Se detuvo todo
como si el tiempo no fuera un referente
o la realidad un ancla de la cordura
como si lo necesario no tuviera lugar
y la casualidad no fingiera opciones.
Se detuvo como una culebra a la margen del río
contempló el silencio de las estrellas
la desvergüenza del infinito
el abismo profundo del cielo.
A las sombras que asomaron
las acalló con una mano
y por ahí se desplegaron todos los miedos.
Y creyeron
y cayeron
y callamos.
Cuando todo se detuvo
también calló el don de la palabra
y no hubo verbo, creación, ni absoluto.
Olvidó que las distancias
se acentúan sin memoria.
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