viernes, abril 06, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 24ta entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XLV
Avanzaba por entre los viñedos hacia el silo con las piernas que le pesaban, y también más aún los brazos, no era para menos... venía marchando hace dos días "hacampotraviesa" (cómo decía aquel guía que hablaba mal pero gracioso), y en esos dos días no había pegado un ojo. Dejaba que sus hombres descansen y él mismo hacía las guardias. En esas guardias, había aprovechado para contestar las cartas, sabiendo que ambas iban a llegar ya que estaban en buenas manos. También, en una de esas guardias, había visto una situación extraña por demás que le había dado un idea. Recordaba mientras entre los viñedos avanzaba con cautela hacia el silo.
Dos restriotes machos de montaña, estaban disputando el amor de una restriote que los miraba luchar, Fernando se había sentado a unos metros más allá buscando la posición de estar contra el viento, cosa que éste no les lleve su aroma y éstos entonces o se pongan fulos o se escapen. Los restriotes peleaban sanguinariamente por el amor de aquella restriote, que coqueta esperaba el desenlace de la lucha para quedarse con el ganador, y así, aparearse con el más fuerte para conservar la especie.
De pronto y entre las sombras una felina figura apareció saltando sobre la restriote, ésta comenzó a huir desesperada por salvar su vida, ambos restriotes machos vieron a la hembra salir corriendo desesperada delante de una sombra que amenazante la seguía, dejando la lucha de lado, ambos se hicieron a la carrera y entre los dos y vaya uno a saber cómo, entre patadas, y otras cosas, dieron alcance y muerte a la sombra que lasciva se había lanzado contra la hembra, que al percibir tal escena, tal vez por instinto, se detuvo y miró cómo ambos machos deshacían al felino y al fin le daban muerte. Ambos machos quedaron exhaustos por semejante lucha y la hembra se les acercó coqueta y deseosa, ambos machos extenuados parecieron intercambiar opiniones en una cómplice mirada y se retiraron caminando tranquilos y despacio bosque adentro, montaña abajo. Mientras que la hembra, ya encontraba otro par de machos, (con las bolsas llenas de ganas de cortejarla) unos cuarenta metros más allá, y en tanto éstos cortejaban, ella se rascaba sola y cotidiana contra algún tronco de cualquier árbol.
Llegó cerca y se detuvo en seco bajo un viñedo y sacó una uva, la cual degustó con harto placer, de donde estaba podía ver claramente el silo protegido y custodiado por varios hombres armados, por si las moscas puso atento el percutor de su arma y sigilosamente se fue acercando. Desabrochó la vaina del cuchillo, dejándolo así libre cosa que sacarlo en caso que fuera necesario, sea más rápido y fácil. Notó que el silo estaba rodeado y que en la parte superior del mismo, había algo así como una ventana que estaba abierta, suspiró pensando en qué corno estaba haciendo un hijo de la alta sociedad mezclado en estas cosas. Un hombre de guardia se le acercó a otro.
-Voy a mear.- le dijo. Como en una barata novela, Fernando tuvo la rara suerte que el hombre que iba a hacer sus necesidades, elegiría ir hacia él "oportunamente", ignorando que allí estaba agazapado entre las sombras, como felino acechando. Recordó a Marisa y después a los restriotes; sonrió.
El guardia llegaba bajándose la bragueta y sacando su virilidad al aire. Fernando se sintió algo incómodo. Apenas el hombre puso cara de dejar de aguantar, Fernando salió de entre las sombras, le pegó en el rostro con el puño bien cerrado, el hombre ni siquiera se mosqueó pero lo miró con las llamas del infierno en los ojos. Fernando le sonrió con las manos en alto.
-Que me mate vaya y pase, pero entienda, me iba a mear encima.- El guardia retrocedió unos centímetros, guardó lo que tenía afuera con rápido movimiento y le apuntó con el rifle.
-Camine- le dijo secamente, aunque aún tenía ganas. Fernando caminaba con las manos alzadas un par de metros más adelante del otro que lo seguía de cerca y le apuntaba con el arma a una distancia prudencial.- Mirá lo que encontré...- gritó apenas. El otro guardia se asomó.
-Dónde?
-Allá atrás, me pegó un bife porque casi lo meo encima. Llevalo adentro que yo todavía no hice nada.- El segundo guardia, lo dejó al otro seguir con su necesidad, mientras encañonaba a Fernando y lo obligaba a ir hacia el silo. El primero en entrar fue Fernando. Un golpe en la nuca lo obligó a caer inconsciente. Poco tiempo después se despertaba a fuerza de cachetazos y agua que en el rostro le arrojaban. Fernando se despabilaba lentamente y sus ojos poco podían enfocar. Un cachetazo le dio vuelta la cara.
-Así que este es el hermanito del jefe.- Fernando levantaba la cabeza y miraba de frente a esa imagen doble que delante de él le proporcionaba otro moquete. Pensaba que el hecho de haberse entregado, podría haber fastidiado al resto. Una luz en forma rectangular iluminó un poco más el ambiente, aún Fernando no veía bien. Una sombra atravesó el rectángulo de luz y se acercó al agresor; le susurró algo en el oído. Otro sopapo le volvió a voltear la cara.
-Dónde está el resto?- Fernando seguía callado con cara de nada, otro sopapo le volvió la cara para el otro costado.
-Dónde están?- Fernando escupió sangre y tomó aire al tiempo en que una mano transformada en puño le golpeaba el estómago.
-Estoy solo.- susurró con dificultad y dolor.
-Encontraron una tumba que allí no estaba.
-Lo enterré yo, era un amigo con el cual estábamos huyendo.- Otro golpe lo hizo caer con silla y todo.
-Dónde está el resto?
-Estoy solo- dijo aguantando el dolor. Una lluvia de patadas le caían por todo el cuerpo.- Estoy solo mierda! Solo!
-Mierda! Mierda!- un tercero entró y se le acercó al hombre que interrogaba a Fernando a las patadas. Le susurró algo.
-Sí así lo quiere que así sea. Rastrillen la zona.- El ruido de un rotor de helicóptero se hizo escuchar ahí dentro. Entre dos cargaron a Fernando y arrastrándolo lo sacaron del silo donde unos cincuenta metros más allá un helicóptero aterrizaba. Unos disparos se hicieron escuchar proviniendo de todos lados, a pesar de estar atardeciendo). Elbéstides ya había dado la orden de ataque. De diez distintos lugares rodeaban y amenazaban con disparos que zumbaban por todos lados.
-Vamos! Vamos!- se escuchaban los gritos que empezaban a quedar mudos con las aspas del helicóptero que aceleraban su rotación.
