miércoles, marzo 28, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 15ava entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela

XXVII

-Cómo te sentís chiquita?
-Bien, sólo que me está picando más...
-A ver... dejámela ver, date vuelta- Esperanza entonces giró como pollo rostizado pero en la cama. Elbéstides frunció el ceño realmente preocupado, la ampollita de un centímetro ya le cubría casi toda la espalda.
-Y... cómo va?
-La curandera que vivía en esta cuadra?
-Qué con ella?
-Sigue viviendo por acá?
-Sí... en la esquina, por qué?
-Nada, nada creo... sólo una duda....- Elbéstides hizo una pausada pausa pensativa- Me esperás un segundito?- le dijo, ella asintió con una sonrisa.
-Por cómo me siento podría quedarme en la cama hasta el día de mi muerte...
-No jodas con esas cosas... ya habíamos quedado que con esas cosas en joda no eh...- dijo entonces con tono de reproche, lo cual fue aceptado por Esperanza con una mirada cómplice que se disculpaba.
-Estás muy susceptible vos con este tema, que pasó con la ronchita?
-Voy hasta la esquina busco a la curandera y la traigo... dale?
-Cómo quieras, pero contestame... no te hagás el boludo...
-Voy y vuelvo- la besó en la frente se puso los pantalones y luego de pie, se echó una camisa sobre los hombros y no se preocupó por el calzado y menos aún por abotonarse la camisa.
-No vas a ir así todo despechugado no?
-Es acá en la esquina...
-No me importa vení.- dijo Esperanza poniéndose de pie arriba del colchón, la bestia se acercó cabizbaja- Ya bastante es el miedo que te tienen tan solo por ser así de lindo- le dijo mimosa y coqueta mientras le abrochaba la camisa de abajo hacia arriba.- Listo ya está, puedes huir dulce bestia- Elbéstides le sonrió lindamente y de costado. Salió de la casa y volvió a los cinco minutos con la curandera a cuestas.
-Bravucón te voy a dar, bajame que te engualicho, bajame que te engualicho...- Elbéstides la sentó en la cama al lado de Esperanza con suma delicadeza, la mujer la vio a Esperanza, le vio los ojos bien de frente y su cara mutó silenciosa, le pidió a Elbéstides que se retirara, la bestia vio a su amada y ésta aceptó con un movimiento de cabeza. Se cerró la puerta de la habitación quedando a solas la una y la otra.
-No sabés qué es lo que te está pasando no?
-Me pica la espalda...
-Vos tenés un trabajo hecho...
-Un trabajo?
-Sí, pero hace tiempo que te lo hicieron, algo relacionado con la muerte, con la muerte de un pariente o... dejame ver tu mano.- buscó entre las cobijas la mano de Esperanza hasta encontrarla. La sacó de allí y puso la palma frente sus ojos.- Qué vida de sufrimientos m'hijita! condenada al martirio en la primera, en la segunda la muerte seca de un pariente que no es pariente pero en fin... tendrás tiempos de cambios, mutarás obligada y en soledad. A partir de la muerte de este familiar mutarás, y en la tercera tendrás el dolor más grande de tu vida y allí mismo encontrarás la sanación...
-La sanación a ésto?
-La sanación a este dolor que tanto se repite.- Esperanza quedó en un silencio, Elbéstides entreabrió la puerta.
-No es culebrilla no?
-Qué va, no te preocupes vos por ella, más bien preocupate con lo que vos vas a hacer de tu vida de acá en adelante vago de mierda!- dijo brava la mujer.
-Si, yo me encargo de eso- dijo Esperanza tomando la mano de la curandera.
-Qué pasó con la ampollita?- preguntó curioso Elbéstides.
-Hay que dejar que el río siga su caudal...
-Qué quiere decir con eso?
-No puedo hacer nada...- suspiró la curandera.
-Entonces buscaré un médico!- dijo Elbéstides.
-No seas tonto, ni te asustes, en el momento en que la dejes sola, ella no va a estar más hasta dentro de un tiempo, en el cual ella te va encontrar y vos la encontrarás a ella. Mientras tanto quedate con ella y pase lo que pase no te preocupes.- Elbéstides tomó a la mujer por los codos y la puso frente a su nariz.
-Qué es lo que me está tratando de decir?- le preguntaba mientras la sacudía como muñeca de trapo.
-Lo que te he dicho, ni más, ni menos...- el timbre de la casa prefabricada empezó a sonar a lo loco, Esperanza había quedado con la vista perdida en algún costado de la habitación después de las palabras de dicha curandera. Con los consonantes timbres pareció despertar.
-Dejá a esa mujer en el piso y atendé la puerta por el amor de dios!- exclamó con tono de voz de resolución tomada. Elbéstides salió de la habitación y la mujer miró a Esperanza que sin darse cuenta dejaba escapar una mínima lágrima que no se animaba del todo a caer.
-Ya sé- dijo leve Esperanza.
-Espero que sí hija, espero que sepas que hacer, por mi parte mi destino ya está jugado y termina hoy, por suerte y gracias a vos y a dios, sé que termina hoy.- dijo tristemente la mujer, un joven vestido de repartidor de panadería entraba en la habitación llevado por Elbéstides a un par de metros por sobre el piso.
-Este muchacho asevera que la conoce.
-Hola- saludó el muchacho.
-Vos no tendrías que estar en la panadería de tu padre?- preguntó Esperanza. Elbéstides cruzó miradas confusas.
-La loca esa para la que trabajás...
-Trabajaba...
-Como sea... me va a dar uno de cien si le llevo a alguien para que le haga el trabajo que vos hacías...
-Y paga bien?- peguntó la curandera. Esperanza asintió dando a entender que la paga no era muy buena pero tampoco era mala.
-Qué decís?- preguntó el muchacho a la curandera.
-Y total qué tengo que perder...- dijo entonces la señora.
-Y con mi mujercita que va a pasar?
-Muchas cosas que ni imaginás... no te desesperes, y escuchala sin enojarte, muchas de las cosas de lo que tu mujer te diga te van a servir.- fue lo último que dijo antes de irse tras el muchacho y desaparecer. Elbéstides se acercó a la cama y se sentó al lado de ella, la miró con amor en los ojos que brillaban, a uno y al otro. Ambos sentían el adiós pero a Elbéstides le costaba aceptarlo. El se acostó al lado de ella, acurrucándose gigante como un poroto al lado de una lenteja, ella se le pegó a él con todo el calor de toda su carne. Lo besó, la besó, se besaron e hicieron el amor una y otra vez llenos de sonrisas, gemidos, lágrimas. Llenos de caricias e inevitables despedidas... sin palabras; en estos casos las palabras siempre sobran, pasaron el día viendo y viviéndose en los ojos, hasta mismo el momento, en que hacían el amor o se besaban. Una lluvia repentina nació sin serpentinas ya que nada había que festejar, Esperanza sintió que se sofocaba y estiró su mano hacia Elbéstides que se despertó trémolo. Elbéstides quedó paralizado del horror al ver que la ampolla que Esperanza portaba en la espalda ya se había adueñado de casi toda ella, todo el cuerpo parecía estar recubierto por un capullo, por esa ampolla que días antes le había nacido en la espalda. Esperanza con miedo lo miró a Elbéstides. Elbéstides inerte quedó frente a la dulce mirada de Esperanza.
-Cuidalos a Fernando a Lucero... cuidalos, como me cuidás a mí, por favor... cuidalos...- la ampolla terminó de cerrarse ocultando todo el rostro de Esperanza y formando así una gran ampolla, un gran capullo. Elbéstides comenzó a gritar desesperado.
-Doctor!- salió corriendo de la casa hasta llegar a la esquina donde horas antes había encontrado a la curandera, era de esperarse que ésta no estuviese en la casa. Pensó en Lucero y pensó en Fernando, cualquiera de éstos dos podría traer al doctor, y el doctor curaría entonces a la dulce Esperanza que en su cama yacía. Corrió bajo la lluvia atravesando la ciudad de punta a punta, entró en casa de los Llorente por la puerta llevándosela por delante sin siquiera darse cuenta de que estaba cerrada, reventándola en un montón de quebradas astillas que se repartieron por el suelo de la sala. La vieja curandera yacía en el piso desangrándose, seguramente ya muerta, no importaba. A él tan sólo le interesaba encontrar a Fernando o a Lucero para que éstos le busquen el doctor a Esperanza que según él... no, no moriría, subió las escaleras bestialmente a las corridas, escuchó salvaje cazador un ruido en una habitación y entró en la misma sin siquiera golpear... y allí frente a sus ojos, Malicia Llorente y Elea Hibris, jugando a los indios o vaya a saber por qué una estaba atada y gimiendo y la otra se ocupaba de las ataduras. Malicia lo miró con furia, Elbéstides recordó a Esperanza sufriendo por el maltrato constante de esta humana mujer. Elea le saltó encima y se frotaba en él como perra en celo... Dos de sus enemigas más acérrimas juntas en una misma habitación, la confusión nublaba sus sentidos, y poco entendía de las cosas que a su alrededor pasaban. Se quitó de encima a Elea como quien se quita una pulga o algo así por el estilo, la tomó a Malicia con una sola mano y pensando en Esperanza con poca fuerza cerró el puño.
Vagó en la noche como un alma perdida sin saber que hacer, ni Fernando ni Lucero se encontraban en su casa y ni idea tenía dónde sería que los podría encontrar. Bajo la lluvia no encontró ni respuestas ni ayudas, llegó a su casa y estalló en llantos al caer en cuentas que el capullo aquel, se había desvanecido en el aire. Pensó en la vieja curandera, pensó en Esperanza y sin saber el porque, sonrió.

