No esperé que sucediera
como suceden los tal vez
ni que fuera el azar
quien se encarge de hacer
que lo que no sea, es.
No esperé el momento perfecto,
tal vez por inexperiencia,
por ignorancia, por falta de paciencia,
de fe, no lo sé.
Tal vez, simplemente, no crea
que existe lo perfecto
pero vuelvo a ver tus ojos
y de pronto olvido todo en lo que creo.
Cautivo,
me pierdo en los pasillos del deseo
en los que hay puertas y ventanas
que el presente cerró.
Tal vez mañana
cuando a nadie nada ya le importe
la existencia de esas puertas
de esas ventanas
podamos mirarnos a los ojos
sentirnos íntimos
y –porque no–
perfectos.
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