-Súbanlo a éste en el helicóptero, si lo perdemos no contamos el cuento- siguieron arrastrándolo hasta el helicóptero y allí, lo subieron por la puerta lateral, lo tiraron en el piso y el helicóptero levantó vuelo. Se asomó apenas y pudo ver a Elbéstides y al resto avanzar contra el silo a fuerza de disparos, piñas y patadas. El helicóptero se perdió en el cielo que atardecía. Elbéstides y su grupo ya estaban cerca del silo y algunos de los hombres que custodiaban el mismo ya se habían hecho a la fuga por detrás, atravesando los viñedos donde fueron emboscados por otro de los grupos que entraba dirigido por Pinto. Se encontraron todos en el silo con sus vidas en sus manos, la única baja que habían sufrido era la de Fernando que se lo llevaban hacia vaya uno saber dónde. La paz y el silencio volvieron a los viñedos al pie de la montaña. Elbéstides acariciaba el bolsillo donde receloso guardaba los sobres que Fernando le había confiado. Miraba el cielo donde el helicóptero había dejado su estela en fuga. Pinto llegó corriendo encabezando aquel grupo y quedó frente a Elbéstides que imponente e impotente había caído de rodillas ante la luna que salía y con las palmas abiertas y los brazos caídos gritaba entre lágrimas. Se le acercó y lo ayudó a ponerse de pie, Elbéstides parecía temblar, todo su cuerpo parecía una gelatina entre los brazos de Pinto que lo sostenían con fuerza. Elbéstides sacó de su bolsillo la piedrita que parecía refulgir más que nunca.
-Eso es una esmeralda?- preguntó sorprendido Pinto mirando aquella extraña piedrita que a la luz de la luna blanca verde brillaba.
-No... esta es mi chiquita...- le contestó. Pinto lo miró creyendo comprenderlo. Unos gritos llegaron desde el silo.
-Vamos a ver por qué tanto alboroto?- Elbéstides secó su llanto con la manga de su camisa, pero el dolor que sentía dentro del pecho era un dolor que no sentía desde que su Esperanza... gritos de jocosa algarabía seguían viniendo desde los cincuenta hombres que estaban adentro del silo. La curiosidad lo hizo entrar y Pinto lo siguió en silencio. Dentro del mismo, había un par de camiones estacionados y en las paredes, cantidades industriales de comida y bebidas. Había sido como encontrar el paraíso y por lástima... Fernando no estaba allí para festejar y disfrutar con todos esa pequeña batalla ganada. Elbéstides se acercó a la puerta del silo y miró hacia el cielo y en la luna blanca creyó ver la sonrisa de su amada y en el canto de los grillos creyó escuchar su linda y suave risa.
-No te preocupes, ese cojonudo tiene más vidas que un gato.- una mano se posó sobre un hombro de la bestia que sonreía.

XLVI

La última imagen que había quedado grabada en sus retinas era la de Elbéstides y todos entrando guarramente, después de eso, un golpe en la nuca y todo negro. Se habría despertado atado a algo en medio de una oscuridad profunda, sentía el cuerpo dolorido, tal vez lo habrían golpeado más... se sonrió a sí mismo pensando y sabiendo que el ataque había sido todo un éxito. Le empezó a picar la nariz. Escuchó un ruido a puerta que se abría. La nariz le picaba más y más. Escuchaba unos pasos que se le acercaban, bajó la cabeza y la meneó tristemente aguantando la picazón. Una mano pesada se le posó sobre un hombro.
-Me parecía justo darte la noticia yo mismo.
-No hace falta- contestó.- se los cargaron a todos...
-Sí, fue una verdadera lástima, perdí varios hombres...- suspiró penoso.- Fernando...- se le escapó suavemente compresivo- por qué estás haciendo ésto?
-Haciendo qué?
-Esto de ir por todos lados peleando a mano armada contra otros.
-Es lo mismo que vos y tus hombres hacen...
-Sí, Fer... pero todos nosotros tenemos un motivo, por ejemplo ellos lo hacen porque yo se los digo...
-Y vos?
-Tengo mis motivos... pero vos. Vos por qué lo hacés?- Fernando quedó callado con la frente en alto y las facciones serias.- Estás pensando? Ni un gesto obtuvo por respuesta. -De hermano a hermano.- le paso el brazo por sobre los hombros y se le acercó confidente.- Dónde están Lupi y el resto?
-En el cine comiendo rosetas.
-Dale, no seas malo... la extraño, me encantaría verla.- Gustavo enseriaba su tono de voz en una forma amenazante.
-Después de tanto tiempo sin vernos, nos vamos a poner a hablar de ésto, por favor Gustavo... contame cómo van tus cosas...
-No te pases.
-No me conocés tanto como pensás, sabé que no voy a decir nada, ahorrate nervios y agresiones, disfrutá los últimos momentos con tu hermano menor.
-Todo tiende a quebrarse.
-A no ser que sea flexible...
-Veamos que tan flexible sos, entonces- le tomó el dedo pulgar y se lo empezó a echar hacia atrás. Fernando a regañadientes soportaba el dolor que le subía por la médula y le reventaba dentro de la cabeza.- Puta que sos flexible, sos más flexible que otros.- Fernando transpiraba de dolor.
-Puedo serlo más...- dijo doloso.
-A ver- un crack se escuchó.- No mucho más.- apretó los dientes con fuerza.
-Me vas a ver sufrir pero no me vas a escuchar gritar de dolor... no te voy a dar ese gusto.- Gustavo le volteó la cara de un cachetazo.
-Enfermo!- Fernando levantó la cabeza y le sonrió.- Dónde están?
-Comiendo rosetas.- Gustavo lo tomó de los testículos y se los empezó a apretar. Un mareo doloroso se ceñía dentro de la cabeza de Fernando, sentía que los sentidos se iban de a poco, sentía la presión que lo presionaba a algo; pero inútil era cualquier intento por escapar, amarrado así como él estaba, apenas se podía mover, escuchaba a los lejos la voz de Gustavo que repetía ..."dónde están, dónde están"... ocultándose detrás del dolor que en sus testículos nacía y crecía llegándole hasta las sienes. La presión comenzó a ser más leve. Fernando estaba con la cabeza caída cuasi desmayado por el dolor. Gustavo lo reanimó a sopapo limpio. Fernando levantó la cabeza y sonrió.
-Cinco minutos más.- rogó. Gustavó le pegó con el puño en la boca del estómago sacándole todo el aire.- Por qué son tan poco originales para golpear cuando interrogan?- preguntó lento y pausado, recuperando el aliento mientras hablaba.
-Dónde están?- sintió un algo puntiagudo que le pinchaba el dorso de su mano. Abrió la boca y la movía como pez en pecera.-Dónde?
-Comiendo rosetas...- al fin dijo y echó a reír descortés. Ese algo punzante le atravesó la mano de lado a lado.
La presión duró horas, golpeó a Fernando como nunca antes había golpeado a alguien. Dos hombres que estaban de guardia tuvieron que detenerlo antes que lo mate. Gustavo estaba furioso y fuera de sus cabales, Fernando en cambio, estaba físicamente irreconocible, los ojos negros sangrando desde sus párpados hacia adentro y afuera, con la nariz del tamaño de la del mandril, con las muñecas abiertas debido al esfuerzo que hacía por desatarse, hasta de los orejas le caía sangre; por tantos golpes, tenía los pómulos partidos y la mandíbula hinchada de tal forma que apenas se le entendía lo que repetía como disco rayado.