XXVIII

Casi todos llegaron a la misma hora. Colifa sonreía saludando a Victoria primero a Fernando después, a Anselmo le sonrió sin saludarle ya que más temprano ese mismo día se habían visto antes y durante el desayuno; y a fin de cuentas concluyeron las salutaciones al encontrar a la hermosa Lucero que entraba detrás de Anselmo.
-Empezó?
-No todavía, pero están en el último corte.- Se acercaron todos y rodearon al televisor.- Qué tomamos?
-Gaseosa para todos.
-Que así sea...- abrieron la gaseosa y sirvieron compartiendo en varios vasos.
-Empieza! Empieza!- el griterío comenzó, la musiquita de siempre denotaba programa periodístico al aire, unos shhh! colmaban el ambiente de silencio y expectativas.
-En el programa de hoy.... a un día de las elecciones por la presidencia de la República, Gésus Acrata Kalón, conferencia de prensa en vivo para todo el mundo... en instantes desde estudios centrales, mientras tanto nuestros anunciantes..." En esta anarquía que todo sea un viva la pepa. Viva la pepa! pepas de prima calidad "...-
-Qué bosta ésto de las publicidades!- comentó uno ignorando lo que en cada casa, en cada rincón pasaba. Nadie parecía vivir en el mundo, o por lo menos estar, estar en algún lugar haciendo algo, cada quién, cada cuál... igual claro que en sí estaban todos haciendo algo, viendo televisión, viendo la conferencia que Gésus brindaría apenas en unos minutos cuando los anunciantes concluyan su menester de facturar y anunciar; todo el mundo pendiente a esta clara locura que atacaba a todo el mundo pese a estar pasando en una ínfima porción del planeta llamada la República.
-Cómo piensa manejar todo?
-No es algo de lo que yo me tenga que ocupar- dijo después de diez minutos de anunciantes-... qué es lo que hay que hacer; hay que seguir la vida como todos los días, o usted necesita que haya un gobierno para venir a trabajar? Qué son? Niños que necesitan les digan cuándo? Somos corderos acaso? Por supuesto que somos dueños de hacer de nuestras vidas lo que queramos, son nuestras, pero ojo, siempre y cuando no abusemos claro está...
-A qué le llamaría abusar?
-Propasarse. A lo único que uno le puede llamar abusar, no hacer al resto lo que a uno no le gusta que le hagan...
-Usted cree en los reyes magos también no?- varias risitas se escucharon por lo bajo, hasta Gésus mismo festejó con una sonrisa tibia la linda interrupción.
-Más o menos sí, por suerte aún guardo un sueño que es la ilusión de mi alma... quién de ustedes no quiso en serio vivir en la utopía...? cuántos grandes pensadores armaron croquis o bocetos de la gran y mejor forma de vida?, se pergeñaron montones de ideas...
-Pero una anarquía va a sembrar la violencia en las calles de su país, cómo piensa que va a...
-Primero mientras yo estoy hablando me gustaría seguir hablando o en el debido caso que me quiera interrumpir... hágalo amablemente- dijo secamente Gésus- segundo. Eso que la anarquía es sinónimo de violencia es una estupidez o hasta mismo un arquetipo, yo he sido anarquista toda mi vida, y no hay persona más pacífica sobre la faz de la tierra... y si va a haber violencia es la pregunta, claro que sí es la respuesta, pero no por la anarquía misma si no por la gente, más bien por el ser humano, el hombre en los grandes cambios sufre una serie de situaciones que violentas a fuerza de golpes, muertes y patadas lo obligan a cambiar... pasó con el comunismo, como con el capitalismo, pasó en la autarquía, como en la monarquía, con gobiernos democráticos, defactos, opresores y oprimidos....
-Si, pero usted pensó en que la gente se va a regir por sus instintos...?
-Espero que no por favor! el ser humano tiene algo que se llama raciocinio el cual es muy distinto a los sus instintos, el hombre en esencia es salvaje, claro, que sí debe serlo, debe aprender a hacerlo por su propio bien, para que subsista como raza debe ser salvaje e instintivo, inteligente citadino.... El ser humano no está equivocado... tan sólo ha exagerado un poco las cosas, además por supuesto de las inseguridades y los miedos que traemos ya encima que son los que nos hacen hacer armas, sodomizar a quién sea, mirar para arriba antes de escupir al cielo. Yo no tengo ni una de las soluciones de la humanidad, no tengo un porque para todo ni una respuesta clara y segura, pero como hombre tengo la fuerza del miedo que me lleva a no tenerlo más, a buscarle la respuesta, a encontrar la forma de vencer ese temor, haciendo de mí, una mejor persona día a día.
-Y usted cree que toda la gente es así?
-Definitivamente no... por suerte somos todos distintos con todo distinto... y esa es una de las cosas que confunden, dicen por lados todos que somos mismos seres, que somos iguales y eso es mentira, hay sangre de distintos factores por más que todas sean rojas, hay gente más alta, hay gente más negra, hay gente más blanca y también los hay amarillos, los hay cristianos, hebreos, musulmanes, budistas, protestantes, ateos... los hay deformes y santos, hay ladrones y gente que gusta de los ladrones... quieran o no, todos somos distintos, únicos, en cuerpo, espíritu y alma. Hay gentes con las cuales el trato es más afín y hay gente con la que uno trata de no llegar al fin... No está mal ser distinto, está bien ser distinto, yo soy distinto a todos los que aquí están y me siento feliz de ello, ya que eso me transforma en un individuo, un individuo que piensa y siente como cualquier otro pero no lo mismo que cualquier otro, todos miramos sorprendidos y con miedo a lo desconocido, y no es para menos, cualquier niño tiene miedo el primer día de clases de su vida... Y por qué?... porque se le aproximan un montón de abismos y futuros que no sabe si va a poder resistir... Cómo no tener miedo a lo que viene? Sería como un individuo sin cerebro, todos seríamos su existencia. Dejar nuestro miedo a lo desconocido y trascender más allá del individuo por conveniencia a la convivencia y respeto social. Todos somos parte. Ni el marginal, ni el ermitaño. Todos somos la utopía.
-No me queda claro como un individuo sin cerebro podría trascender, no creo que pueda siquiera ir más allá del cementerio...- hizo una pausa dando lugar a unas risas ligeras... – Este individuo utópico, cómo respiraría, cómo comería?
-Sin pastor no hay rebaño o sólo habría ovejas salvajes? Sólo cambia el apelativo.-.
-Pero entonces quién organizaría la manada?
-La manada ya esta organizada hace siglos, naturalmente. Llevamos centurias de estructura, años de aprendizaje, se hizo innato. La estructura ya está formada, debemos desdoblarnos, somos una sociedad, no un individuo, muchos individuos con el mismo fin; haciendo entre todos, nada puede salir mal.
-Y la moral?
-Qué moral? Cuál moral? La que se usó de pretexto para tanto abuso o la utópica?
-Qué gana usted con ésto?
-A la anarquía se refiere?
-Sí claro...
-Nada y mucho, cómo explicarlo... no es cuestión de lo que yo gano, ya que creo que la ganancia es para todos... estoy hablando de algo no tan traído de los cabellos, no les gustaría (y contesten con una mano en el pecho), levantarse a la mañana temprano desayunar e ir al trabajo que a uno le gusta hacer y hacerlo a cambio de satisfacción personal?
-Pero cuánta gente hay que hace lo que le gusta?- gritó uno desde el fondo.
-Compostura!- exclamó bravo- poca, muy poca gente hace lo que le gusta, por eso la mayoría vive presa en el descontento, todas en su mayoría trabajan por la obligación de llevar la plata a la casa y así comprar los alimentos, pagar las cuentas, el techo y si tienen suerte o un trabajo lo suficientemente lucrativo como para irse de vacaciones con toda la familia y sinceramente... esto a mí, me parece ridículo!- un cotorreo comenzó a salir de todas las bocas.- me parece ridículo que con toda la tecnología que el ser humano sabe tener, siga manteniendo la misma estructura social de aquellos años de antaño en que todo se solucionaba a fuerza de garrotes y piedras, en cambio ahora... salimos de la selva para caer en la "civilización"...- dibujó comillas en el aire-... hemos evolucionado tanto y crecido tan poco...- suspiro.
-Qué soluciones plantea?
-Cómo solución, ninguna ya que no veo cuál es el problema. Yo sé que la cosa va a estar complicada y que nadie va a poder decir Ey! usted es el culpable... por más que yo sea el responsable de mis actos no puedo involucrar a más nadie en estos asuntos, no voy a señalar hacia ningún lado, sólo estoy yo con mi alma rogando que ésto se pueda hacer cómo sé que es posible... si la gente no tuviera tanto miedo de que otros los lastimen no les haría falta el poder y sin esas ansias impetuosas del poder, ya la cosa estaría más tranquila...
-Cómo piensa hacer para que la gente entienda cómo vivir en una anarquía?
-Ustedes recuerden que la anarquía es el estado natural del hombre, uno podría vivir libremente en una anarquía siempre y cuando respete las premisas básicas del otro... cosas fundamentales señores; la gente va a tener que aprender sola a vivir y lo que veo que es más complicado, va a tener que aprender a dejar vivir y según creo, eso es lo que más nos cuesta como seres humanos.
-Perdón, usted al decir hace un rato que erramos todos distintos estaba planteando una forma de racismo que...
-Usted es un pelotudo! usted debe trabajar para algún amarillista hincha pelotas, yo en ningún momento hablé de racismo, si quiere mi opinión sobre este tema desde ya le digo que el racismo es algo que está metido bajo la piel del serhumano, está en la sangre, el hombre como ya dije, se sorprende de lo que no entiende y como no lo entiende lo ataca. Fíjense ustedes mismos están como locos con respecto a esta anarquía y así la atacan, la caratulan como violenta y aún ni siquiera ha comenzado... Sientan cómo el miedo de algo nuevo les llega, les entra por las venas y con toda esa adrenalina que producen atacan a lo desconocido cobardemente... Ustedes se han puesto a pensar en que tal vez sirva de algo, y que en serio ya no se necesiten gobiernos, cuál sería el problema?
-Políticos con más tiempo libre!- gritó burlón uno desde el fondo.
-Esa es una buena observación- bebió un poco de agua sonriendo, tenía la garganta realmente seca- pero en serio, piensen en por qué necesitan de alguien que les diga qué hacer o cómo hacerlo durante todo el tiempo, claro que el ideal sería que el mundo diga: Esa es buena idea y en todo lugar se forme una anarquía que destroce fronteras, que desguace banderas y a éstas mismas las usen para hacer ropa a la gente que tiene frío, que sí... se cultive la tierra en los campos y que en las ciudades se cree tecnología para mejorar todos los aspectos rurales y sociales... que la gente haga lo que quiera, y lo que hace lo haga por placer, y nada más... a lo sumo por una obligación consigo mismo, no es tan difícil, creo que nada más es una cuestión de conciencia...
-Y si se deja volar y llevar por donde usted prefiera cómo haría para que en el mundo no haya países o gobiernos más poderosos que otros?
-No hijo, eso de mí no depende... depende más de las gentes, de los gobiernos del mundo. Hay dos cosas que mueven al mundo, el dinero y la energía, si se lograra hacer que todo funcione a energía solar no habría problemas de contaminación, o mismo de combustible, fíjense que todo lo que hicieron en el día de hoy les trajo un gasto de energía el cual deberemos pagar con dinero, el cáncer de la era moderna... No estoy hablando de un comunismo, ni de marxismo, ni de capitalismo, ni de ninguna de esas locas ideas que se cruzan constantemente... estoy simplemente hablando de que cada uno haga lo que quiera con quien quiera donde quiera como quiera cuando quiera pero por supuesto si el otro también quiere... es tan sólo una cuestión de respeto, no más...
-Cómo es que la O.M.N. se retractó de su aviso?
-Me he enterado por un pajarillo que la O.M.N. no se retractó nada, dejó todo en un veremos que ya se verá por supuesto qué es lo que sucederá con ésto.
-Cómo piensa manejar el comercio exterior y el interior?
-Las cosas que la República exporta pagarán las que importa y la distribución va a depender de sus habitantes, lo importante en sí es la materia prima, los alimentos, la salud, la educación... la gente tendría que estar verdaderamente ocupada pensando en qué va a hacer si la anarquía triunfa.
-Usted duda acaso que su partido sea el ganador?
-Claro que sí y por el bien de la República es que dudo, un sabio dijo alguna vez: ..." dichoso el que duda ya que no tiene un sólo punto de vista de la misma cosa, sino más bien varios y es por eso que duda "... Espero que mi gente esté lo suficientemente adulta como para poder sobrellevar ésto de una forma pacífica o que esté preparada para lo peor, yo lo único que puedo decir es que estoy embarcado con mi pueblo al destino que ellos elijan tomar.
-Entonces usted cree también que puede resultar una situación violenta?
-Sería estúpido no pensarlo, es una posibilidad real y latente, es un cambio, un gran cambio... y no sé por qué mierda creo que me hacen repetir como loro parlanchín!- Los periodistas rieron bajo sabiendo que estaban buscando el pelo al huevo.
-Cómo se le ocurrió esta idea descabellada?- preguntó uno.
-Estaba en el baño y cuando me pasé al bidet se me ocurrió...- Demás está aclarar que ya Gésus se estaba poniendo de mal humor. Las malas preguntas de los periodistas no llevaban a nada, ya habían creado un doble discurso que ni él mismo sabía o conocía.
-Disculpe señor, pero con todo respeto creo que su actitud no es la correcta.
-Y tiene razón y gracias por señalarlo- el mundo enmudeció ante tal respuesta-... vean no más como este hombre al fin ha entendido algo, él quiere y necesita un respeto el cual logra sin dar vueltas ni nada por el estilo.... Ya somos todas personas grandes y adultas, no como raza sino como individuos, sabemos qué es lo que queremos de nuestra vida, vamos a buscar vida en otros planetas mientras aquí nos arrancamos la cabeza por un metro cuadrado de desierto el cual utilizamos para nada... Es tan sólo una cuestión de hacer, de cada día levantarse y hacer una labor, la labor de cada uno para que todos la puedan disfrutar, me van a decir qué... que la gente no hace nada a cambio de nada? y qué les parece entonces hacerlo a cambio de ser el dueño de su propia vida? Ya nadie es dueño de su vida, ni las decisiones que uno toma las toma porque elige, más de una vez hemos tenido que tomar una decisión con una pistola apuntando en nuestras sienes y que hemos hecho... decidir. Mi elección es simple, tan sólo quiero vivir en un lugar donde mi vida dependa de mí y de nadie más en particular, por que realmente dependería de todos y cada uno de nosotros, si queremos que la rueda gire, no nos queda otra que hacerla girar. Confío en que salga como salga yo voy a estar orgulloso y conforme, ya que por lo menos al mundo le llegó la idea que una anarquía no es algo descabellado... buenas noches- Gésus se dio media vuelta y desapareció del algo así como un estrado en donde se encontraba, claro que se fue entre bocas por el piso, tibios aplausos y frescos abucheos que no llegaban a determinar favoritismos o contras, sí sorpresa. Bajó y se fue... sabía que la cosa no cambiaría nunca, lamentando en cierta forma el no estar ahí con Victoria para abrazarla. Salió del set de filmación y cataratas de flashes lo bañaban... estaba triste, solo y a pesar de extrañar a Victoria en ese momento sabía que ella le sería un estorbo molesto que no podría soportar. Un auto oscuro se detuvo frente a la puerta del set, un hombre se asomó por la ventanilla del acompañante mientras bajaba el cristal.
-Quiere que lo alcance?
-Si no es molestia es un favor! - esbozó sonriente mientras subía al coche.
-Qué joda eh! Nos espera una jodida!
-Ni que lo digas, ni que lo digas...

martes, marzo 27, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 14ava entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela

XXV

Colifa se puso de pie y se fue tras la barra con un gesto de preocupación en su rostro que serio pensaba.
-Y a éste?
-Está preocupado por Anselmo...- resopló Gésus mientras jugaba con una servilleta entre sus dedos viéndolo a Colifa metiéndose en la oficina.
-Yo lo vi bastante bien.
-Porque lo conocés poco...
-Es posible...- verse el uno al otro a los ojos los obligó a introyectarse silenciosamente.- Y por qué Anselmo podría estar preocupado?-

