almas
cuando aún no empieza a clarear el alba,
el todo se vuelve más frío y oscuro.
En el momento anterior del amanecer
bajaron del cielo mil y un sombras
que se colaron desquiciadas por las ventanas
que algunos incautos, a causa del sudor,
dejaron abiertas en la noche solitaria. 

Ni los cuervos croaron cuando aparecieron
(se fueron volando silenciosos a otros pueblos)
los velones despabilados callaron su fulgor
y los candiles murieron sin mayor aspavento
pareciera que los designios del destino
que por el cielo o Dios fueron escritos,
transforman en sumisos corderos
a los demonios más bravos del infierno.

Ni las nubes se movían, ni febo amanecía,
el tiempo parecía ser de otra dimensión.
Por el bosque quejumbroso y deshojado 
las ánimas dolientes de próximas muertes 
transitaban los senderos con llantos y suplicios
exigían la sangre de esos vivos
que quitaron el tiempo de sus vidas,
y de sus carnes el motivo y la razón.

Fue casi amaneciendo que los primogénitos murieron
y donde allí no los hubiese, el más cercano es el que muere,
murió Abel, también Estela, Casimiro, José y Helena;
la familia González, entera... de los Fernández solo la suegra.
De la calle principal no hubo casa que se salvara
de estas sombras silenciosas que salían y que entraban
con una facilidad pasmosa, se llevaban cual condena,
las almas que pecaban de haber causado varias penas.

Al clarear el sol, y los primeros rayos entrar por las ventanas
las sombras se evanescieron como un mal sueño recién despierto
pero las cadáveres allí estaban, tiesos, con las caras desarmadas
con una mueca tetánica y horrenda, de sus ojos vacías las cuencas
con sus lenguas retorcidas y sangre seca coloreando sus orejas.
Las diezmadas familias quedaron devastadas y en su dolor
se cegaron con ideas necias y no captaron, del castigo, la idea
y tiñeron con color carmesí el dintel de las puertas de su aldea.

Elegidas al azar no fueron, fue elección premeditada.
Eligieron la del pobre, la del rebelde, la de la mucama,
la del agitador que amaba el rock, la de la muchacha que decía no
al alguacil, al cura y al alcalde, cuando pretendían "honrarla" 
con sus sucias vilezas y sus calenturientas bajezas.
Esa noche al salir la luna llena, bajo su clara luz colgaron,
a aquellos inculpados de asesinar con magia y premeditación
a esos cerdos malolientes, antes que salga el sol.

Así, cuando la noche nacía, las almas de los no pudientes 
eran arrancadas de sus vientres y en el bosque negro se mezclaban. 
Antes del amanecer, cuando más oscuro y escalofriante era todo,
aquellas almas sedientas de venganza, cegadas por la ira
salían como lenguas frías, ponzoñosas y afiladas, cegadas
por la revancha de arrebatarles del cuerpo la sangre a esos
que les quitaron la dignidad y la vida abusando de su poder.
De diez en diez se iban matando, hasta que en un amanecer
la aldea estaba muerta, y el bosque, lleno de vida.