-Comiendo rosetas...
-Llévenselo y métanlo en la caldera.- dijo Gustavo furioso en serio. Los dos hombres sintieron lástima por Fernando mientras lo cargaban por debajo de sus axilas, desmayado sin poderse resistir, lo iban llevando.
-No dijo nada.
-Ni creo que lo haga.
-Qué cojones tío!- lo echaron adentro de la caldera, tirándolo, un quejido escapó de la boca de Fernando que dolorosamente recuperaba el sentido.
-Oiga amigo, no sea tonto, díganos donde están sus amigos.- de la boca de Fernando unos incomprensibles sonidos salieron.
-Qué?- dijo uno acercando su rostro hacia el de Fernando que en el suelo de la caldera se desangraba. Lo escupió, claro que la mayoría de su sangriento escupitajo le cayó encima a él mismo y apenas unas gotas le cayeron encima del rostro a aquel hombre que se compadecía de una forma extraña, lo compadecía mientras le pateaba cada una de las costillas.
-Idiota! Te das cuenta?- le dijo al otro- uno trata de ayudar y ésto es lo que recibe- lo volvió a patear una y otra vez.- Imbécil!
-Dejalo que lo vas a terminar matando.- uno tranquilizó al otro.
-Vamos, hay mejores cosas que hacer.- cerró la puerta de la caldera y mientras se iban, uno de los dos miraba hacia la caldera con admiración secreta y ganado respeto.
-Sabés que empiezo a creer que Gustavo está medio mishigene...
-A quién le importa?
-Es el hermano por Dios y la Virgen...
-Y?
-Que si le hace eso al hermano es capaz de...
-Sí, qué te pensás que lo hace ser así como es?... es malo, él es malo en serio, hasta Stephen King le tendría miedo... no es que le guste hacer maldades, las maldades para él son como para vos respirar... el tipo no tiene alma, nació así.- explicó lo obvio.
-Pero es demasiado hijo de puta...- lamentó con oprobio.
-A ver si entendés... el tipo, es así.- El hombre estaba aterrado, comprendía que para ser malo en serio, había que también serlo en serie, comprendía que si Gustavo tenía un nimio de piedad con alguien, lo podría tener con cualquiera y él no era así. Los hombres entraron donde Gustavo.
El los esperaba bebiendo un whisky mirando por la ventana. Serio. Mudo. Había perdido la mirada en algún lugar de sus adentros. Uno carraspeó avisando que allí estaban, Gustavo los enfrentó con la mirada fría, negra, buscando...
-Quiero que lo mantengan allí adentro con una temperatura de treinta grados y que cada cinco minutos humedezcan el suelo...- Los hombres se quedaron parados frente a él- Qué?- bramó molesto y enojado.- los hombres se miraron confusos, uno titubeaba más que el otro.- Lo tengo que hacer todo yo acaso!?- uno abrió la boca, dejó escapar su aliento y volvió a cerrarla, Gustavo le saltó encima y tomándolo por el cuello lo obligó a doblegarse y caer al suelo, Gustavo montado encima del pecho de él, con las dos manos lo tomaba del cogote y se lo sacudía arrítmicamente golpeándole la cabeza contra el suelo. El hombre trataba de zafarse pero las manos de Gustavo eran dos pinzas que no cesaban en la presión.- Si no dice dónde están no me es útil que esté vivo, y si no hacés que te lo diga, tampoco me sos útil, elegí!- le ordenó largándolo violentamente contra el piso. Gustavo se puso de pie y enfrentó al otro que había quedado parado allí, tieso de pánico tratando de ni mirar lo que pasaba, pero los gemidos de asfixia de su compañero lo obligaban a ver de vez en cuando, y retiraba la vista miedoso y la escondía tras alguna súplica, tras alguna oración.
-Y vos- Gustavo le clavó el índice en el pecho.- llevate a esta mierda de acá.- le tiró el aliento y todo lo que eso implica en la cara. El hombre ayudó al otro a levantarse que costosamente iba recobrando el sentido, el aliento. Temblaba, temblaba como un niño preso de miedo. Temblaba sabiendo el haber sentido el frío próximo de la muerte. Abrió la puerta y lo sacó caminando despacio.
Pasaron un par de horas antes de que supiesen algo de él, fue hacia el cuarto donde estaba la caldera. Caminaba fuerte, caminaba seguro.
-Te digo que está loco, casi me mata... no lo puedo creer, hace cinco años que trabajo para él... nunca me había tratado así...- decía el hombre tomándose el cuello.- Me quedó marca?
-Preferís además la cicatriz de una bala?- preguntó secamente. Lo miró y comenzó a tratar de despertar a Fernando. Gustavo apenas entró señaló con el índice hacia la caldera.
-Y, qué consiguieron?
-Ya no se le entiende nada de lo que dice, tiene la mandíbula tan hinchada que en vez de parafrasear balbucea.- explicó el que estaba más alejado.
-Además está desmayándose cada dos por tres- el hombre que lo trataba de reanimar le levantó la cabeza a Fernando tomándolo de los pelos, los soltó y la cabeza de Fernando cayó golpeándose contra el suelo de la caldera.
-Está bien, intérnenlo un par de días, aplíquenle desinflamatorios inyectables que actúan más rápido, que descanse... pero mientras descansa que no olvide el dolor...- Gustavo desapareció tras la puerta y volvió a su ventana a disfrutar de estratagemas y paisajes. Algo no le quedaba claro... por qué Fernando se había entregado tan dócilmente para después no doblegarse? cuál era el juego que Fernando jugaba y por qué? Sobre todo, por qué?

jueves, abril 05, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 23ra entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XLIII
-Estoy preocupado, lleva ya varios días de retraso...- Anselmo lo miró seriamente.
-Y?
-Que la última vez que uno se retrasó estaba colgado de una rama descuartizado...- Gésus resopló.
-Qué pasa?- preguntó la dulce Lucero.
-La gente se nos está muriendo como moscas en la enfermería, acabo de hablar con Cipriano y es necesario sacar a los enfermos de acá.
-Sí pero a dónde?
-Por qué no los llevamos a algún destacamento militar?
-Vamos a hacerlo- dijo Gésus- sí... definitivamente vamos a hacer eso, esa gente ya no puede estar sufriendo de la forma en que lo está haciendo, reúnan a todo el que quiera irse y si todos se quieren ir, mejor...
-Pero si se van todos...- protestó Victoria mientras tosía femenina tapando su boca con gracia.
-Que ellos elijan... no los podemos arriesgar.
-Pero estás arriesgando todo ésto!
-Me cago en todo ésto, que me maten a mí, qué me importa, no puedo estar temiendo que pase algo y por eso dejar que acá mueran todos de forma infrahumana, que a los enfermos se los lleven y que lo sanos decidan que hacer...
-Y si alguno de los que va dice el lugar donde estamos?
-Entonces si dios existe que esté de nuestro lado.
-Miralo al anarquista hablando de Dios, te traigo a algún ministro de él para que nos ayude?