Anselmo suspiró y Colifa carraspeó.
-Hace cuánto que estás ahí?- se sorprendió Anselmo.
-Menos de lo necesario... qué te está pasando?- Colifa se acercó a Anselmo mientras éste, posaba a Nosferatu sobre la mesa, que lisiadamente avanzaba hacia Colifa hasta llegar a él. Colifa lo tomó entre sus manos y se sentó frente a su silla del otro lado del escritorio.
-No sé...- suspiró ocupado en sus quehaceres mentales- ya maté dos personas y cada vez todo se enquilomba más y cómo vienen los santos marchando parece que ésto seguirá en masacre y a nadie parece importarle...- Anselmo se llevó el dedo índice y éste le acarició el labio inferior pensativo-... a menos que...
-Qué?
-A menos que... no sea que a nadie le importe...
-Si no que tal vez no se dan cuenta...
-Y es ahí fundamentalmente donde funciona mi miedo, tengo esa sensación que sólo se tiene frente a grandes catástrofes...
-Hablás de una sensación cómo cuál?
-Cómo esas noticias insulsas que sabés que se sacan al aire para tornar todo confuso y mientras la confusión dura, otros temas más importantes se desvanecen y nadie sabe más nada de eso.
-Si, pero por lo general esas noticias salen del gobierno para cubrirse.
-Y qué con eso?
-Que ahora al gobierno no le interesaría mucho andar cubriendo noticias.
-Por qué... y si a Talmarital se le ocurre presentarse a elecciones de nuevo después de la anarquía?- Colifa hizo un silencio.
-Es posible... pero no creo que venga directamente por el lado de nuestro gobierno.
-Claro, cómo si el gobierno fuera lo más poderoso que una nación posee, por favor vamos!- Anselmo se puso de pie y empezó a dar vueltas nervioso por todos lados.
-A vos no es ésto simplemente lo que te preocupa.
-Qué querés decir?- Anselmo en serio estaba nervioso.
-Nunca, a excepción de un par de veces en las que estabas realmente en peligro, te habías comportado así... Qué tan mal están las cosas a tu alrededor?- Anselmo resopló con fastidio mirando hacia otro lado.
-Hay cosas de las que sabés que no puedo hablar con vos, ni con Gésus.
-Vos y tu puta manía de no mezclar los negocios con los amigos!- Apoyó a Nosferatu sobre la mesa y éste se quedó dormido. Colifa de pie y a la distancia adecuada daba vueltas enojado.
-Es lo único que nos mantuvo unidos!- quiso tener razón Anselmo.
-Por Dios te grabaría y te mostraría la grabación cuando todo haya pasado..." es lo único que nos mantuvo unidos"... Pelotudo!- bramó Colifa. Haber visto la cara de Anselmo ante semejante reacción.
-Sí no? estoy hecho un pelotudo...- Anselmo se hundió abatido dentro de la silla de Colifa.
-No sólo eso, toda ésta cosa que estás haciendo adentro de tu cabeza no te lleva más que a confundirte y evadirte a vos mismo.
-Qué querés decir?
-Qué querés decir, qué querés decir!- burlándose.- Cobarde!- Anselmo rió alegremente triste.-... tenés un miedo que te come hasta los cojones!
-Para menos... ojalá supieses cuál es mi sospecha!
-Ojalá... Ves qué estás hecho un imbécil! Que yo sepa de tus sospechas depende pura y exclusivamente de vos.
-Mirá, si tan silencioso estuviste parado en la puerta mientras yo hablaba con Nosferatu, mal que mal tendrías que por lo menos haberme escuchado cuando hablaba con él.
-Desde cuándo me meto yo en tus conversaciones privadas?
-Desde hace un rato, caradura- rió desfachatadamente Anselmo.
-Que haya estado acá, no significa que te haya escuchado.- dijo sonriendo Colifa mientras escuchaba y veía las lindas risas de su amigo.
-Es verdad, pero te puedo asegurar que si me hubieses escuchado me ahorrarías un montón de problemas...
-Y sí, Anselmo... pero no fue así, a uno le gustaría que la vida fuese como uno quiere y le gusta... pero uno de los secretos de la vida radica justamente en que hay cosas que hacemos que pueden llegar a quedar o a ser como queremos... pero, hay otras, que ni a cambio de nuestra vida van a cambiar, esas cosas quedan. Aunque malo sea que existan... Es allí donde uno tiene que aprender a vivir... parte con lo que le gusta parte con lo que no. Así es la vida!
-En serio señor filosófico qué así es la vida?- dijo Anselmo irónico y molesto-... pero mire usted que sorpresa! Por más que así la vida haya sido parida, uno la puede hacer más amena, uno la debe hacer más amena!- levantó su índice y el volumen de su voz a la vez. Colifa lo miraba de soslayo mientras acariciaba con el anular la cabeza de Nosferatu.
-Estás hecha una loca hoy!
-Cómo si me gustase estar así!
-Qué es lo que te pasa huevón.?
-Vos hablás con Nosferatu, Gésus sólo, dejá que yo haga...- Anselmo lo miró a Colifa con los ojos como esclusas, Colifa lo miró a Anselmo como diciendo disculpas. Anselmo rió.
-Dale boludo... lo único que nos falta ahora es que nos besemos y nos pongamos a llorar.
-Bueno.- Colifa se puso de pie y avanzó hacia Anselmo que sonriendo retrocedía extendiendo una mano que negativa se meneaba para cada uno de los costados.
-Epa, epa, juira! juira!- decía riendo.
-Venga con Colifa que le va a dar un besito.- Anselmo comenzó a correr en círculos seguido por Colifa que parecía la tía gorda que ningún sobrino quiere, pero que por esos lazos hay que soportar aunque eso mismo signifique blam!. Anselmo cerró de un portazo la puerta de la oficina mientras reía a carcajada limpia huyendo.
-Te asustaste?- Tomó a Nosferatu entre sus manos- Qué miedo no?- Nosferatu no parecía estar de muy buen humor- bueno... no te enojes estábamos jugando con Anselmo- Nosferatu aún ofendido lo miraba por debajo de sus párpados superiores.- Sí ya sé... pero qué puedo hacer yo- dijo encogiéndose de hombros. Nosferatu mordisqueó apenas el pulgar de Colifa.- Sí claro... es que, yo me doy cuenta pero...- Nosferatu entonces llegó hasta la carne hincando un colmillo.- Sí mierda, ya sé!- gritó enojado Colifa llevando a Nosferatu hasta tenerlo frente a sus ojos.- Qué querés que vaya y que les diga, señores ésto se va al carajo y yo no sé si lo voy a soportar, y es más... sé que ni siquiera ustedes lo van a soportar. Querés que les diga, mírense a los ojos en algún espejo, fíjense como todo ésto les está desdibujando el rostro, fíjense en su mirada, miren su carne como trémola solo expele el aroma frugal del miedo, véanse, mírenme! Nunca habíamos estado así, ocultándonos cosas porque sí y entonces mirar de costado para todos lados... Eso querés que les diga? querés que vaya lo agarre a Anselmo y le diga qué mierda está haciendo con ese pibe más que meterse en más y más problemas?. Querés que vaya y le diga a Gésus que es un pelotudo porque se está dejando usar y después como condón usado lo van a tirar en ese riacho al norte de la Ciudad Capital donde siempre terminan los chivos expiatorios... querés que salga a las calles y le grite a cada santo su vela?. No soy quién!- Gritó aún más fuerte y más cerca del rostro de Nosferatu que lo miraba con esa pasividad tan típica de él, babeando sangre sonriente.- Querés que salga, querés que realmente me anime a mirarme a los ojos... Lo hago y sé que estoy cagado hasta las patas, que todos mis miedos están, son grandes y llenos de sombras, que existen y son tangibles como la carne misma... Mis miedos son esa carne, esta carne. Carne que deambula por doquier sin importarle nada, haciendo un camino con la sangre, el sudor y las lágrimas de otros. Qué mierda querés que haga! Qué mierda querés que haga?- Colifa se acercó a su silla donde cayó desmoronado, una pequeña lágrima solitaria y con miedo le recordó a sus noches de niñez con monstruos en los placares y en los debajos de las camas, con madre sentada en la orilla de la colcha, con sus manos empapadas de caricias y en su boca las palabras que prometían que los monstruos ya no estarían, que los monstruos con la luz se irían. Dónde estaría ahora su madre que lo protegió en sus miedos más puros y por lo tanto los más terroríficos. Por qué habría muerto sin dejarle la enseñanza en cómo se matan a estos otros monstruos que son de carne, que sobreviven al día y en la noche viven, que no desaparecen prendiendo tan sólo una luz. Nosferatu lo veía retorcerse entre recuerdos, Colifa ya había caído al suelo temblando con todo su cuerpo, con la columna fría en un vahído que subía y bajaba... con los músculos tensos llevándolo inconsciente a una posición fetal; llorando en el piso de su oficina asido a Nosferatu como niña a su muñeca, llorando como todo un hombre llora, mucho, fuerte, sincero y con ganas.
-Y entonces...- corrió la silla hacia atrás y compartió mesa con sus amistades-... cómo es lo del reportaje?- Fernando se puso de pie.
-Realmente de esta conversación ya escuché mucho... me voy a dormir!
-Estás bien pibe?- preguntó Gésus.
-Sí, estoy cansado y de todo lo que me rodea no entiendo un carajo a la vela. No sé qué pasa, ni qué pasó, ni qué pasará, pero ésto, cada vez a mí... me está llenando más y más las bolas.
-No sos el único.- suspiró Anselmo.
-No sos el único.- dijo Gésus, Fernando lo miró con los ojos en llamas.
-Así que al señor ahora... se le da por quejarse, sepa bien que todo éste carajo es por su culpa.- joven Fernando con joven pujanza. Gésus se reclinó hacia atrás suspirando aburrido.
-Andá a la puta madre que te parió!- dijo al fin, se puso de pie y se fue ante los ojos sorprendidos de Fernando que lo quedaron mirando sin comprender. Corrió tras él, Anselmo los miró a ambos; Fernando parecía un adolescente que había encontrado el amor en el mismo año de la secundaria y Gésus lo de siempre, intolerante para ciertas cosas como la estupidez por ejemplo o como ejemplo. Se reclinó sobre su asiento y en su cabeza el tiempo se había desvanecido, ya que ésta, se ocupaba simplemente de otro menester. Nació una lluvia sin madre que resbalaba tranquila por los cristales del escaparate, cayendo en la cursilería barata, comenzó a sentir a Lucero, cómo ella le recorría cada una de las venas, las neuronas, los pensamientos... la sentía a ella siendo parte de un sueño que despierto Anselmo soñaba, la sentía fuerte y frágil como sólo una mujer sabe serlo, sabía que él la podría cuidar pero no podría evitar que ella se quiebre, si ella misma así lo quería. Impulsado por una sensación salió a la calle a paso redoblado, sin sentir la lluvia. Dobló en la esquina para subirse a su auto, puso la llave en el encendido y echó a andar el carro girándola hacia adelante, yendo a algún lugar que todavía no sabía cuál sería.
-Culpa mía, culpa mía... Mea culpa, sí claro... mea culpa!...- decía Gésus malhumorado a los gritos volviendo a su casa por oscuras callejas de la capital de la República.
-Eh, loco de mierda!- gritó un vecino que asomaba apenas desde una ventana un par de pisos más arriba- en este país la gente duerme de noche.
-Sí disculpe...- entendió Gésus molesto, el hombre asomó la mitad de su cuerpo y sus ojos, debido a la sorpresa, se estiraron hasta un par de metros más acá de Gésus que protestando venía.
-Ey! Usted es... Usted es... Negra vení, llamá a los chicos, mirá quién está en la calle gritando... Ey todos!- gritaba- Negra traeme una cacerola, vamos a despertar a todos... el presidente está caminando por nuestra calle!...- una fémina sombra apareció al lado de la otra que gritaba y así como apareció desapareció-... y Ehhhhhhhhh!- el hombre desquiciado gritaba por la ventana con quicio, con los ojos fuera de sus órbitas rotando girando como si los ejes no existiesen.
-No soy el presidente y nunca lo seré!- grito sórdido; más molesto nuestro Acrata Kalón. El hombre ya tenía la cacerola en una mano y con una cuchara de madera que inteligentemente su mujer le había acercado, golpeaba la cacerola tan, tan, tan.
-Viva Acrata Kalón! Viva Acrata Kalón!- los edificios adormecidos comenzaban a despertarse abriendo sus persianas soñolientas lentamente. Un par de vecinos empezaban a asomar primero y señalaban a Gésus y reían y se abrazaban. Indudablemente estaban todos locos. Gésus los miraba parado en el lugar, tan sólo girando para poderlos ver cómo cada vez eran más y más, cómo tapaban las luminosas miradas de los edificios con su sombra de figura asomada, gritando, proclamando. Unos tímidos papeles empezaron a llover del cielo y una lluvia retórica y sin madre nacía sobre la Ciudad Capital de la República. Una lluvia que daba sobre los ojos de los edificios que molestos y temerosos de que la lluvia los ahogue, empezaban a ocultar sus dulces miradas tras sus párpados persianas. Sólo Gésus escuchaba nítidamente el caer de la lluvia sobre el asfalto mojado que de a poco se inundaba. Metió las manos en sus bolsillos viendo los papelitos que algunos habían tirado. De a uno los levantaba y se los iba guardando en el bolsillo en una silente soledad.
-Ey, acá estabas!- dijo Fernando que venía casi corriendo- Qué estás haciendo?
-Levantando papelitos.... no es tan difícil darse cuenta- resopló explicando aburrido.- Cómo llegaste?- se sorprendió Gésus mirándolo desde la altura de la cintura ya que estaba levantando los papelitos del suelo.
-Claro- dijo sintiendo la estupidez que lo recorría, comenzó a ayudarlo en tal menester sin saber por qué- Seguí los gritos...- hizo una pausa-... de dónde salieron?
-Por lo general los gritos salen de la boca de la gente- contestó mientras levantaba.
-No los gritos, los papelitos.
-Del mismo lugar.
-Qué? la gente escupe papelitos escritos en vez de hablar?
-Si, claro...- Gésus vio a su alrededor y ya pocos faltaban para acabar tal menester.
-Qué hacés levantándolos?
-No me gusta que la ciudad esté sucia, hace mal, trae enfermedades, es como que está desordenado y eso causa caos... Vos?- Fernando se vio las manos y los bolsillos llenos de papelitos.
-No sé... tal vez ayudando...- Fernando vio hacia su alrededor y encontró que tan sólo un papelito quedaba tirado en la vereda.- Es tuyo- le dijo indicando el lugar del último con un movimiento de cabeza. Gésus vio el papelito allí tirado.
-Por qué?- volvió a asombrarse.
-Vos empezaste, es bueno que lo termines.- Gésus lo quedó mirando y recogió el papelito guardándoselo en otro bolsillo, miró a Fernando de rara manera.
-Te invito con algo de tomar.
-Dale.- comenzó Gésus a caminar y Fernando lo seguía despacio, parecía ser que Fernando conocía el camino que Gésus hacía rutinario.- No quise molestarte cuando te dije que vos tenías la culpa de todo...
-No que va! Ya sé eso, no te preocupes, lo que me molesta es otra cosa.
-Qué...
-Todo el mundo señala a todo el mundo y no se fija adentro de uno si hay algo que funciona mal, pero reconocerlo es jodido...- la lluvia los bañaba suavemente mientras doblaban en la esquina y cruzaban en diagonal la calle, tal vez acortando camino. Llegaron a un edificio.- Subís?- Fernando titubeó.- Tengo mujer, no te preocupes...- Fernando sonrió.
-No, si claro, todo bien... es complicado, a mí no me molestan los gustos de la gente, cada cual hace de su culo un pito...- Entraban al edificio y ya subían hacia la casa de Gésus- pasa que a veces resulta una situación agresiva...
-Te pasó alguna vez?
-Un par de veces
-Un par, en serio?
-Sí, y en la primera me dí cuenta que eso no era mi estilo- aseguró Fernando. Gésus ya abría la puerta de su casa y allí entraba, se allegó a una mesita con rueditas con bebidas y vasos, la acercó a las arrastradas a un sillón donde tomó posesión del mismo sentándose allí. Fernando tomó asiento en el sillón que lo enfrentaba.
-Cómo fue eso?
-La primera, conocí a un tipo en una fiesta, me quedé hablando con él, la conversación era amena y llevadera, tanto así que la fiesta culminó y nosotros seguíamos hablando, salimos del lugar hablando y fuimos a tomar un café a un bar... el bar cerró (era de noche). Seguimos hablando como grandes amigos, él vivía cerca y como la conversación se había puesto más interesante decidí acompañarlo hasta la puerta de la casa.- Gésus sirvió dos copas con bourbón, le acercó una y Fernando bebió un sorbo después de haber brindado a la distancia, agradecido y silencioso.
-De qué hablaban?- preguntó Gésus interesado después de haber tomado el primer sorbo de la copa.
-De la vida, política, sociedad, de todo un poco, yo que sé...
-Y qué pasó entonces...
-Llegamos a la puerta de su casa, hizo un chiste que era gracioso al cual respondí con una sonrisa híbrida, a mí los chistes mucha gracia no me causan, sin ir más lejos la mayoría de los chistes me parecen aburridos... también ésto fue lo que le expliqué a él una vez que terminó de reírse porque se sintió incómodo con que yo no...
-Vos no qué?- interrumpió.
-Con que yo no me ría... por eso le había explicado ese asunto del chiste a él...
-Sí entendí pensaba en...
-Claro. Callate, dejame seguir...
-Bueno- bebieron otro sorbo de bourbon.
-Me dio un beso.
-Qué?!?!?!?
-Así como lo escuchás, dejó de reírse porque yo no me reía del chiste, me agarró los costados de la cara apresándomela brutamente con las dos manos, abrió la boca enorme y me puso la lengua adentro de mi boca...- Gésus se entró a reír de una forma que para qué te cuento, tomándose el estómago a carcajada limpia. Fernando se sonrojó y empezó a reír.
-Y qué hiciste?- entre jájajas.
-Garchamos- dijo riéndose más fuerte. Gésus dejó de reír.- Vamos, en la vida hay que probar de todo!- Gésus rió entonces aún más fuerte e igual de sincero.
-Nunca me hubiera imaginado.
-Yo que sé, da lo mismo... yo sé que no me gustó nada más, dame más bourbon.- la puerta de entrada se hizo avisar. La hermosa Victoria entraba con cara de culo.
-Qué mierda es esto? Toda la entrada mojada y acá adentro el señor con otro borracho dándole al chupi que da calambre, todos mojados, sentados sobre la felpita del sillón. Ustedes son medio boludos.
-Esta es la mujer con la que vivís?- preguntó poniéndose rápidamente de pie.
-Qué? si te parás pensás que lo del sillón se va a solucionar...?- Victoria que también por supuesto llegaba mojada por la lluvia que descendente allí fuera caía, entró más en la casa atravesando una puerta de la cual salió con un par de toallas y algunas mudas secas. Fernando bajó la vista, mientras Gésus se ponía de pie sonriente besando a Victoria dulcemente en los labios, Victoria le secaba el rostro con una toalla y Gésus tomaba la otra y se la arrojaba a Fernando para que se seque.
-Hola soy Victoria...
-La mujer de Gésus.
-Qué va! lo único que me falta... casarme!- Victoria sonrió cómplice.
-Comieron?- Ambos se miraron cayendo en cuenta que así no lo habían hecho.- Yo tampoco... compramos algo?
-Con esta lluvia vamos a salir?- preguntó Fernando viendo a través del cristal de la ventana.
-No... pedimos por teléfono...- dijo Victoria mojadamente seca.
-Con esta lluvia vas a hacer que alguien salga?- Victoria quedó muda. Fernando también. Ambos miraban a Gésus con cara de desconcierto pero en cierta forma sabiendo que tenía razón.
-Yo cocino algo- se animó Fernando a decir.
-No creo que haya mucho...- dijo con tono caprichoso y entre pucheros Victoria, Gésus suspiró sabiendo que ante una mujer que pucherea cualquier hombre flaquea.
-Yo no me cambié- dijo Fernando- qué es lo que les gustaría comer y dónde lo compro?
-Elegí vos lo que quieras, hay una rotisería doblando en la esquina.- Fernando se echó un piloto sobre los hombros que Victoria sonriente le traía y salió al destino incierto de la lluvia y calles de la República.