-Realmente no estoy para boludeces. Si querés tomarlo al pie de la letra hacelo, pero si querés saberlo, dios es anarquía.
-Yo...- dijo Lucero-... ya me siento mejor, pero no estoy lo suficientemente bien como para hablar de esas cosas que son un tema escabroso, si Dios existe o no, no es cosa que ahora nos pueda ayudar mucho saberlo, creerlo... creerlo, al que lo necesite que lo crea al que no, que no lo haga. Y también...- se puso de pie-... también creo que es una buena idea que llevemos a los enfermos a los cuarteles, y me parece una mejor idea que los sanos decidan que es lo que quieren hacer.
-Alguno va a hablar.
-Vinieron a nosotros por que creen en lo que Gésus y nosotros, todos pueden entrar y salir a su gusto, si no dijeron nada todavía, no lo van a decir.
-Y si los torturan?
-Eso ellos lo van a saber y van a saber qué hacer, es una decisión que tendrán que tomar.
-Entonces no hay más que hablar.- Salieron por distintos pasillos hacia distintas direcciones, avisando y reagrupando a la gente en la cavidad subterránea más grande, la principal. De a poco las gentes se iban reuniendo silenciosas murmurando unas con otros, preguntándose el por qué de esta extraña reunión.
Trescientas o cuatrocientas personas era el total de los que bajo tierra se juntaron, Colifa, Anselmo, Lucero y Cipriano se encargaban de preparar a los enfermos para llevárselos. Victoria juntaba a los niños que se reunían como ganado y correteaban por todas partes.
Gésus apareció entre la gente que esperaba que algo pasara, llegó al medio de todos y alzó su voz, un chistido general obligaba a los que en la muchedumbre hablaban a acallar su rumor y así escuchar que era lo que se iba a tratar en ese tipo de asamblea.
-Debido a la situación en la que estamos les tenemos que dar una noticia y después ustedes deberán de elegir qué es lo que quieren hacer- la muchedumbre comenzó con su farfullo de nuevo y así como comenzó el farfullo terminó cuando Gésus retomó la palabra- Hay muchos enfermos y más aún que están muriendo, en la superficie, las farmacias que quedaron están vacías, los hospitales saqueados y los únicos que pueden cuidar a los enfermos son los militares, así que pensamos que lo mejor es llevarlos con ellos ya que los podrán cuidar y hasta tal vez sanarlos, la decisión de ustedes es irse con ellos o quedarse aquí haciendo resistencia, ya que yo no me voy a rendir por lo menos hasta estar muerto...- Gésus hablaba seguro, fuerte y claro, pero en su voz se denotaba una tristeza profunda y amarga-... cuando vayan para allí, van a encontrar comida, van a tener sol, aire puro, y seguramente camas donde dormir, si se quedan aquí, tendrán hambre, trabajo, y la oportunidad de haber luchado por lo que alguna vez quisieron, yo, Lucero, Anselmo, Colifa, Victoria- enumeraba a cada uno como si estuviese leyendo los obituarios del diario- más los que están afuera buscando a la madre del borrego nos vamos a quedar, tratando de conseguir que nos reunifiquemos y formemos al fin el gran país que alguna vez fue la República, me saben anarquista... por eso la decisión está en ustedes, sepan que estar de este lado (por así llamarle) es tan erróneo como estar del otro, y el principal causante de toda esta equivocación, fui yo...- hizo un silencio profundo y lastimoso.
-Qué?!- gritó uno sorprendido y enojado- así que ahora el señor nos subestima, ahora este punto piensa que todo ésto es culpa suya y que él solito nos dirigió hasta el mismo cadalso, pues no! No somos ningunos imbéciles, cada uno de los que estamos acá, sabe que vino y que hace lo que hace por su propia voluntad y su propio coraje, todos los que aquí estamos vinimos y nos quedamos porque creemos en las palabras que usted alguna vez dijo y creyó, si usted deja de creer, a mí por lo menos... no me importa, me quedo!- comenzó a gritar- me quedo!- seguía gritando, de a uno se le iban sumando, la multitud a pleno comenzó a gritar enardecida, Gésus comenzó a reír como loco, mientras la gente lo levantaba y lo llevaba en andas, gritando me quedo! una y otra vez, el grito se extendía por todos los túneles subterráneos y allí afuera, en la superficie el viento se llevaba el sonido de los gritos como una canción.
-Viva la República!- gritó uno y como rebaño la gente se puso a gritar siguiendo así por quién sabe cuantos minutos. Gésus al fin fue bajado y sin que nadie diga nada, cada uno de los hombres y mujeres que gritaban me quedo, volvieron a sus menesteres. Gésus sonreía con una estúpida emoción que le hacía cosquillas en la panza.
-No lo puedo creer.- dijo entrando en la enfermería, mientras Victoria como cachorra le saltaba encima y lo cubría de babientos besos.
-Qué hacés vos acá, y los chicos?
-No se quieren ir, dijeron que si los grandes se iban no les importaba, es más, dijeron que aunque nosotros nos fuéramos a ellos no les importaba, están contentos acá abajo. Hasta les gusta que les enseñen los maestros y aprenden un montón. No les pude decir nada.
-No sé que decir, ni a quién agradecer.
-Yo que usted empezaría por un viejo amigo suyo que en este momento está tomando sol y un trago en alguna playa.- Gésus se dio media vuelta y encontró al hombre fornido que alguna vez manejó aquel auto oscuro. Anselmo lo miró sin saber qué cara poner.-Está bien...- le dijo- yo hubiese hecho lo mismo no te preocupes.- se saludaron estrechándose las manos con agrado cuasiplacenteroso y una sonrisa sincera.
-Vos estuviste gritando eso allá abajo, no?
-Debemos admitir que Talmarital es un capo...
-Ni que lo dudes. El me dijo que seguramente estarían acá...
-Sí, él me contó de este lugar- asintió Gésus sonriendo con cariño.
-Cómo está él?- dos finos cof se escucharon.
-No se priva de nada, ya lo conocen...
-Fue idea de él que vengas?
-De quién más si no?
-Estamos por llevar a todos los enfermos a algún cuartel militar.
-Sí lo escuché a Gésus que lo decía allá abajo.
-A propósito cómo es tu nombre?- el hombre lo miró.

XLIV

-Ya está amaneciendo volemos- dijo el Palomo.
-No...- negó Pinto, el Palomo lo miró secamente.
-Pero Fernando dijo...
-Lo que Fernando haya dicho me chupa las pelotas, no nos vamos a ir de acá con las manos vacías, o alguno de ustedes podría mirar a alguien a los ojos y contarle lo que sucedió? Si ellos no aparecen hasta el mediodía los vamos a buscar- el Palomo se puso nervioso.
-Quién te pensás que sos?- Pinto revoleó una mano y se la calzó justo en la mandíbula. El Palomo cayó unos metros más allá.
-Escondan la camioneta...- ordenó secamente. Los otros empezaron con tal menester internándose en el bosque saliendo con ramas y con éstas toscamente camuflaron la camioneta. El Palomo se puso de pie tomándose la cara, Pinto amagó a largar otro golpe sobre el Palomo que reculó en sus pasos abriendo las manos como diciendo está bien, está bien. Un ruido le advirtió que alguien se acercaba, Pinto trepó a un árbol que tenía cerca y se escondió dentro de las ramas usando al árbol de otero, o como carajo, lo mismo da. Fernando y los otros llegaban silenciosos y formados. Todos parecían estar cansados.
-Están por acá.- dijo el guía a Fernando.
-Eso parece- dijo éste acercándose a la camioneta sacándole de encima un par de ramas que le quedaban realmente graciosas. Pinto saltó de la rama y cayó frente a los que llegaban.
-Pinto, qué sorpresa!- dijo Fernando- dónde están los otros?
-Ahora vuelven, están camuflando la camioneta.
-Qué camioneta?- dijo mirando hacia todos lados en tono de sorna. Pinto sonrió, los otros cuatro salieron del bosque con más ramas en las manos. El Palomo no aparecía.
-Y el Palomo?
-Seguramente fue a buscar más ramas...- Fernando y Elbéstides intercambiaron miradas.
-Para dónde fue?
-Por allá...- se adentraron unos pares de metros y el Palomo se encontraba degollado en el suelo, por el tajo se le veía la tráquea.
-Mierda!- exclamó Pinto
-Entiérrenlo- susurró Fernando- después vayan a descansar, esta noche vamos a trabajar un poco, Elbéstides...- le llamó la atención al mismo.
-Qué?
-Vení vamos a hablar...- ambos se metieron en el bosque.
-Qué pasa Fer?
-Saben que estamos acá, vamos a entrar por la noche, reuní a la gente cuando terminen y pedile al guía que los lleve hasta el campo de viñedos, no somos muchos pero traten de rodear el lugar. Hacé diez grupos de cinco, con eso va a bastar... quiero que cuando ataquen el silo, si encuentran cosas importantes se las lleven allá a Lucero y al resto, también quiero que le lleves esta carta a ella y ésta a Gésus, quiero que las cuides con tu vida y que a tu vida las cuides con las cartas- Elbéstides lo miró confundido.
-Estuviste chupeteando botellas y no convidaste.
-Quiero decir que vos y las cartas lleguen, sea como sea.
-Vos que vas a hacer?
-Tal vez a hacer historia, pero en sí, voy a averiguar qué es lo que pasa en ese silo, si no pasa nada raro vuelvo antes de medianoche y si no vuelvo para medianoche, vayan ustedes, pero igual, por si las moscas estate atento.
-Voy con vos!
-Sos más importante acá que conmigo.
-Pero yo le prometí a mi Chi...
-Esperanza estaría de acuerdo conmigo, así que no seas párvulo y haceme caso- interrumpió Fernando, la bestia agachaba la cabeza tristemente. Fernando le pegó en el antebrazo, la bestia lo agarró y lo abrazó con todo cariño.
-Me vas a matar boludo!- la bestia lo soltó y Fernando se desplomó en el suelo.
-Cuidate.
-Si sobreviví a tus demostraciones de afecto no hay bala que me mate.
-Je, je, je.- respondió Elbéstides tontamente. Volvieron hacia donde todos estaban y cada cual a su manera le deseaba suerte al alma del Palomo que yacía bajo tierra.
-A ver mis estimadas comadrejas!- dijo Fernando llamando la atención de cada uno de los cincuenta y pico que allí estaban.- Elbéstides ya sabe que hay que hacer, nos vemos (espero) antes de la medianoche y si no es antes, algún día nos encontraremos, él sabe que hacer, descansen... que si todo sale mal, vamos a tener una noche movidita.- Fernando se arrodilló ante la precaria tumba del Palomo y allí depositó una sonrisa y una lágrima, se acercó al guía y le preguntó algo en voz baja, el otro se golpeó la cabeza con el índice, Fernando le hizo sorna moviendo la cabeza de un lado para el otro mientras sacaba la lengua por un costado de la boca. El guía señaló para algún lugar y Fernando internándose en el bosque desapareció tras los árboles. Elbéstides lo vio perderse y sintió que no lo iba a ver nunca más, sacó la piedrita de su bolsillo, la posó en su mejilla y como un niño se puso a llorar.
-No te preocupes por el cojonudo ese, tiene más vidas que un gato- le palmeó la espalda a la bestia que lo miró de una forma veramente distinta.

miércoles, abril 04, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 22da entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XLI
-Les advertí que realmente eran buenos... lo de Lucero no me sorprende tanto ya que está con Anselmo... lo que en sí me sorprende es que ustedes sean tan idiotas.
-Señor lo último que supimos de ellos, fue que estaban completamente dormidos.
-Entonces hicieron demasiado ruido al entrar...
-Fue tan sólo un error...- Gustavo agarró al hombre del cuello lo empezó a llevar contra una pared haciendo leve presión. El hombre comenzaba a ahogarse.
-Un error cometido por ustedes debido a su negligencia y necedad, yo les advertí que son buenos... hace un poco más de cuatro meses que esta historia sigue tan sólo por sus estupideces, y con lo que a mi respecta, ésto ya es personal...- le dijo respirándole en la cara, el hombre empezaba a toser despacio. Dos golpes a la puerta finalizaron la presión y el hombre cayó al piso tratando de recobrar el sentido. La puerta se entreabrió apenas.
-Señor, el comandante en jefe de las fuerzas armadas ya está aquí.
-Hágalo pasar.- pateó dos veces al hombre que recuperaba el aliento en el suelo, lo tomó por la nuca del saco que llevaba puesto y lo obligó a ponerse de pie.- Si tengo que salir yo a hacer el trabajo, la vas a pasar muy, pero muy mal.- lo acercó hasta la puerta llevándolo con tan solo una mano, con la otra la abrió y lo echó afuera como si fuera una bolsa de basura.
-Disciplina, siempre hace falta disciplina- dijo el comandante en jefe que llegaba caminando hasta la oficina con paso marcial.
-Ojalá fuera disciplina, lo que les falta es talento.
-El arte- dijo el comandante pasando su mano izquierda frente a su nariz frunciendo como si estuviera catando un vino. Gustavo y comandante se abrazaron comercialmente y se palmearon un par de veces. Gustavo lo invitó a pasar y el comandante accedió metiendo su gorra debajo del brazo. Llegó a una silla y se sentó.
-Cómo está yendo todo?
-Bastante difícil, mis hombres están inquietos ya sabés.
-Familias?
-Claro que sí... mientras ellos tienen un buen pasar adentro de los cuarteles sus familiares, afuera, la pasan bastante mal... por suerte el entrenamiento y todas esas ideas sobre la soberanía y bla, bla, bla, los hace no rebelarse y seguir subordinados, pero igual no sé cuánto tiempo se los pueda contener.
-Pero viste que bien hablan en el mundo sobre los militares de la República?
-Sí, y los hombres están orgullosos, pero a mí todo este caos me está poniendo nervioso, está todo demasiado dividido y cada vez hay más heridos, tendríamos que hacer algo para distraer a mis hombres aunque sea un rato más.