No podía quitarse de las retinas la imagen de Anselmo, tanto en el sueño, como en el ensueño que había sufrido. Una lluvia comenzó a mojar los cristales de la ventana de su habitación por donde el pino se veía solitario, allí, en el parque trasero. Se levantó de su cama y un vahído interno hizo girar la habitación a su alrededor, manoteó una de las cabeceras de la cama para asirse y así no desmoronarse, cerró los ojos y se los refregó con fuerza con la mano libre, removió con ésto todo mareo; pero la imagen de Anselmo seguía frente a sus ojos y en su pecho sólo gobernaba la sensación de salir a su encuentro. Bajó las escaleras en una corrida y salió por la puerta de calle sin siquiera ver a la nueva criada llevando la comida recién hecha a la mesa donde sentada y hambrienta Malicia esperaba. La puerta se cerró cuando la criada levantaba su dedo índice para detener a Lucero pero ya era tarde, ya se había ido. Se subió en su auto y encendió el mismo, aceleró y se perdió dentro y entre la lluvia. Manejaba nerviosa con una rara sensación en el pecho. El deseo de encontrar a Anselmo crecía, manejó sin rumbo fijo por un rato perdida entre elucubraciones y dilemas, giró en la esquina justa para toparse de frente con otro auto que venía. Frenó dejando caucho humeante en la calle mojada, se bajó del auto a las puteadas a tempo que Anselmo, el conductor del otro auto, que bajaba de misma manera para quedar enfrentados en una mirada sonriente. Se besaron bajo la lluvia mientras se acariciaban sin importar que sea lo que con mañana venga.

XXVI

-Disculpe- extendió su mano y la posó sobre las manos con bandeja de la vieja nueva criada, se miraron.-... con respecto a lo que dijo...
-Qué es lo que quiere saber- puso el plato en la mesa y se sentó en una silla cerca de Malicia que la miró reprochante- No me voy a quedar parada mientras me habla si quiere que le conteste al menos quiero estar cómoda...- le sirvió agua mineral importada en una copa. Malicia deslizó el plato un poco hacia la izquierda.
-Qué es lo que sabe y cómo lo sabe?
-Saber no sé nada, apenas comprendo algunas de las tantas cosas de esta vida austera, y esas cosas que apenas conozco, las conozco nomás por conocer, llámele don, llámele doña...- dos esmeraldas frías refulgían escudriñando.
-No se haga la mosquita muerta, quién la mandó? qué es lo que quiere averiguar?
-Nadie me mandó, usted me atrajo.- Malicia enloqueció y ciega de cólera extendió su brazo violentamente hacia la criada que inmutable esperaba. La mano de Malicia quedó seca en el aire, la criada se puso de pie en un grito horrorizado, Malicia se miraba la mano y titubeaba.
-Por Dios, ya está pasando de nuevo, ya está pasando de nuevo- decía la criada asombrada.- Malicia miraba su mano y a la criada.
-Qué es lo que está pasando de nuevo, qué es?- la mujer negaba con una mano hacia adelante mientras con la otra se tapaba los ojos.
-Estoy despierta! por Dios estoy despierta... Es usted!- le dijo entonces señalándola con el brazo y con los cinco dedos extendidos hacia Malicia que la miraba temblando, con los ojos opacos y cara de desconcierto temeroso- Usted! Es usted!
-Si soy yo!- dijo Malicia inconsciente poniéndose de pie, brava de furia, llena de mareas tempestuosas en sus manos y en su turbada mente que poco entendía lo que veía.
-Salga de acá, salga!- gritaba la criada arrastrándose de temor hacia la puerta.
-Pensaste que podrías...- Malicia hablaba distinto, se le había secado la voz, y la piel, sólo sus dos esmeraldas brillaban como el mismo demonio brilla en su cambalache.
-No por favor, no por favor...- repetía avasallada la criada que retrocedía e intentaba llegar a la puerta.
-Maldita- Malicia se le abalanzó cayendo sobre ella, forcejeaban, y cómo forcejeaban. Malicia sacaba algunos cabellos desde la raíz y la anciana se preocupaba en no encandilarse con la esmeralda mirada que la miraba asesina. Giraron un par de vueltas por el suelo de la sala, una tratando de salvarse de la otra, golpearon contra el sofá y después contra la mesa del teléfono, ésta se tumbó cayendo el aparato al suelo, con una mano Malicia tomó el cuello de la criada y con la otra el teléfono tumbado, lo alzó tan alto como se iza una bandera y flameó en su ojos una llama victoriosa sobre su adversaria que en un silencio tomó la mesa caída y con la pata larga de la misma se cubrió el rostro en el instante justo en que el teléfono se le acercaba a la cara para golpearla y terminar. El ring empezó a sonar histérico allí a dos centímetros de la nariz de la criada que luchaba a capa y espada, pero con la mesa que servía de sostén al ahora peligroso aparato. Al sonar, ambas se miraron desconcertadas. Malicia se puso de pie sin pensarlo y se acercó a la mesa del teléfono en la sala y atendió la llamada algo confundida. Malicia cortó la comunicación y se quedó viendo fijo a la criada que la miraba desconfiada y recelosa.
-Es todo, muchas gracias, no voy a comer más...- dijo dándose media vuelta.
-Señora aún no ha comido nada!- exclamó la criada desafiante- venga siéntese, coma a gusto...- Malicia accedió sin saber el porque. Tomó asiento de nuevo en la cabecera y volvió el plato a su lugar, tomó el cuchillo con la zurda el tenedor con la diestra. Comenzó a cortar despacio y segura, como quien corta esperando que algo a su alrededor suceda. De a poco trozaba, pedazo por pedazo con una fina sensualidad enseñada por algún conde en aquella infancia donde tampoco fue feliz, la temprana muerte de su madre en el día de su nacimiento, la gloria heredada de su padre al caer por la ventana mientras jugaba con ella a las escondidas en su casa de campo. Su hermano muerto bajo una capa de hielo de un lago congelado. La vida no le había sido fácil, se había encontrado con más problemas que la vida misma, ni siquiera su aya, la abuela de Esperanza con todo su cariño y su comprensión de madre la habían llevado por otros lares. Ni el nacimiento de Sortilegio, la madre Esperanza, le había amenizado el corazón. Apenas Sortilegio llegó a la casa, un mar de babas loas y caricias la coronaron y Malicia, como pobre infante en aquella época ardió por dentro, llena de vagas confusiones y delirios que juraban poco. Recordó a su padre cayendo cuando el tenedor se zafó de su presa y ésta salió volando hacia un costado cayendo al piso, rebotando un par de veces, hasta quedar boca abajo sangrando y Esperanza en el patio jugando con los otros a las muñecas. Sortilegio le había mirado a los ojos con el corazón roto lleno de amor y le había prometido que ella no sufriría más.
-No voy a morir sola, no caes ahora conmigo porque tu caída es desde más alto, la maldad siempre te ha dado fuerzas, pero la maldad termina seca...
-Vos morís y atrás tuyo va tu hija- recordó haberle dicho.
-El día en que le levantes la mano a Esperanza va a ser el día en que hayas firmado tu carta de muerte, te van a correr las calamidades y tu odio va ser fuente de juventud que te va renovar al tiempo en que te seque y te enloquezca hasta que ya no puedas soportar más y te mueras, te maten o te suicides, no vas a descansar en paz hasta que te disculpes.
-Lo veremos...- la mirada esmeralda se levantó del suelo, de allí, desde ese sitio donde la porción de comida había caído, se levantó para quedar confundida ante los ojos de la criada que con los ojos enjugados en lágrimas la veía meneando la cabeza sin saber qué hacer o decir. Empezó a sentir el bullir de su sangre recorriéndole el cuerpo con un frenesí histérico. La criada horrorizada se puso de pie y Malicia con cuchillo en mano se le abalanzó sobre la garganta la cual exclamó en un sólo quejido una torpe catarata de sangre que salía como agua de la fuente. Malicia se tomó la boca y no pudo decir nada, se cubrió el rostro y salió hacia arriba disparada como alma que lleva el demonio. De a dos o tres subía los peldaños de la escalera hasta llegar a su habitación donde Elea seguía gimiendo desesperada con las muñecas y los tobillos sangrando debido a la fricción de las ataduras que la ataban. Llegó hasta la cama y empezó a desatar a Elea rápidamente, un estruendoso ruido a madera resquebrajada subió desde la planta baja y unos pasos bestiales corrían escalera arriba, la bestia entró en el cuarto y Elea ebria de lujuria, sonriendo cumplido su sueño de tener a la bestia bajo su merced para mediante su parte noble sodomizarla o sodomizarse, lo que mejor resulte, como perra en celo se frotaba contra la bestial figura de Elbéstides que la miraba con asco, desgano y desconfianza. Malicia tomó una silla y se la partió a la bestia en el lomo mientras Elea seguía su libidinoso menester; la bestia se sacudió de encima a Elea como si ésta fuera una mosca, y tomó a Malicia por el mentón con una sola mano. Dos metros más allá, cayó Elea sobre algunos de los restos de la silla, se puso de pie y saltó como chita sobre gacela para seguir fregándose contra la espalda de Elbéstides que sostenía en el aire a la brava Malicia con los ojos enjugados de remordimientos. Elea acabó en un orgasmo que le destrozó el corazón en miles de distintos pedazos.
-Vos le hiciste muy mal a mi chiquita...- le dijo.
-Matame cobarde, me vas a hacer un favor!- Elbéstides sin demasiada fuerza cerró la mano y Malicia quedó pulverizada toda ella allí nomás. Elbéstides bajó la vista para ver la montañita de polvo que Malicia había formado; una lágrima rodó en forma de Esperanza por su rostro cansado y triste que sólo buscaba a Lucero o a Fernando para que lo contacten al doctor.

lunes, marzo 26, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 13ava entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela

XXIII

Apenas terminó de entrar cerró la puerta tras de sí. Se quitó el cigarro de la boca y dejó que el humo suba y se asperje desguazándose en el tórrido cielo raso. Se sentó en el sillón de siempre y posó los talones de sus pies sobre la mesita ratona con un dejo de cotidiana rutina, pitó de nuevo y sonrió.
-Por qué se enculó tanto tu hermana?
-Calculo qué es porque le caías bien.
-Te parece?
-No sé... sinceramente no nos conocemos mucho me dí cuenta.
-Vos y tu hermana.
-Todos entre sí.
-Qué todos? No vas a empezar a hablar de la humanidad y toda esa bosta, no?
-Por qué haría algo así?
-Yo qué sé! hay cada loco...
-... como sea, mi familia en sí no se conoce nada de nadie, se saben cosas de cada uno, claro que sí! es natural, casi todos compartimos el mismo techo hasta aquellos días...- Fernando quedó mudo mirando por la ventana, se heló su corazón al caer en cuenta que estaba en frente de aquel bar que hace algunos tiempos frecuentaba con Marisa. La vida es así, pensó en silencio mirando por la ventana mientras que Anselmo se había puesto de pie para servirse un buen vaso de whisky, sentarse y pensar sólo dios sabe en qué. Fernando se dio media vuelta saliendo del hechizo del recuerdo, Anselmo levantó su mirada y fría se clavó en la de Fernando que venía.
-Vamos a tomar algo enfrente?- Anselmo dudó.
-Por qué enfrente?
-Es un lugar especial.- Fernando se acercó a la puerta y Anselmo lo siguió con el vaso de whisky aún en la mano.
Después de haber salido de lo de Esperanza habían hablado muy poco, pero pese a eso, ellos, se sentían cómodos el uno con el otro. Tal vez una cuestión de sensaciones. Cierta actitud de respeto daba a entender Fernando con un no sé qué, que le salía naturalmente; a Anselmo le caía bien. Al llegar a lo de Esperanza supo quien era Fernando con tan sólo una mirada, claro que se asombró al ver a Lucero mirándolo y en sus ojos; Anselmo a la hoguera se cocinaba lentamente... Claro que para evitar inconvenientes, él prefirió no mezclar el trabajo con esos contratiempos que trae el placer consigo; le comentó a Fernando que lo esperaba afuera mientras todo allí dentro quedaba inundado de un profundo mar de confusas miradas. Entraron al bar con cara de estar pensando en otra cosa. Fernando como a control remoto sin darse cuenta siquiera, se sentó en aquella mesa. Anselmo se sentó tras de él con la mirada perdida y el whisky en la mano. Un sopapo en la nuca llamó por cobrar.
-Qué no te gusta nuestro whisky!- dijo Colifa con tono extranjero mirándolo a Anselmo como se le iba la cabeza hacia adelante y el vaso de whisky al suelo; se dio media vuelta y clavó los ojos en Fernando.- Ahora que? venís sin la chica... te hiciste marica? encima te acostás con mi pareja!- lo reconoció rápidamente. Anselmo comenzó a reír mientras Fernando se hundía en la silla tratando de aclarar algo de lo que nada podía aclarar ya que estaba todo claro. Colifa lo miró a Anselmo.
-Te acordás del pibe que les conté que venía con su chica acá y hablaban y pisaban nubes de sensaciones, románticas situaciones, que vivían el uno en el otro y...
-Bla, bla, bla... esa chica me dejó con el culo roto...
-Bueno pibe. la primera vez siempre duele.
-Me imagino que hablarás por experiencia...
-Si no experimentaste no hablés- la conversación cayó en un frío. Colifa le sonrió a Fernando que aún se rascaba la cabeza.
-Te traigo algo?- le dijo.
-Sí... no... algo no, traéme un...
-Tequila.
-Ey! no te parece temprano para empezar con eso?
-Ya desayuné, qué mierda querés que tome...
-Un jugo! yo que sé, un yogurt...
-Probaste con uno?
-Sí y me da gases horrendos... un jugo de hortalizas y vegetales.
-Toma la misma mierda que vos mirá...
-Tiene buen gusto.
-Qué pasó con mi hermano?
-Esperame.- Colifa se acercó a la barra y se alejó de la misma trayendo dos jugos de verduras y hortalizas en vasos fríos por supuesto. Los posó sobre la mesa guiñándole sonriente el ojo a Anselmo, que también sonreía pero escondido bajo la media palma de su mano que ocultaba esa parte de su boca.
-Oíme, Gésus, Victoria...
-Se fueron al rato que vos... cosas que hacer, creo, no entendí muy bien porque Victoria gritaba chocha y Gésus puteaba que daba calambre, pero... levantaron los mensajes de la máquina contestadora desde acá, parece que quieren a Gésus en una cadena de televisión para hacerle un reportaje que va a ser transmitido a todo el mundo...
-Puta!
-Lo mismo dijo Gésus pero en otro tono por supuesto.
-Perdón... qué Gésus?... Acrata Kalón?... el presidente de la República?...
-Cómo debe estar el loco ese!
-... el presidente de la República!
-Ni te cuento las cosas que decía... espantó a la mitad de la gente y después me pidió disculpas y se fue, puteando bajito...
-Gésus, lo conocen?... en serio lo conocen... porque es él... no?
-Y Victoria...
-Y Victoria quién es?
-Chocha...
-Chocha?
-Por qué chocha?
-Sí, por qué chocha?- Colifa miró a Fernando y después a Anselmo, los vio haciendo preguntas y por encima de sus labios en forma de bigotes restos de jugo rojo de vegetales y hortalizas. Colifa sonrió, los señaló a ambos se dio media vuelta y se fue. Anselmo se lo quedó mirando seriamente mientras Fernando respiraba agitado.
-Por qué mierda estás respirando así...
-Así cómo?
-Nada me pareció que estabas agitado.
-Por qué mierda voy a estar agitado si estamos sentados?
-Fue solo una apreciación- dijo Anselmo sonriendo.
-Espero...- Fernando dejó escapar su mirada por la ventana.
-Tu hermana se va a quedar ahí, en esa casa?
-Qué tiene de malo ..."esa casa"...?
-Acaso no te diste cuenta de lo raros que son sus habitantes?
-Por Esperanza y Elbéstides decís...
-Sí, bah! sumándolos a ustedes... vos sabés que yo no tenía ni idea que Lucero era la hermana de Gustavo y que vos... También!
-Cómo te enteraste?
-Qué vos eras me lo dijo él... me dio un par de direcciones en un papelito y me dijo que te busque por acá...
-Buscaste mucho?
-No... en sí creo que la suerte me acompañó, estabas en el primer lugar a donde fui y allí averigüé que Lucero también es hermana.
-Uau, suerte en serio!- la curiosidad picó la parte interna del oído de Fernando- Tenés el papelito con las direcciones?
-Creo que no...- Anselmo sabía que tenía el papel en el bolsillo, pero desde hoy a la mañana que lo de ese tipo del auto le preocupaba; desconfiaba más que de costumbre en Gustavo y además, todo alrededor olía a carroña de rata. De qué lado estaría Fernando si es que realmente estaba de algún lado... para qué querría Fernando el papel? Anselmo llevó su mano hasta el bolsillo y allí la removió como buscando algo.
-No... sabés qué... no lo tengo... pero sé dónde lo dejé así que, en todo caso después te lo paso...
-No, está bien. Sólo quería saber... saber algo ahora, está bien...- tomó más jugo y miró hacia afuera-... Hace mucho que me buscás?
-No realmente...- miró también hacia afuera pero para el otro lado.
-Qué fue eso del pibe que venía...- Fernando dibujaba círculos en el aire como explicando o bien si se prefiere gesticulando. Anselmo pitó su cigarro y lo apagó en el cenicero. Una música tranquila coqueteaba por los rincones del bar.
-Leíste ese libro?
-Por qué?
-Qué?
-Cambiás de tema como de calzones... Qué buscás?
-No sé...- Fernando se recostó sobre el respaldo de la silla y suspiró.
-Ey!- chasqueó los dedos Anselmo un par de veces llamando así su atención- le hace mal a la silla...
-Uh! Es verdad., perdón- dijo Fernando sentándose como la gente se sienta o como Dios manda..." cada quien elija la forma correcta de sentarse"... pensó entonces Gésus que entraba al bar en silencio viendo a Anselmo con un joven acompañante. Se acercó a la barra saludando a Colifa que sonreía, le hizo una seña con la cabeza, la cual fue respuesta, con otra sonrisa.
-Es el chiquilín que les conté el día del pool...
-Y qué hace?
-Qué só' policía?- Gésus sonrió disculpándose.
-Dame uno rosado y vamos a conocer a tu novio...- sonrió más entonces.
-Idiota- rió Colifa con dos jugos, uno de pomelo el otro de albicorques. Llegaron a la mesa y se sentaron todos juntos.
-Usted es el loco!- señaló Fernando apenas lo vio a Gésus que sonrió complacido.
-Sí... tanto gusto... usted qué clase de imbécil es?
-Bussiness o primera (Cómo si los imbéciles volasen, comentó alguno) todo depende de mis ganas, usted?- sonrió de costado agradeciendo la sutileza.
-No; yo no soy imbécil... yo soy el loco- lo miró por el rabillo y en ambas miradas unas estrellitas brillaron cómplices en un cielo profundamente oscuro. Anselmo rió apenas y Colifa se posaba los brazos sobre la panza y reía suave. Miraban con afecto al muchacho.
-Perdonen chicos- dijo Anselmo mientras se ponía de pie- Espero no les moleste, a vos te dejo las llaves de lo de tu hermano... tomá.- se las arrojó- Vuelvo más tarde... chau!...- se dio media vuelta y al hacer un par de metros, rehizo su camino caminando marcha atrás hasta llegar al lado izquierdo de Acrata Kalón, su amigo. Hizo como una reverencia a su lado. Susurró un susurro, se escuchó la respuesta.
-Algo así... sí, sí... algo así.
-No lo cuentes hasta que vuelva por favor...
-Qué cosa?- preguntó Colifa.
-Lo del reportaje.
-Sí, claro... colgate de ésta y hacé piruetas.- Anselmo comenzó a reír mientras Fernando los miraba con cara de loco, Gésus en vez sonreía chocho.
-De dónde sacaste eso?
-Yo que sé... la calle, algún cliente?
-Tal vez un abogado que se volvió loco el día en que le prestó el auto al hijo y un amigo del mismo se lo hizo acordeón contra un taxi, por ejemplo.
-Por qué no? eso suele causar traumas a la gente...
-Y más a los que están en eso de las leyes...
-Sí, esos son los peores, son capaces de decir frases como esas...
-Y peores aún!- levantó el índice indicando.
-Ajá!- asintió el resto como si el tema fuese importante en serio.
-Bueno- soltó el silencio Anselmo- me voy, después me contás...
-Nos juntamos hoy?
-Qué sé yo...
-Yo qué sé...
-Sé que yo...- dijo Fernando mirando por la ventana mientras Anselmo chau se iba- no entiendo qué está pasando en mi vida.- terminó de decir en un tono casi retórico. Anselmo y Colifa intercambiaron miradas.
-Perdón, el tonito...
-Qué?- replicó Fernando confundido.
-Tu tono de voz es confuso, parece que hablás solo pero con nosotros.
-Qué bien! Y?
-Qué si necesitás algo, hablá como una persona normal y no andes por ahí arrojando indirectas que no llegan a nada.
-Qué te pasa?- peguntó Colifa desde el nivel del mar.
-La verdad es que tienen razón... Mi vida se volvió un quilombo desde el otro día en que...- Fernando les empezó a contar sus días desde la primera fatalidad. Gésus y Colifa se dispusieron a escuchar. Viera uno, y mejor si pudiera saber cómo es que Fernando caía ante la gente. Fernando tenía una especie de algo; algunos lo llaman carisma, otros espíritu, otros quién sabe. Gésus y Colifa se sentían encantados por la historia que Fernando les narraba.