-Sí, lo estuve pensando... seriamente, muy seriamente y ya no me está causando tanta gracia- el comandante en jefe lo miró serio.
-Cómo es eso que tanta gracia...?- Gustavo se recostó sobre el respaldo de la silla.
-Gracia, gracia... es una forma de decir nada más, a lo que me refiero es que ya no está siendo tan redituable...
-A qué te referís con eso?
-Se está perdiendo mucha gente, demasiada, la opinión de la prensa mundial y sus críticas están destrozando el negocio, todas las compañías que de mí dependen están perdiendo apoyo y además el hecho que la República se hunda sería perder otro punto de ganancia y si se pierde la ganancia no es bueno para el negocio.
-Hablando de eso...
-Sí, quieren ir a buscarlo o prefieren que se los acerquemos...
-Mientras menos se nos vea por las calles mejor.
-Seguís siendo un zorro.
-Y con los años se me asentan las mañas.
-Va a entrar por la frontera, todo el cargamento lo vamos a dejar en uno de los silos de unos campos de viñedos que son de la familia.
-Está bien... a partir de ahí nosotros nos encargamos del traslado de las armas. Sobre el armamento pesado?
-Ahora sería contraproducente hacer algún movimiento, tenemos periodistas infiltrados en todos lados y si por una de esas putas casualidades llegan a averiguar todo ésto caemos de una forma que dios nos libre.
-O qué mandinga nos atrape...- rió un poco al decirlo.
-Por decirlo de alguna manera- asintió con una sonrisa- igualmente, tomé el recaudo antes de que todo este caos crezca. En los puntos que están marcados con azul en este mapa- dijo mientras sacaba un papel prolijamente doblado de un cajón del escritorio y se lo acercaba al comandante que lo tomaba, lo desplegaba y lo miraba atentamente.- hay un par de flotillas aéreas, aviones de combate y helicópteros de transporte y batalla, todos de última generación, con la mejor tecnología. Los que están con rojo son tanques, todo de primerísima calidad.
-Cómo lograste meterlos...?
-Es una larga historia y no tenemos tiempo para este tipo de cuentos.
-Como sea, eso no me importa.
-Por eso me gusta trabajar con vos, hacés pocas preguntas....
-Sí y además traigo soluciones...
-A qué problemas?
-Estuve pensando seriamente en nuestra imagen en el exterior, la prensa por ahora nos es favorable porque no nos metimos, pero sería bueno si hacemos que el mundo entero se saque el sombrero cuando nos vea, y esta solución que tengo, haría que todos mis hombres queden más tranquilos.- Gustavo posó sus índices sobre sus labios. Escuchaba.
-Seguí.
-Estaba pensando en que si abrimos nuestras puertas para los enfermos, las bajas serían menos, juntaríamos más soldados y el ejército de la República entonces sería la estrella del show...- Gustavo se puso de pie en un salto.
-Sublime! Mi querido estratega, su estratagema es sublime. Háganlo nomás, tenés mi apoyo cien por cien.
-Además estuve pensando en otras cosas sobre agrandar nuestro territorio, el poder que tenemos en armas es bastante alto...
-Más adelante. Acordáte que mi padre logró el poder de a poco, todo tiende a expanderse hasta desaparecer, no hay que dejarse cegar por el poder, los mejores estrategas fallaron por apresurarse. Hay que ir despacio- el comandante resopló fastidioso pero sabía que Gustavo tenía razón y los libros de historia confirmaban su hipótesis.
-Perdón... qué son estos cuatro puntos amarillos?
-Norte, este, oeste y sur... cuatro puntos estratégicos, bajo tierra armas químicas, cabezas nucleares, artillería pesada, un montón de mierda.
-Los satélites lo captan?
-Sí- seco como lengua de reptil, se puso de pie y ayudó a levantarse al coronel invitándolo a irse.- Espero que esté contento.
-No podía esperar menos de vos Gustavo.
-Claro que no... claro que no.- el comandante se retiró pensativo con el mapa guardado en su bolsillo y la mirada seria. Tomó su comunicador y desde allí se comunicó con la base, dio la orden que los cuarteles de toda la República abriesen sus puertas al pueblo de la República. La orden fue acatada al pie de la letra.

XLII

-Lo vieron a Fernando?
-Dijo que fue para allá- contestó el otro sin señalar hacia ningún lugar.
-En la sillita?
-Ahá.
-Lo podrían ir a buscar?
-No, estamos cargando la combi con comida, andá vos.
-Está muy lejos, no tengo ganas- el otro levantó la vista y sonrió.
-Estás de suerte, ahí viene.
-Fernando!- Fernando lo miró pensando en otra cosa y siguió de largo. Pareció no escucharlo.- Fernando!- insistió. Fernando se dio media vuelta justo antes de entrar a su tienda.
-Volvió el grupo de reconocimiento...
-Y... alguna noticia?
-Gustavo no aparece, pero tu corazonada sobre revisar los campos de tu familia, no fue mala idea...
-Qué encontraron?
-Tendrías que verlo por vos mismo.
-Dónde lo encontraron?
-Cuarenta kilómetros yendo hacia el sur.
-Camino a la capital...
-Sí- Fernando se rascó la cabeza, pensativo.- Vale la pena?
-Yo creo que sí.
-Cómo para qué vale la pena?
-Como para levantar campamento e ir para allá.
-Todos?
-Qué te dice un silo en un lugar donde hay viñedos?
-Que el que lo construyó no tiene idea de lo que es un silo o que los viñedos ya no reditúan tanto como los granos.
-Y entonces por qué ese silo está custodiado como si fuera un campo de concentración?
-Hay forma de acortar camino?
-Bajando por la montaña y después hacampotraviesa...
-A qué?
-A campotraviesa...- explicando- en todas las películas lo dicen...
-Sí, claro... está bien. Que empiecen a levantar campamento ya nos vamos. Cuándo llegaríamos?
-Haciendo el camino corto y descansando lo justo, un par de días... tal vez pasado mañana a la tarde o pasado pasado a la madrugada.
-Estoy realmente sorprendido de lo mal que hablás... hacampotraviesa, pasado pasado, sos una máquina de repetir brutalidades.- el hombre se sonrojó- dale pajarito volá y avisale al resto que salimos, nos va a hacer bien un poco de ejercicio. Si llegás a ver a Pinto o al Palomo mandámelos.
-A cualquiera de los dos?
-A cualquiera de los dos.- el hombre fue avisando uno por uno a todos los hombres que en total eran cincuenta o algo así. Fernando entró en su tienda. Elbéstides lloraba con las dos hojas de papel entre sus manos- Y a vos huevón, qué te pasa?
-Tu hermana es una mujer hermosa.- Fernando recordó la carta, se acercó a Elbéstides y éste extendiendo el brazo se la alcanzó. Fernando la tomó con sus dos manos y poniéndola frente a sus ojos la comenzó a leer, sin darse cuenta se encontró sentado leyendo y lagrimeando de alegría y melancolía, dos cosas que muy pocas veces se mezclan pero cuando lo hacen es la miscelánea más hermosa. Plegó la carta siguiendo los dobleces premarcados.