Hizo un silencio en su mente y exhaló todo el humo de su cigarro. Revisó de nuevo la numeración en la pared, se aseguró que la calle sea la misma que la del papelito. Número y calle coincidieron. Tocó el timbre un par de veces.
Una mujer con los ojos color esmeralda abrió la puerta y desde la más alta de sus clases espió a Anselmo desde lo alto de su nariz.
-Qué?- le preguntó secamente.
-Perdón... Lo busco al señor Fernando...
-Usted acaso no es Anselmo... Anselmo...- dijo la mujer tratando de recordar.
-Anselmo está bien señora...
-Llorente, Malicia Llorente...- incrustó sus esmeraldas en los ojos de Anselmo que se enfriaron como daga por las dudas... algo no estaba bien.
-Cómo le va?- dijo extendiendo su mano.
-Pero... pase, por favor adelante, no sabe que honor es para mí conocerlo... Disculpe el desorden. Me quedé sin servicio doméstico...
-Si, en éstas épocas es difícil encontrar gente confiable.
-Ni que lo diga... pero bien; usted venía por otra cosa no es así?
-Sí, lo buscaba al señor Fernando Llorente...
-Lamento ser indiscreta, pero bien sabe que mi deber de madre es desvelarme por mis hijos...- dijo Malicia con lastimera voz mientras con congojas en el rostro se tomaba el pecho compungida.- por qué lo busca?
-Bueno realmente...- unos gemidos extraños bajaron desde la planta superior hasta allí abajo, Anselmo hizo un silencio sospechoso mirando para ambos lados lentamente, Malicia hizo un gesto de distracción y entrelazó los dedos de ambas manos.
-Bueno...- le dijo-... para qué lo busca?- otro gemido bajó torpemente las escaleras, trastabilló, y cayó sobre la alfombra de bienvenida haciendo plaf! se sabe.- disculpe... ya vuelvo... quiere un té o algo?
-Café... por favor, un café.
-Todo el mundo quiere café hoy, qué les pasa a todos?... allí, del lado derecho del teléfono, hay un número que corresponde a la panadería de la esquina, llame y pida de tomar lo que quiera, por mí parte no deseo nada... Ah! no olvide decir que lo pongan en la cuenta de los Llorente por favor...- Malicia desapareció escalera arriba. Anselmo se quedó viendo fijo a la nada dejada por Malicia subiendo llevándose sus palabras. Anselmo se preguntaba qué coño había dicho esa mujer.
-Qué te pasa carajo!
-Mñnhmñnh!- respondía Elea acostada, atada de pies y manos y como si ésto fuera poco y por el mismo precio, amordazada.
-Qué?- le sacó la mordaza de un tirón.
-Aouch! bruta!
-Puta!?!?
-Bruta, bruta, qué tipo de persona pensás que soy, una vulgar soecista!?
-La inventaste recién, no?
-Puede ser que exista!, está bien...- aseguró Elea a medio enojar- podrá ser un invento pero no está mal...
-Se confundiría con sexista.
-Lo mismo da! Qué chillás?
-Estoy aburrida, poné el canal pornográfico por lo menos.- Malicia resopló y sacudió la cabeza de un lado a otro, meneándola, dudó por un segundo pero cuando se puso de pie para salir de la habitación hizo una escala por el botón de encendido de la televisión y lo apretó. Esta se prendió automáticamente en dicho canal.
-Ah... vos también lo ves... Picarona!- dijo Elea en voz alta antes que Malicia la amordace de nuevo y baje una vez que hubiese culminado.
La casa parecía una casa normal, de familia espléndidamente acomodada ya que es la que acomoda ..."El que parte y comparte se queda con la mejor parte"... decía una tía abuela de los chicos, joder! Todo parecía en orden, hasta esa Malicia de la cual tan mal Gustavo le había hablado en el reformatorio, no parecía ser tan ogra como se la habían pintado. Igualmente no tuvo tiempo para hacer y sacar muchas conjeturas más... Malicia elegante como Lucero bajaba la escalera con su mano suavemente posada sobre la balaustrada prolijamente lustrada. La lengua se le trabó por un segundo, sonrió elegante y dijo:
-Y encontró algo que lo inculpe?
-A él?
-No... a mí!
-No sé de qué me habla.- Malicia lo miró más fijo, los ojos se le secaron y una especie de láser color esmeralda escudriñaba dentro del alma de Anselmo, que con su mirada de nada, hacia equivocar los caminos que Malicia usase para encontrarlo veramente.
-Parece policía...- le dijo ella.
-Nada más lejos de la verdad he escuchado el día de hoy...
-Por qué?... Acaso usted es mafioso?
-Mafioso, mafioso... soy un empresario, en estas épocas la mafia...- decía Anselmo mientras se sentaba. Malicia lo miró fijo a los ojos. Por Dios! si esa mujer hubiera tenido dagas o cuchillas en sus manos en este momento de seguro se las clavaría a Anselmo en el pecho... Secarse la estaba volviendo loca y ella no se daba ni cuenta fijate vos.
-Qué viene a hacer acá entonces?- entonces amenazó.
-Pis!- dijo poniéndose de pie-... dónde está el baño?- Malicia se puso de pie ante él tratando de no clavarle las uñas. Había algo que se lo impedía y vagamente sospechaba que podía ser. Señaló debajo de la escalera donde había una puerta. Anselmo siguió el camino surcado en el aire por el índice de Malicia hasta llegar hasta esa puerta, sintió un escalofrío que le recorría la espina de arriba abajo, abrió la puerta y un inodoro sonriente con la boca abierta lo esperaba impaciente sentado en el piso, gracias a dios, lo esperaba en el piso. Anselmo entró en un silencio y sintió un click de cerradura y unos pasos que ascendían por la escalera que pasaba por justo encima de su cabeza. Hizo su menester, sacudió todo sobrante de líquido en sus manos después de enjabonarlas y enjuagarlas, más luego secó sus manos con una toalla y se miró fijo en su reflejo. Giró el picaporte de la puerta lentamente y como había escuchado estaba cerrada trabada por fuera. Vieja de ostias! Había resultado rápida. Se sentó en el inodoro mientras esperaba dibujando en el papel higiénico.
Unos gemidos de mujer comenzaron a escucharse desde la ventilación del baño, sabe dios de donde podían provenir esos gemidos. Gemidos placenterosos llenos de concuspinscencia indecente y brava lujuria poco timorata.
-Caramba!- exclamó entonces Anselmo al distinguir la voz de Malicia entre los gemidos.
-Qué querés que haga ahora?- preguntó Malicia a Elea que se retorcía en la cama.
-Desatame, desatame.- rogaba encendida Elea mientras lívida vivía las escenas del televisor.- por favor desátame las manos!
-No te pienso desatar, conformate con eso por ahora, no con más... Sos una vieja calentona!
-Sí, tratame mal! Qué tiene de malo? desátame las manos o exploto- gimió en un grito Elea. Anselmo había dejado los dibujitos para quedar incómodo y con la lengua afuera echándose agua fría encima, por dios que entre los gemidos y esas palabras a Anselmo se le habían volado los pajaritos. La puerta del baño se abrió y Lucero entró sin mirar cerrando la puerta.
-Lucero!- exclamó Anselmo aún con la lengua afuera.
-Anselmo por Dios! qué estás haciendo acá? No te quiero ver, ya te lo dije hoy a la mañana...
-Esperá piba, quién sos?- sofrenó la situación Anselmo.
-Qué me vas a decir... que no sos Anselmo que sos su hermano.?
-No. Soy Anselmo pero ni en chiste vine a saber nada de vos... Quién te crees que sos chiquilina?- Lucero puso puchero y sonrió.
-Qué no te interesan saber cosas sobre mí?
-Si vos no me las querés decir no, eso es tu asunto no tengo por qué meterme!
-Que hacés acá entonces?
-Eso es asunto mío, no te parece?- La traba del baño volvió a sonar.
-Tu mamá acaba de cerrar la puerta de nuevo.
-Qué decís?- dijo Lucero confundida mirándole los labios ya con ganas.
-Tu madre cerró la puerta de nuevo...- explicó. Lucero cayó en la realidad.
-Cómo qué mamá cerró la puerta... y además de nuevo?-
-Sí... Cerró. Estábamos hablando lo más bien, le pregunté por el baño ella me indicó, vine hasta acá, giró la perilla lo trabó, subió las escaleras y no sé qué cosa rara hizo entonces.- dijo rápido y bajito cosa que nadie se interese.
-Ah! Claro...- Lucero calló un segundo y pensó, mientras que a Anselmo le caía una gota de sudor trémula pensante causada por el miedo en que ella le pregunte por qué él había dicho eso de ¨cosas raras¨. Se sintió como matrona de barrio pobre. Lucero lo miró con los ojos encendidos como teniendo una idea en base a una pregunta. Anselmo no podía sostener su vista en la de ella. Lucero sonrío grande y lindo.
-Contame grandote... que pasó mientras estabas sólo acá adentro?
-Nada que yo haya escuchado...- dijo nervioso.
-Escuchado?
-Es una forma de decir, yo que sé... ésto es un baño no? qué se puede hacer adentro de un baño? Pipí, popo, dibujar en el papel higiénico, contar azulejos y o cerámicas, lavarse las manos, los dientes, la cara, escuchar... todo...
-Y no te gustaría escuchar gemidos...- le preguntó coqueta Lucero con voz de gata ronroneante en celo acercándosele.
-No... jamás!- levantó la voz Anselmo volcándose sobre el lavamanos, nervioso. Lucero se le apretaba tratando de aparearlo, él aparentaba que nada pasaba ni había pasado, pero aún en sus oídos, los gemidos y palabras que venían por la ventilación le recordaban más cosas que el abajo de la cintura. Tenía algo que le determinaba no sólo una forma de vida, si no también, un modo de actuar y varios de ser. Anselmo gimió en un suspiro, dio media vuelta, tomó a la hermosa y caliente Lucero por la cintura y la besó devastando en ese beso a toda la pasión que por allí diese vuelta, en un dejo de valentía venció a la temperatura alejándola entonces de su cuerpo.
-Qué hacés?- preguntó ella.
-Tu madre está allí afuera y no me gustaría que la cosa se confunda...
Lucero lo miró seriamente.
-Vos y yo tenemos muchas cosas que hablar...
-No todavía, pero te prometo que lo vamos a hacer.
-Qué vamos a hacer?
-Hablar, claro...
-Bueno también pero... Cuándo?- apuró.
-Dejame salir sin que tu madre nos vea juntos, me despido, me voy te encuentro te acuesto y te cuento, mientras tanto tenés que cuidarte...- Anselmo la tomó con sus dos palmas por los cachetes asiéndola con seguridad, con la fuerza justa y necesaria para sentirse contenida y a la vez libre dulce paloma.
-Vos también te diste cuenta que la cosa está rara no...- transformó en pregunta el no Lucero tan sólo modificando apenas su tono de voz. Anselmo la miró secamente sin mentir, sin aseverar, la miró -... Cuidarme... No sé por qué creo que el que va a tener que cuidarse en serio sos vos... No quiero esperar mucho para volver a verte, además no entiendo qué es lo que hacés vos con Gustavo.
-Negocios.
-Cómo sea, sé que no me vas a decir la verdad hasta dentro de un tiempo si es que tenés los ímpetus bien puestos, mientras tanto teneme al tanto de lo que vayas averiguando de Gustavo, ah!...- hizo una pausa- guay de que a Fernando le falte un pelo al final de la tormenta...
-Vos también olés la tierra húmeda...
-Creo estar parada sobre lodo.- Anselmo negó con la cabeza como peleando con su alma. -Qué...- suspiró ella viéndolo con ojos llenos.
-No sé si confiar en vos.
-Qué te lo diga el tiempo entonces.- Anselmo golpeó la puerta del baño y Malicia se acercó del otro lado.
-Qué? Agradable jovenzuelo!- Lucero lo miró a Anselmo con cara rara.
-Agradable jovenzuelo?- susurró sorprendida mientras con su índice golpeaba su sien. Anselmo se encogió de hombros.
-Disculpe señora me quedé encerrado por torpeza mía y no puedo salir. Será que tal vez, del lado de afuera, haya una traba que destrabe la puerta trabada?- se sintió medio tarado al terminar de hablar.
-Es posible... Será ésta?- dijo falsamente girando el pomo de la puerta.
-No, ése es el pomo... fíjese debajo del mismo.
-Aquí está!- exclamó con falsa felicidad. Anselmo salió del baño cerrando la puerta tras de su espalda que se apoyaba en la misma ocultando a Lucero. Malicia lo miró sorprendida. Anselmo se ruborizó y en un susurro se disculpó.
-La ventilación.- señaló al techo- debe estar tapada o algo así.- Malicia contestó poniendo cara de asquito y desprecio pero tan sólo por la situación ya que ella ya había entendido que este tal Anselmo Blablábla podría llegar a ser un gran aliado contra Gustavo.- Bueno...- continuó- debo irme... escuché que tiene un par de asuntos pendientes allá arriba.
-No, pero... por favor; quédese un rato más...
-No en serio, gracias...
-Y lo que quería saber?
-Ya habrá otra ocasión.
-Ya lo creo...- dijo Malicia- ya lo creo...- Acompañó Malicia a Anselmo hasta la vasta puerta que separa el afuera del adentro, al hola del adiós. Al cerrarse esa puerta Anselmo sacó el papelito de su bolsillo y tan sólo quedaba una dirección que se le hacía, no se sabe por qué... un tanto conocida.
Poco a poco iba atardeciendo y Anselmo hace rato esperaba afuera de la otra dirección que quedaba anotada en el papel. Parapetado tras un buzón no por muchas horas. Hasta que al fin llegó ella y la reconoció, esa mujer... esa mujer llegaba fumando con sus dedos y uñas sensualmente femeninos... de andar suave, sutil. Atractiva como las aguas de la mar, como las alturas, como el vértigo, como el poder, como el fuego. Indudablemente era la zorra que tenía a Gustavo por los cojones tomado con esa barbárica, simplista y crédula historia sobre el amor desbocado y aberrante. Barata historia. Qué tendría que ver ella en todo éste entuerto? Qué pasaba con Fernando mientras tanto? Algo raro se había estado gestando y todavía los cabos sueltos que tenía no lo ayudaban ni a llegar a sargento. Fernando tendría la respuesta. Seguramente no, seguramente el mismo Fernando fuese tan sólo otro peón de este raro juego que se estaba gestando. Algo olía mal y era más grande de lo que nadie imaginaba. No podía determinar bien que era lo que pasaba pero harto seguro estaba que las cosas se le podían ir de las manos si no estaba preparado a no sorprenderse pase lo que pase. Su agudo instinto le llevaba a confiar en Lucero y hasta en Fernando un poco más pese a recién haberle conocido, pero claro que no sólo el instinto hace que el hombre sobreviva, sino que también la inteligencia, y por eso tomaba por ahora esa distancia prudencial de ambos hermanos. No podía decidir, no quería; prefería esperar y que el tiempo baraje y reparta respuestas y absolutos... Mientras tanto él trataría de remontar la ola y cuidar de él y de los suyos. Llegó al bar de su amigo entrada la noche y aquellos tres estaban hablando como chanchos. Se acercó a la mesa y cortésmente les sonrió.
-Qué cara! Cómo estás?
-No muy bien, fue un día largo.
-Qué estuviste haciendo?
-Dando vueltas!
-Desde que te fuiste?- se sorprendió Gésus.
-Sí- le dijo Anselmo tratando de ocultar su verdadero tono de voz.
-Por qué no vas a la oficina y descansás un poco?
-No estoy cansado...- suspiró embotado.
-Da lo mismo. Vas aunque no quieras carajo! Mirá la cara de mierda que tenés... Andá a la oficina!- bramó Fernando. Gésus, Anselmo y Colifa miraron riendo a Fernando que parecía ser que las palabras le escapaban por la lengua después de muchos jugos de verduras y hortalizas.
-Se te fermentaron las cosas en el estómago que ya decís boludeces!
-El tono no?- preguntó Fernando pidiendo perdón con sutil gesto.
-Y un poquito exagerado.
-Exacerbado más bien diría yo.
-Oh sí, sí! Exacerbado qué fino!- palmas sonaban festejantes.
-Perdón... se me fue del alma!
-No importa...- le sonrió Anselmo... en sí, esas salidas les caían bien a los muchachos-... tal vez tengas razón. Le voy a dar al ojo.
Anselmo pasó atrás de la barra lo saludó a Héctor y después de hablar con él breve pero amablemente se adentró en la oficina, se sentó en la silla y puso los dos pies sobre el escritorio de Colifa, sacó del barcito un vaso y lo llenó con whisky. Cerró los ojos tirando la cabeza hacia atrás posándola apenas. Prendió un cigarro viendo a Nosferatu que se acercaba silencioso y lisiado como siempre. Lo tomó entre sus manos y con el índice de una mano y el pulgar de la otra comenzó a acariciarle la cabeza por arriba y por abajo. Sacó los pies del lomo del escritorio y los posó sobre un posapiés que Colifa se había inventado. Le dio la espalda a la puerta, por primera vez en el día se sentía seguro. Cerró los ojos y comenzó a pensar en voz alta, complaciendo sin saberlo, al placer de Nosferatu.