-Pero la puta, cómo la quiero a esta mujer.
-Saber que ella existe, me dan ganas de seguir adelante. Yo soy un imbécil- dijo de repente y sin sentido.
-Por qué te diste cuenta?- Elbéstides lo miró con cara de pocos amigos.
-Gustavo nunca me cayó bien y no podía explicar por qué...
-Instinto.
-Llamalo cómo quieras, me creaba mala espina- Pinto entró en la carpa. Elbéstides gruñó silenciosamente.
-Me buscabas?
-Cambio de planes... dónde está el Palomo?
-Cargando la camioneta.
-Bien, se van a quedar acá un par de días más; después van a salir y nos vamos a reunir en la carretera a treinta y nueve kilómetros de acá yendo hacia el sur, hacia la capital, en caso que nosotros no estemos, esperan hasta el amanecer, si no llegamos se van al refugio en la Ciudad Capital- el Palomo lo miró secamente debatiendo contra la protesta.-Qué?
-Nada sólo pensaba por qué un cambio tan abrupto en los planes?
-Estrategia, nada más...
-Nos vamos a poder comunicar entre nosotros?
-No, nos vamos a asegurar de que ustedes no tengan ningún medio de comunicación hasta que nos encontremos y si alguno de ustedes se llega a comunicar con alguien, nos vamos a encargar de que el que se haya comunicado pueda tan solo hablar con Dios.- dijo sonriendo, Pinto tragó saliva.
-Sí señor!- dijo Pinto, se dio media vuelta y fue a dar la noticia al Palomo y al grupo que los acompañaría.
-Me cría mala espina... por qué el cambio de planes?
-El grupo de reconocimiento encontró algo que puede llegar a ser útil.
-Gustavo?
-No, me aseguraron que a Gustavo no... pero que valía la pena ir todos.
-Por?
-Un silo en un viñedo custodiado fuertemente...
-Caramba, tal vez sí sea importante.
-Lo bueno es que además me va a dar tiempo para pensar en algo, tal vez pueda fijarme como solucionar este embrollo.
-Qué hacemos con esta tienda la desarmamos?
-No, que les quede al grupo del Palomo.
-Y con Pinto?
-Hay algo raro en él, en eso tenés razón... por eso creo que lo mejor es tenerlo cerca.
-Y si es enemigo?
-Lo único que me enseñó mi mamá es que a los enemigos hay que tenerlos más cerca que a los amigos.
-Tu mamá estaba loca...
-Como si yo eso no lo supiese, andá a buscar tus cosas y vamos, asegurate que todo quede tan natural como lo encontramos, y que no dejen basura tirada, hay que cuidar el ecosistema.- Elbéstides rió tontamente. Salió de la tienda y todo allí afuera estaba en un completo caos organizado, las tiendas y los hombres iban de acá para allá, recogiendo, guardando, asegurándose que todo esté en orden. Elbéstides se acercó al Palomo.
-Cómo está todo Palomo?
-Por ahora bien... buen tipo este Fernando, no?
-Gran tipo... oíme, hay algo que no huele bien, Pinto te contó ya lo que le dijo Fernando?
-Sí, pero nos parece una locura que nos incomunique.
-Nos?
-Sí, a Pinto y a mí, nos parece una locura.
-Pensá que si los llegan a parar en la ruta y no tiene con que comunicarse con nadie, nada van a sospechar de ustedes. Que anden con armas... en el estado en que está la República hasta es natural.- el Palomo lo pensó un segundo y puso cara de acierto.
-Caramba! así no lo había pensado.- Elbéstides se sonrió a sí mismo sintiéndose más astuto que nunca, tal vez por la buena yunta. Fernando releía la carta que Lucero le había mandado por medio del Palomo y después releía la lonja de papel arrugada escrita por Gésus, no sabía porque leía y releía alternándolas una con otra, había aroma a respuestas encontradas juntando una y otra, pero esta respuesta que buscaba era sutilmente dicha, tal vez la encontraría entre líneas.
-Ya estamos todos listos!- dijo Elbéstides interrumpiendo la hilvanación que silencioso Fernando tejía como una anciana aya.
-Y?
-Que nos vamos...
-Sí, claro... vamos- Fernando se puso de pie pensativo y salió después que Elbéstides. El Palomo, Pinto y otros cuatro se encontraban afuera de la tienda.
-Esta no se la llevan?
-No, quédensela ustedes...
-Disculpe pero...- interrumpió el Palomo- las cartas que me iba a dar?
-Te las doy cuando nos encontremos allá, recuerden, treinta y nueve kilómetros al sur por la carretera, nos esperan allá hasta el amanecer de pasado pasado- miró de reojo al guía sonriendo- si no llegamos vuelan a la capital.
-En caso que no nos veamos, decimos algo allá?!- preguntó Pinto.
-Sí.- dijo Fernando- que te maten por mufa.- Pinto primero quedó tieso como un cristal de roca, después sonrió como todo un idiota.
-Bien...- levantó el tono de voz Fernando- El nos guía, yo voy a ir con él adelante, los demás van a ir a cinco metros de distancia uno de otro formando un diamante, quiero que todos tengan los radios encendidos en la misma frecuencia, va a ser un camino largo pero tal vez sea el camino a la victoria, así que, si lo hacemos bien, podemos llegar a ganar mucho más de lo que jamás soñaron. Elbéstides vení conmigo, vamos.- Todos empezaron a caminar así como Fernando había dicho, Elbéstides le echó a Pinto una última mirada y éste lo saludó con la mano sonriendo falsamente. Fernando los miró y dejó que el grupo se adelante, se le acercó entonces a Pinto que miraba la bestial espalda de Elbéstides que se iba cargando todas las tiendas y demás cosas sobre sus hombros. La bestia ni siquiera transpiraba, Pinto volvió a tragar saliva como lo hacía siempre.
-Te pone nervioso, no?- le preguntó Fernando palmeándole el hombro.
-Realmente sí, me mira muy mal, parece que no confiara en mí...
-A mí casi me mata una vez, es muy peligroso cuando se enoja y es algo difícil ganar su respeto y amistad, pero en sí, es muy fiel cuando se encariña con uno... no te preocupes Pinto, yo me encargo de hablar con él, mientras cuidate que sos de fundamental importancia para lo que vamos a hacer. Una vez que nos encontremos allá donde quedamos, te voy a dar el lugar exacto donde está Gésus para que le lleves un paquete especial. Es lo que vamos a ir a buscar ahora.
-Cómo??- se sorprendió Pinto- Gésus no está con todo el resto en el lugar secreto?
-Estás loco! si Gustavo se entera del lugar secreto se los carga a todos y a Gésus se lo come crudo, y si se lo come a Gésus se acaba todo el destino que nos puede llegar a quedar.- Pinto miró a Fernando y éste le sostuvo la mirada como hacía siempre.- Cuidate, confío en vos!- Fernando le posó la mano en el hombro, sin saber por qué Pinto lo abrazó.- Hagan lo que Pinto.- dijo seriamente- Palomo, vos sos el segundo a cargo por cualquier cosa.- descansen y coman, nos vemos en dos días- Fernando desapareció entre los árboles montaña abajo.