XXIV

-Te vas?
-Sí. Recordé que tenía cosas por hacer...
-Volvés?
-Vuelvo con el médico o antes, todo depende en como vengan los santos marchando.- Lucero tomó de a una todas las cosas que no llevaba encima pero que sí llevaría. Besó a Esperanza en la frente y a Elbéstides le pellizcó el cachete.- Vos grandote ocupate de cuidarla mucho... lo demás dejalo por mi lado.- Elbéstides sonrió como suele hacerlo en ciertas ocasiones. Lucero atravesó la puerta y desapareció de las miradas protectoras de Elbéstides y Esperanza que entrelazadas y temerosas se miraban en ese momento. En los ojos de Esperanza un algo nacía y Elbéstides lo miraba mitad asustado, mitad culposo.
-Oso...- susurró ella por supuesto.
-Ehhhmmm...- preguntó sin ganas.
-Me tenés que prometer algo.
-Qué...- Esperanza titubeó ante tan fácil entrega.
-Necesito que...- se puso de pie se tomó una mano con la otra y se las refregó- que... que me prometas... que...
-Qué- siguió aburrido jugando con sus dedos y unas hojas de diario.
-Necesito que me prometas que cuando no puedas hacer nada por mí, los ayudes a Fernando y a Lucero y hagas con ellos lo lindo que hacés por mí ahora...- Esperanza contuvo la lágrima y asomó una tibia sonrisa en su lugar.
-Por qué lo decís chiquita? La ampolla no?
-No que va...
-No me jodas Esperanza que ésto me pone de mal humor... qué dijo el doctor?
-No dijo nada... yo lo digo por las dudas nada más.- Elbéstides salió a la calle y volvió a entrar a la casa prefabricada, mascaba odio, rencor, miedo, todo junto. Entraba y salía de la casa revoleando sus enormes y colosales brazos de acá para allá, levantando significativas brisas de vientos cruzados que hacían estrellarse a más de un pajarito contra otro. Esperanza lo siguió, lo tomó del brazo y se quedó caminando en el lugar tratando de dirigirse hacia su hogar pero claro... semejante lastre! Quién creería que ante semejante montaña Esperanza podría tan sólo apenas mosquearle. Elbéstides caprichoso la vio a Esperanza haciendo el vano esfuerzo (porque Elbéstides sabía que ese esfuerzo era en vano); sabía que la tibia Esperanza ni a los garrotazos podría llevarlo a ningún lado; aunque claro, en su calidad de mujer, Esperanza, también lo sabía, pero necesitaba descargarse todas las tensiones. Elbéstides bostezó largo y profundo tapándose educadamente la boca con la mano donde la tibia Esperanza antes tiraba y ahora colgaba roja de sudor y jadeante de cansancio y sed. Así de pesca y como trofeo la engatusó frente a sus ojos.
-Estás mejor ahora?
-Qué dijo el doctor?- preguntó paciente.
-Dijo que tengo una menenferilo en la claustrina y que si no hago el amor cada veinte minutos puedo llegar a explotar en cualquier segundo.
-Me estás mintiendo no?
-No...- susurró indecentemente coqueta.
-Y si es cada veinte minutos por qué no explotaste todavía?
-El doctor dijo que empezaría a partir de...- miró el sol como si supiese fijarse allí la hora, calculó rápidamente con tres de sus dedos subiéndolos y bajándolos alternativamente-... quince minutos atrás más o menos!- dijo en un grito. Lo tomó de la mano y corriendo se lo llevó no tan solo a la casa sino que también al dormitorio y a la cama. Esperanza sabía que por más que Elbéstides supiese que ella no reventaría, no se enojaría por esta mentirita que entre los dos disfrutaban con placer sabrosón.
En sí y en cierta forma, Lucero se empezaba a arrepentir de haber salido así de la casita prefabricada, al doblar en la esquina, sintió un poco de miedo al ver que un par de vagos se disponían a seguirla. Escuchó un par de gritos y los hombres aterrorizados salieron corriendo presos del pánico que el que gritaba esos alaridos les causaba. Lucero se sorprendió al ver a esos salir corriendo y se volvió para la esquina. La curiosidad la obligaba a saber de quién eran esos gritos realmente temibles. Asomó la mitad de la cara hasta que al fin un ojo pudo espiar a Elbéstides gritando en medio de la calle atrapado del brazo por Esperanza que con gran esfuerzo, caminaba en el lugar. Lucero sonrió contenta sabiendo que todo ahí estaba bajo control y que tan sólo un par de golpes y citar cierta amistad con aquella bestia serviría para que la dejen en paz llegado el caso. Llegó hasta la avenida que cruza la zona baja del norte y con un bus que pasa de vez en cuando, se acercó un poco más al centro de la capital de la República.
Bajó del bus y miró para ambos lados buscando dónde coños ir, sabía que debía tomar un camino pero no sabía cuál. Comenzó a acomodar las sus ideas.
Le molestó verlo a Anselmo, y realmente... había sido por eso que se había ido a las corridas a lo de Esperanza. Quiso tontamente seguirlos, salir a pensar, algo... necesitaba y sabía de sus necesidades. Necesitaba un poco de aire nuevo. Acomodó todas sus ideas prolijamente en unos de esos lugares próximos al consciente, se sentó en un banco de una plaza que encontró de casualidad. Miró a su alrededor contemplando al mundo y a sus habitantes, la cara de Fernando se le apareció riendo, ella se sintió feliz. Se distrajo por un rato viendo a un chico que subía las escaleras de un tobogán y se deslizaba por el mismo sonriendo sonoramente y allí abajo de aquel abismo, un padre que lo contenía entre un par de besos y un gran abrazo. Se apareció frente a sus ojos la imagen de Anselmo riendo. Primero se enojó, como era posible que él llegase hasta allí, no para buscarla a ella; si no al otro, al hermanito. Lucero ya había venido juntando ganas desde la noche anterior de pasar un grato rato con él. Un rayo sin luz iluminó su cerebro; ya era la segunda vez que Gustavo sin comerla ni beberla pero Gustavo igual, le había cortado las expectativas con Anselmo. Volvió a jurarle silenciosa ser su conciencia.
Pero si Anselmo trabaja con Gustavo por qué ninguno de los dos no le habría dicho nada?
Un magalíclaro remontó vuelo rápidamente escapando de furtivo cascotazo que un niño atorrante le había tirado. Lucero se los quedó viendo con una sonrisa divertida y distraída.
-Carlitos, Ablanedo, vamos que ya volvemos!- gritó una anciana en otro idioma, en otro canto. Lucero la miró sonriendo aún más grande. Era una linda viejita, los dos niños se le abalanzaron encima; uno con un montón de piedras en los bolsillos, el otro con sangre en las rodillas y en las manos. La abuelita los miró sonriendo y a cada uno les proporcionó un certero chicotazo en la nuca. La cara de Gustavo se le apareció riendo y unas náuseas inmundas le abarcaron todos los interiores; quería vomitar, por dios que quería. Se sintió sola y desprotegida en aquel banco en aquella plaza, crucificó sus antebrazos en su pecho recogió su torso posándolo sobre los antebrazos, que estaban ya sobre sus piernas, lloraba silente, lloraba para sus adentros, allí recogida sin nadie con quien compartirlo. Se sintió niña llorando, niña como lo fue parte de su niñez. En posición fetal llorando a moco tendido a la sombra de aquel supuesto gran hombre que había resultado ser papá Llorente. La ira le invadió el pecho sabiéndose temerosa en su presente de su futuro, por culpa, causa y efecto de sus pocos cojones en el pasado. Sintió una fuerza que le llegaba desde algún rincón del alma. Se puso de pie como si al fin reventase; miró a su alrededor sintiéndose poderosa, inhaló unos cuantos litros de oxígeno por su nariz, y contempló el mundo que la rodeaba desde arriba de sus ojos.
Las cosas cambiarían y a ella le iría bien. Extendió los brazos abriéndolos para que el sol la abraze. Ya se sentía prevenida y con las fuerzas necesarias para que no la sorprendan y tenga entonces que rendirse o peor aún caerse. Gritó triunfal. Volvió al banco para recoger las cosas suyas que hasta allí había llevado pero algún oportunista aprovechó la situación para hacer del lastre de Lucero, lastre propio que tal vez y con suerte le ayude. Lucero rió sintiéndose estúpida y robada, estúpida por lo que pasó y robada por estúpida. No le quedaba ni un mísero centavo, ni un plástico, ni nada con que comerciar. Bueno, casi nada con que comerciar... se retractó en un silencio.
-Será cuestión de llegar desde acá a algún lugar de alguna forma- se dijo, se acercó a la vereda, vio pasar lo autos, vio pasar las gentes, vio pasar los taxis, pero nadie se daba cuenta que ella no pasaba, si no más bien que estaba esperando que alguien algo. Ni ella sabía bien que estaba esperando y si es que algo estaba esperando. Un auto oscuro se detuvo justo frente a ella cuando se sentaba en una piedra, un hombre fornido le sonreía desde el volante.
-Algún problema chiquilla?
-Me robaron. Me dejaron sin un centavo, no hace frío pero igual estoy lejos de casa.
-Hace mucho que estás sentada sobre esa piedra?
-No... un ratito, no más..- dijo conversando.
-Yo me pregunto...- Lucero sonrió sentada desde la piedra gentilmente-... yo la podría acercar?
-Sería un gusto.
-Y si llego a ser peligroso?
-Te atravieso este dedo hasta que te salga por la boca...- el hombre frunció el ceño-... imaginate vos desde dónde.- Al imaginarlo el hombre puso cara de chupar limón.
-Dale subí, si el peligro lo corro yo manejo tranquilo entonces...- Lucero subió sonriendo como coqueta gacela que solo ella sabe ser.
-Gracias -le dijo.
-No hay porque... eso sí, guiame porque no se dónde es que hay que ir...- Lucero despreocupada asintió con la cabeza. El viaje era cómodo y tranquilo. El hombre buscaba conversación continuamente; parecía el típico solitario de zonas poco urbanas que de vez en cuando van a la ciudad y hacen amigos de a montones y de a ratos. Gente que adora hablar aunque bien Lucero, (pese a toda su clase maniqueísta maquiavélica), no tenía tantas ganas de escuchar y/o hablar a/con nadie; exceptuándolo desde cuajo a Anselmo, claro está.
-En serio...- le dijo el tipo sacudiéndole suavemente del brazo sacándola entonces brutalmente de sus pensamientos.
-Perdón...- dijo al reaccionar.
-Qué está todo complicado acá en esta ciudad, ayer le sacaron los ojos a un tipo y hoy por la mañana mataron a una mujer de un balazo en la cabeza cuando le robaban en el auto.
-Ayer en la fiesta?
-No que va! La mujer hoy por la mañana y el de los ojos antes de ¨la fiesta¨, así como usted le llama.- Lucero asintió con la cabeza sin prestar demasiada atención a la conversa que allí adentro ya casi ni valía la pena mantener viva.
-Aquí es!- dijo Lucero bajando una esquina antes. El hombre quedó estacionado en ese lugar hasta que el semáforo con luz verde le permitió avanzar. Desapareció dejando una estela de humo. Lucero comenzó a sentir ciertas ganas de liquidar un asunto renal que la acosaba y acompañando a esas ganas, un suave calorcito que le subía irrespetuoso y sin permiso; no entendía por qué esas necesidades físicas a veces vienen juntas. Esas ganas calientes que seguían aumentando sensualmente en tortura vejiga. Debería ser el polen o bien la proximidad de la primavera o la altura del mes; el día del mes era la más segura de las explicaciones. Cómo degustaría a Anselmo si lo veía y atrapaba en ese momento, con qué paladar lo saborearía poco a poco, lentamente. Llegó a su enorme casa y por no tener llaves entró por la puerta trasera.
Pensó en lo primordial, solucionar los asuntos de a uno y en orden; por lo tanto sin pensarlo, atravesó la cocina, otra puerta, el pasillo, llegó a la sala y destrabando la puerta se metió en el baño sin mirar adentro. Al cerrarla una sorpresa llamada Anselmo esperaba allí dentro. Qué ganas de besarlo le dieron al verlo sentado con la lengua afuera y mojado en ciertas partes con agua fría, quiso besarlo, sodomizarlo, excitarlo y llevarlo hasta el punto en que el hombre hubiese preferido ser puré. El estaba algo raro y nervioso, y ella, sólo quería jugar un rato, pero él se negaba a darle a entender que él por ella se preocupaba. Anselmo puso excusas raras y nerviosamente escapó del baño. Lucero había escuchado hablar a su madre y entonces sí supo que las rarezas florecían por doquier y que eso no era simplemente idea de ella. Se sentó en el inodoro después de haber corrido de lugar los elementos que le impedían poder hacer su necesidad rápida y directamente, sentada, confinada en su menester, se ahondó en la situación cerrando los ojos y apoyando la espalda contra la primer tapa levantada, que se afirmaba en la pared. Escuchó en silencio que la puerta principal se cerraba y que los pasos pesados de Malicia subían por la escalera. La puerta de un cuarto se abrió arriba y unos féminos gemidos la sorprendieron. Se puso de pie y decente después de haberse secado; salió y subió la escalera despacito. Qué le pasaría Anselmo? Por qué había estado así y qué tanto sabía de todas esas cosas que dijo?. Llegó a la puerta de su habitación y del cuarto de su madre unos ruidos raros escapaban. Se acercó discreta y posó la oreja en la puerta, tal vez para escuchar o tal vez para chusmear.
-Mirá yo no sé qué te pasa.
-Mñnmñn!- se escuchaba.
-Cómo quieras- bramó Malicia.- pero no te pienso desatar!- gritó furiosa. Los gemidos se empezaron a escuchar cada vez más y más fuerte. Lucero rió tímida y sonrojada.
-Mirala vos a mamá Llorente- se dijo a sí misma.- mirala vos...
La puerta se abrió frente a Lucero y toda Malicia se le apareció adelante.
-Ah!- ambas gritaron al asustarse por encontrarse de frente inesperadamente.
-Qué hacés acá?- seca Malicia aún tomándose el pecho.
-Vivo acá ma...
-Madre o Malicia.
-Cómo quieras... que está pasando?
-Es tu tía Elea...
-Qué le pasa?
-Está atada en mi cama.
-Por Dios, me parece que es demasiado, qué pudo haber hecho la tía Elea para que la ates a la cama?- Malicia la miró.
-Al principio la até a la cama porque me estaba volviendo loca te juro, diciéndome cosas, aconsejándome, así que le pegué en la cabeza, la metí en la cama, le até las manos, las piernas y la amordacé, y después...- hizo una pausa pensativa...
-Y después?
-Después se puso a gemir y justo había un hombre abajo... un tal Anselmo... Anselmo... es curioso, no recuerdo su apellido.
-Qué, te lo dijo?- indagó Lucero sin querer demostrar mucho interés.
-No, es más... hizo como si eso no importara, no es raro?
-Da lo mismo sinceramente. Con la tía qué pasó entonces?
-Se puso a gemir.
-Qué- rió agraciada Lucero.
-Sí, se puso a gemir como una descosida. Subí, me dijo que estaba aburrida y que le ponga en la televisión el canal pornográfico...
-Lo hiciste?- sorprendido Lucero que a la media noche iluminaste.
-Claro que sí, ya que la tenía como rehén que otra cosa podía hacer... en fin... La situación ahora está insostenible no quiere que cambie el canal, está roja como una manzana y lo único que pide es que le suelte las manos.
-La puedo ver?
-Estás loca! Yo tengo miedo que me salte encima y se empiece a frotar contra mi pierna.
-No te haría mal probar nuevas sensaciones.
-Para cosas nuevas estoy yo.- Lucero le vio la mirada a la madre y la madre le ocultó una sonrisa cálida bajo un manto frío de seriedad.- Dónde dormiste ayer?
-Quedamos en que yo no me metía en tus cosas y vos no te metías en las mías...
-Sí, sí...- ambas se quedaron calladas mirándose de frente la una a la otra, una situación incómoda decía buenas tardes y se sentaba entre ellas.
-Me voy a cambiar- dijo Lucero señalando a su habitación.
-Bañate primero.
-Obvio, qué te pensás que soy!?!?- Lucero se fue a bañar, terminó de hacerlo, se puso una bata de toalla y bajó hasta la sala donde se sentó en un sillón y escogió como lectura el diario del día.
Las noticias de primera plana nunca le llamaban la atención, pero esta vez la primera plana llamó la atención del mundo entero.
..." en una hermosa y fervorosa demostración de felicidad cívica, los habitantes de la República llenaron ayer el país de algarabía al decir que no al llamado de recapacitación de la O.M.N.. El antes vocero y ahora canciller de la O.M.N. declaró haberse sentido orgulloso por el pueblo de la República, ya que había demostrado una madurez óptima no sólo cívicamente sino que también socialmente. Es muy sano que no haya habido heridos, muertos, golpes o saqueos como en todos esos tipos de caos festivos como el que ayer atravesó por la noche los corazones que conforman a la República. Tal vez los habitantes de dicho país sean los únicos indicados para poder sostener la forma de gobierno la cual ya casi está elegida, declaró por último el ahora canciller.”...
Lucero sonrió de originalidad frente a la tapa del matutino, pese a que en los diarios de todo el mundo, las noticias se repiten como loro en calesita, por ésta única vez en la historia algo nuevo surgía. Hojeó el diario muy por encima, y sin darse cuenta siquiera, en el sillón de la sala se quedó dormida...
Sintió abrir los ojos y todo en la casa había cambiado de lugar y no sólo eso... no parecía ser la casa Llorente, pero igual se la sentía como tal. Esperanza entró corriendo desde la cocina y desapareció subiendo las escaleras. Lucero trató de decirle algo, de detenerla con alguna palabra certera pero de su boca ni un par de vocales lograban unirse con algunas consonantes coherentemente. Se puso de pie y corrió tras Esperanza escaleras arriba. Al llegar al piso superior, una larga galería repleta en sus márgenes de puertas cerradas y de Esperanza ni una sombra, ni una estela, ni un rastro, ni una huella. Solo el silencio reinaba en el pasillo, pero un silencio frágil que se quebrantaba por nada. Con pasos inseguros y un algo así como un pequeño miedo le acompañaba y crecía a medida que avanzaba cautelosa. Un chiflete de aire frío cruzó por el pasillo lamiéndole la espalda. Dio media vuelta y encontró una de las tantas puertas abiertas. Extendió su mano hacia la puerta y mágicamente ya estaba parada frente al vano de aquella puerta. Parecía la habitación de Malicia, así lo sentía Lucero. Sobre la cama la figura de la tía Elea atada retorciéndose de placer, un dorso al desnuda que aparentaba ser papá, a su costado, satisfacía de alguna forma, a doña Elea que lo miraba de frente y tan sólo le pedía que por favor le desate las manos. Lucero quedó muda, sorprendida. Apenas podía entender que aquel hombre desnudo y de espaldas sea su padre. La puerta se le cerró en la nariz y una luz y otro chiflete atacaron por otro flanco desguarnecido. Apareció frente a otra puerta en otro lugar del extenso pasillo. Marisa lloraba desesperada con Fernando que se desangraba entre sus brazos y su sangre se mezclaba con lágrimas Marisas y su alma desaparecía encaramándose junto a gritos de tristeza, dolor y algunos otros traumas más que suele causar la muerte de un ser amado. Quiso entrar en la habitación y una sombra que corría de adentro hacia afuera, pasó por ese lugar ocupado por Lucero. La empujó, la sombra se deshizo rápidamente de ella llevándosela por delante. Lucero salió despedida sin siquiera poder ver quién era aquella sombra. Volando cayendo de espaldas atravesó la puerta que tenía detrás de ella, cayó al piso y ya sobre una mesa de manos y pies atada, sin estar amordazada, el miedo la carcomía y tal vez por eso no podía gritar. Una puerta frente a ella se abrió. Lucero vio una figura acercarse a contra luz, solo parecía ser una sombra, una sombra silente. El cuarto estaba oscuro, tan sólo la luz que entraba por la puerta iluminaba algún algo. Una luz blanca intensa que no dejaba ver, que no dejaba distinguir los detalles, los ojos de Lucero llenos de miedo apenas podían ver. Cerró los ojos apretándolos con fuerza deseando que esto por favor tan sólo sea un sueño. Abrió los ojos y sonrió al encontrarse sentada con la boca seca en el sillón de la sala. Se tomó la cabeza y sonrió sin saber cómo reaccionar. El timbre de la puerta de entrada comenzó a sonar y se puso de pie tratando de pensar el por qué de su sueño. Llegó hasta la puerta y vaya sorpresa al abrirla. Un par de metros más allá de la entrada un auto oscuro esperaba, una auto que por algo le resultaba conocido. El hombre fornido que horas atrás la había acercado se apareció frente a sus ojos, se miraron pétreos; su boca aún sorprendida, había quedado abierta. El timbre seguía sonando bajo el índice de aquel hombre que la miraba fijo sonriendo con el dedo pegado al timbre. Unos gritos se empezaron a escuchar desde algún lugar fuera de la casa, Lucero se puso en puntas de pie y espió por sobre el hombro de aquel fornido hombre que seguía tocando el timbre pese a tener frente suyo la puerta abierta y a Lucero parada en ese vano que la puerta abierta forma con su marco. Anselmo venía corriendo como alma que trae el demonio, gritando desesperado algo que no se le entendía ni jota. Lucero lo vio a Anselmo y sonrió sintiéndose feliz de encontrarse con su pichoncito y contarle el horrible sueño que había conseguido tener. Trató entonces de salir corriendo hacia él y llegar hasta sus brazos donde depositaría tantas confianzas... pero no pudo, dos manos fuertes la tomaron por detrás de los antebrazos y la obligaron a darse vuelta y frente a sus ojos lo encontró a Gustavo que le sonreía. Escuchó un disparo detrás suyo y Gustavo ya se había desvanecido, sin más giró en otra media vuelta concluyendo la vuelta total y Anselmo bañado en sangre, muerto en el piso yacía. El timbre enloquecido seguía sonando, salió corriendo hacia Anselmo, llegó a él, se le echó encima llorando tratándolo de dar vuelta y ponerlo así frente a sus ojos, que no veían claro a través de tanta lágrima, de tanto dolor. El hombre fornido apareció frente suyo otra vez, llevaba en la punta de su índice derecho un timbre el cual enloquecido seguía sonando. La miró, lo miró a Anselmo, les sonrió a ambos extendiendo su mano hacia Lucero que seguía girando el cuerpo de Anselmo mirando a aquel fornido psicópata que no hacia más que extender su mano izquierda aún más hasta Lucero. Anselmo entre los brazos de Lucero no pudo ver el cielo al quedar boca arriba ya que además de muerto no tenía más su cálida mirada. Lucero cayó en un silencio viendo a aquel hombre fornido abrir su mano izquierda y allí sobre su palma dos ojos aún sangraban.
Se levantó en un golpe y el timbre seguía sonando, estaba en su casa, en su sala, en su sillón, con una taquicardia que Dios la pare si puede, respirando agitada sudando de frío y terror. Se acercó a la puerta y la abrió venciendo la cobardía. Una señora gorda acompañada de un muchacho esperaban tras la misma. Malicia bajaba las escaleras.
-Pero por qué tardan tanto en abrir la puerta, caramba!- se quejó entonces.
-Me quedé dormida... Quiénes son ustedes?- dijo Lucero consternada.
-Dejalos... es para mí, él es el chico de la panadería.- el muchacho pasó por al lado de Lucero mirándola conspicuamente.
-Buenas tardes señora esta es la mujer que me pidió.- dijo entonces el muchacho señalando a la anciana desde adentro hacia afuera. Malicia la miró con ojo clínico.
-Pase- ordenó.
-Bueno yo me voy a cambiar- dijo Lucero entonces.
-Yo me voy a trabajar entonces...- dijo el muchacho.
-Vos no te vayas y vos tomá tus cien- repartió el diálogo Malicia. Lucero tomó el medio billete de cien levantando el hombro como diciendo bueno que va! y el joven se dio media vuelta dispuesto a marcharse molesto consigo mismo, ya que él bien sabía que esa vieja amarreta no le iba a terminar de dar esos cien que le había prometido. Malicia puso cara de fastidio.
-Idiotas!- gritó furiosa, Lucero y el muchacho pararon en seco su huida. Malicia se acercó a Lucero arrebatándole el mezzo billete de las manos.- Vos sos la que te quedás.- con la segunda parte del pago en la mano se acercó hasta el muchacho, le dio el dinero y con la otra mano lo empujó hacia afuera.- Y vos... sos el que se va. Cualquier otra cosa que necesite o quiera... te llamo y te la pido.- El chico agradeció cortésmente y echó una última mirada a Lucero que un par de metros más allá vestida con una linda bata y el pelo aún mojado miraba sin mirar toda esta confusión confusa, tan sólo para ella. El muchacho se fue cerrando la puerta tras de sí. Malicia hizo una seña gentil con su brazo invitando a pasar a aquella anciana, la misma accedió y tomó asiento en el sillón dónde antes Lucero dormía intranquila a fuerza de malos sueños. Malicia se sentó y con una mirada invitó a que Lucero tomase posición en otro asiento que por allí había.
-No sé si sabés, mi chiquilla... que Esperanza ya no va a trabajar más en casa...- Malicia hizo una pausa.
-Por qué?
-No lo sé... le agarró un ataque y se fue...- Lucero la miró desconfiando y a Malicia le importó un bledo que Lucero desconfiara-... en fin, le pedí al muchacho de los mandados que me trajese a alguien que la supla.- Malicia sonrió viendo a la anciana que miraba a ambas sin mostrar ni padecer desconcierto. En esa mujer había algo (que a comparación de todo lo que había pasado no era tan extraño), pero igualmente algo había y ambas lo habían notado. A Malicia ese algo le agradaba sin saber por qué, a Lucero en cambio eso mismo la hacía dudar y no entendía por qué.- Veamos entonces cuáles son sus referencias.- la anciana sonrió.
-Disculpe...- dijo- el muchacho nada me dijo sobre la necesidad de referencias.- Malicia la miró esmeraldamente.
-Ese muchacho es un idiota y usted también, si va a buscar un trabajo es obvio que se le van a pedir referencias... Cualquiera lo sabe!. La anciana se puso de pie y se encaminó hacia la puerta.- Hacia dónde va?.- preguntó Malicia furiosa.
-Me voy... usted necesita ayuda no yo!- exclamó la anciana, Malicia se tapó las mejillas con las palmas de ambas manos, sorprendida. Lucero sonrió al ver tal proeza.
-Pero... qué se ha pensado usted?- Malicia empezaba a salir de sus cabales usando la puerta delantera.
-Yo!- se sorprendió la anciana girando sobre sus talones y enfrentado las esmeraldas de la Malicia mirada con dos ojos cafés profundos.- Usted qué se ha creído?... reaccione mi señora, dese cuenta que las elecciones están próximas y que tan sólo van a trabajar las personas que tengan ganas de hacerlo, recuerde que la gente no va a trabajar por necesidad económica si no más bien por gusto, así que va a ser mejor que trabajar con usted realmente sea de buen agrado... es obvio que necesita a alguien, si quiere a ese alguien de inmediato lo tiene frente a sus ojos y ese alguien soy yo. Si no le gusta me voy. Siempre hay mejores cosas por hacer.- La anciana y sus ojos cafés obligaron a la mirada esmeralda a transformarse en párpados vergonzantes.- Además usted ahora precisa un poco de ayuda, por ahora lo puede aguantar sola...- la anciana hizo una pausa y los ojos de Malicia enfrentaron esa profundidad café de nuevo-... piensa en más adelante usted señora?- El frío de la muerte le secó la mirada a Malicia, el futuro expedía ese aroma negro que el médico le había pronosticado, y tal vez esta mujer era de ayuda. Lucero sonrió viendo a la anciana y vio a Malicia consternada y confundida. Lucero notaba un algo diferente en la actitud de su madre; a esta altura de las circunstancias ya estaba acostumbrada a que la otra persona se encuentre denigrada por las palabras y mirada de Malicia que poco sabía de clemencia.
-Al Diablo las referencias- dijo Malicia con el tono de voz abatido, la anciana sonrió y Lucero se puso de pie y se retiró pensando que ya más de todo este confuso circo sería un pasaje directo sin escalas a la cuarta dimensión o hasta tal vez a la quinta. Subió las escaleras y se metió en su habitación para cambiarse las mudas usadas por nuevas, comer algo y más tarde irse al encuentro con Anselmo. Malicia la vio irse, la vio subir las escaleras y desaparecer sin escuchar gemido alguno. Malicia realmente temía que Lucero se introduzca en su habitación y cruce alguna palabra con Elea.
-Puedo empezar ahora?
-Cuando quiera...- respondió mientras pensaba en Elea.- pero... sabe qué? Un cosa más.- Malicia miró una vez más hacia el piso superior.
-Si señora, pero solamente tiene que decirme el por qué...- contestó la anciana ante los ojos de Malicia que la miraban fuera de sus órbitas.
-Por qué qué?- masculló en un resoplo.
-Porque debo ser discreta?- Malicia miró a la anciana y por instinto no más, su mirada se trasladó de nuevo hacia el piso de arriba. Tranquilamente volvió su vista hasta la anciana tratando en el camino de hallar una respuesta.
-Porque la discreción es una forma del respeto.- La anciana sonrió, supo que podía decir varias cosas pero no encontró el por qué, así que las calló. Malicia tenía armas contra esa mujer pero no sabía cómo utilizarlas.- Cómo es su nombre?
-A usted qué le importa si jamás me va a llamar por mi nombre.
-Usted es una irrespetuosa.
-Y usted es una necia! se está secando y actúa de esa forma.- la anciana enmudeció, una lágrima le asomó de un ojo, con tres dedos de una mano eclipsó tan sólo una pequeña porción de su frente, lamentándose. Malicia no podía cerrar su boca que se había abierto gracias a su maxilar inferior que había caído.
-No entiendo de lo que habla!- La anciana meneó la cabeza de un lado a otro lamentándose, se dio media vuelta y tomó el pomo de la puerta. Malicia recordó las palabras sabias de un conocido de ella. Un hombre poderoso dueño de una planta nuclear de energía, recordó a aquel hombre decir que gustaba de tener a sus amigos cerca y a sus enemigos aún más cerca.
-Espere...- la anciana se detuvo dándose media vuelta.
-Disculpe no le quise decir eso... ni siquiera sé porque lo dije.- la lágrima al fin sincera escapó de su ojos y cayó indefectiblemente dejando su paso salado por el anciano rostro de la criada.
-Está bien no importa... empiece por donde quiera.- Malicia se puso de pie y llevó a la anciana tras de sí mostrándole entonces así cada uno de los rincones de la casa. Subieron las escaleras despacio hablando de los menesteres a seguir, paso a paso. Le mostró cada uno de los cuartos, el de juegos que alguna vez fue de Gustavo, y el de Fernando que todavía no había sufrido ningún cambio físicamente pero que dentro de la cabecita loca de Malicia era algo así como un baño termal con jacuzzi, duchas frías y afines. Llegaron a la puerta del cuarto de Lucero la que estaba por supuesto cerrada por dentro con el cerrojo puesto ya que su ocupante se estaba poniendo mudas nuevas. Malicia lamentó el hecho de que el cuarto de su hija estuviese cerrado, miró a la anciana y con hálito confeso le dijo entonces...
-Esa puerta es la única puerta de la casa la cual y en este momento está cerrada con llave. Es mi habitación.- La anciana miró la puerta de arriba a abajo.
-Por qué está cerrada?
-Eso es algo que estoy segura que no le va a importar demasiado...
-Mire señora... si yo no sé qué es lo que pasa adentro de esta casa, es posible que si me hacen alguna pregunta o algo, yo, meta la pata... Es mejor que yo sepa qué cosas pasan acá adentro por si llega a necesitar a alguien mintiendo a su lado.- Malicia sabía que esta mujer repleta de años y palabras tenía razón.
-Es verdad... sabe algo de política?- preguntó.
-Lo que casi todo el mundo no más, lo poco que sé me da a entender que nunca voy a entender ni un nimio de política.
-Conoce a la candidata Elea Hibris del partido Diestra Siniestra?
-Por supuesto, una señora fifí que en su mirada oculta algo raro.
-Parece que la muy pobre está enferma y yo la tengo encerrada allí dentro.
-Qué es lo que tiene?
-No le podría explicar...- un chirrido de bisagras no muy aceitadas que se abrían sonó desde la puerta del cuarto de Lucero hasta ellas allí paradas-... pero igual el médico de la familia está por venir en estos días a hacerme un examen... rutina, usted ya sabe- Lucero que salía de la habitación pensando sonriente en como aquella dulce anciana le había puesto los puntos a cada una de las ies de Malicia, cosa que ni el registro civil lo había hecho con tanta certeza. Lucero escuchó a su madre hablar del doctor y el análisis de rutina y recordó al doctor antes de ir hacia lo de Esperanza diciéndole del chequeo y la rutina. Las cosas seguían cambiando de posición continuamente y tal mutación transformaba el todo en algo aún más confuso. La anciana miró a Lucero después de haberle dado a entender a Malicia que la había entendido. La marrón mirada de Lucero se cruzó con los ojos cafés de la anciana que la miraba silenciosa y sorprendida.
-Pero...- exclamó extendiendo sus brazos hacia Lucero- Por qué te pintás así? - dijo acercándose con las manos extendidas.
-Por qué, estoy fea?- preguntó Lucero sorprendida, nadie nunca le había dicho nada de eso.
-Válgame Dios niña, no lo digo por eso! tu belleza es tan pura que llenarla de pinturas es el peor de los pecados- aseveró la anciana parándose frente a Lucero.
-Tal vez esté mal maquillada...- dijo dudosa.
-Estás mejor maquillada que una actriz, que una modelo! No es eso m'hija, no es eso, te vi con el cabello húmedo y sin pintar allí abajo y pese a mis años jamás había visto una belleza tan peculiar.- Malicia miraba a ambas medio molesta.
-Si no les importa, voy a bajar a esperar que me traigan el diario de la tarde al comedor... permiso.- Malicia miró a la anciana que la miraba a Lucero fijo a los ojos. Lucero no se movía, parecía estar cautiva dentro de aquella mirada café y esas palabras que le llenaban el paladar del ego con una dulce melaza.
-Igual...- titubeó Lucero- yo estoy saliendo en un rato- terminó de decir sin siquiera sacar la vista de lugar. Malicia desapareció escalera abajo. La anciana tomó a Lucero de las manos y la miró fijo a los ojos. Lucero tenía y retenía una extraña sensación que por todos los rincones de su cuerpo y alma daba vueltas. Las imágenes de su sueño parecían ahora volverse realidad. El pasillo donde estaba parada con la anciana cambiaba para ser otro pero el mismo, tal como antes. Comenzó a ver luces, luces que la rodeaban y la cubrían por completo. Luces de colores distintos y suaves, una cálida sensación la protegía, sentía como su cuerpo era abrazado por brazos fuertes y mirada Ansélmica. La puerta del cuarto de la madre se abrió y ella entró allí y se vio acostada atada de pies y manos, se vio allí desde el vano de la puerta, atravesando esa luz, ingresando en ese cuarto donde ella misma hace un rato, cuando dormía, sobre la mesa era flagelada, asustada y amenazada por esa sombra que entraba. Una luz inundó la habitación y Lucero cayó redonda al piso sobre la anciana que se había desmayado también. Malicia subió las escaleras y las encontró a ambas en el suelo caídas, una sobre otra. Entre gritar y sonreír Malicia por supuesto escogió sonreír y bajó las escaleras como si nada hubiese visto, como si nada supiese de ese asunto. Esa anciana traía consigo un par de secretos. y develarlos. sería como pelar una banana para después devorarla con ese poder que da el saber los secretos de la persona que sin estar frente a uno, igual está enfrentada.