-Es cierto eso que Gésus no está con todos en el lugar secreto?- le preguntó Pinto al Palomo.
-Yo no tengo la más puta, pero no me suena descabellado...
-Cómo que no sabés?!?!?- con falsa camaradería.
-Qué te pensabas, que yo sabía dónde quedaba el lugar, Dios me libre y guarde!, no están locos ni son estúpidos, un tal Colifa me trae las cosas a mí y yo las traigo para acá.
-Cómo? a dónde te las lleva...???
-Al cuartel, yo soy soldado.
-Y nunca les preguntaste nada?
-Sabés el dicho, menos pregunta dios y más perdona...- el Palomo prendió un cigarrillo y se dispuso a apreciar el hermoso atardecer que empezaba a hacerse notar estremeciendo el cielo de púrpuras, rosas y rojos. Pinto quedó en silencio sonriendo satisfecho con ser mano derecha y fundamental.
-Qué bien me siento!- se vanaglorió o vanaglorió, o en vano se creyó glorioso. Sólo a él le importó.

martes, abril 03, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 21ra entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XXXIX
Querido Fernando:
Hace cuatro meses que no nos vemos y que la lucha en toda la República se ha vuelto voraz, el pueblo tiene miedo de salir de sus casas y eso ha traído más caos todavía (por lo menos aquí en la Ciudad Capital). Los militares siguen autoacuartelados manteniéndose neutrales a toda situación, no tiran ni para un lado ni para el otro, por primera vez en la historia, parece ser que a los militares no les interesa el poder; dicen que no van a tomar parte del asunto hasta que los habitantes dejen de matarse entre ellos. En cierta forma tienen razón y son los que están actuando con la cabeza. Los militares piensan más que el pueblo, con esto te darás cuenta que todo está en serio patas para arriba.
Con Anselmo seguimos en la lucha, tenemos cada vez más adeptos pero la comida escasea y eso nos pone intranquilos.
Gustavo por estos lares brilla por su ausencia, el muy cojonudo se nos hace difícil de encontrar. Deberías ver que pena cómo están acá las cosas, los niños en las calles parecen buitres que devoran los cadáveres de sus mayores, y para peor aún, crudos. Los hubieras visto, salen en pequeñas manadas y llevan lo que encuentren hacia las alcantarillas donde viven, les rompen la piel a palazos, con sus manitos los despellejan, comen sus entrañas, los músculos, con los estómagos se hacen chaquetas que parecen ser abrigadas e incluso impermeables, con los esófagos hacen cornetas con las cuales tocan músicas tristes en las noches sin luna (demás está decirte que desde hace mucho tiempo no hay luna ya que esto vos lo sabés).
Todavía me cuesta creer como todo se ha ido al demonio, la gente no quiere cooperar a que las cosas cambien y en cierta forma es comprensible. Gésus no se ha quebrado, yo pensé que lo iba a hacer tarde o temprano, pero el muy cabrón todavía no se quiebra. Me imagino que sabrás que todavía quedamos algunos en la capital de la República, la mayoría son los que hace cuatro meses atrás llamábamos los de recursos bajos, claro, al ser de bajos recursos no pudieron huir como lo hicieron los otros que ahora están en otro país, en otra república. Anselmo ha caído enfermo un par de veces debido seguro a la mala alimentación; y me vieras a mí, jamás me hubiese imaginado lo que soy, enfermera soldada y cocinera. Acá donde estamos refugiados cuidamos de la gente que ha llegado a veces para sumarse a nosotros, las otras para pedirnos ayuda... Yo, ya sabía que si la lucha duraba más de dos meses íbamos realmente a estar en serios problemas...
Estoy flaca, más flaca de lo que una mujer siempre quiso y sin embargo tengo la fuerza de la ira que me carcome por dentro; aún me cuesta creer que haya convivido la parte más feliz de mi vida con la misma persona que causa la infelicidad y la desdicha de tantos otros. Gésus casi no duerme, ya que está haciendo cosas todo el tiempo, sale vuelve, lleva, trae, sigue con su humor de pocas pulgas, putea, pergeña y te recuerda con cariño. Ya ninguno de nosotros acepta el hecho de haber perdido, pero creemos que sería lo mejor pedirle ayuda a la O.M.N. Aunque en sí no sabemos si hacerlo. Te amo con toda el alma y te escribo ahora ya que no sé si voy a mantenerme viva por mucho tiempo más; los brazos me pesan y el alma se me ha hecho a un lado.
Durante los primeros meses no sabés que equipo hacíamos con mi picho, me entrenó en algunas artes marciales y nos cargamos a quien viniese y a cuantos viniesen. Tengo tanto miedo de no poder darle a Gustavo lo que se merece... Disculpame, pero me siento una hija de puta, sé que allá donde vos estás las cosas son peores y que apenas pueden conciliar la realidad y que esta carta no te va a ayudar en lo más mínimo, pero realmente ni siquiera creo que te llegue.
A propósito, cómo está Elbéstides? Apenas le leas esta carta (que seguro lo vas a hacer) dale un abrazo gigante a ese osote mío y contale, contale que su casita es la única que no fue atacada, la única a la cual nadie pudo entrar y ni siquiera tocarla, algunas de las viejas locas que llegan acá, han llegado a crear y creer historias; que hay un algo de magia que protege esa casa, yo nunca lo he visto pero aseguran que desde allí adentro un fulgor verde se puede ver de noche, y que si uno es una persona libre y buena, puede escuchar la risa de una niña de quince años riendo de la forma más pura. También decile que la gente que por allí pasó, ha dejado ramos de flores en la puerta, dicen que estar allí cerca y escuchar la risa de esa niña les aviva la llama del corazón y que esa misma llama les da ganas de seguir buscando respuestas.
Por mí, no sé cuánto tiempo me quede, nunca me había sentido así en mi vida. Yo estoy segura que voy a morir aunque Anselmo me reta cada vez que le digo que eso va a pasarnos, cuando lo hago... él me mira seriote (vieras lo serio que se pone) y después me dice ..." si vos te morís, así de flaca como estás, no vas a alimentar a nadie así que sobreviví hasta poder engordar y ahí si morite, fea"... después de decirme eso (siempre me dice lo mismo), me besa y vieras con que amor me besa, muy pocas personas en mi vida me han arrancado una sonrisa, y bien sabés que no estoy hablando de esas sonrisas que se arrancan así nomás, estoy hablando de esas sonrisas que parecen envolverte de una cálida luz ámbar la cual te da más fuerzas para seguir. Aunque creo que mi reloj ya está en cuenta regresiva. Por qué insisto con esto? Porque no quiero que mi muerte te llegue de sorpresa como nos llegó la de mamá, que a pesar de haber sido la más hija de puta, pasado el tiempo, no sé por qué mierda no le guardo rencor. Ay Fernando! Te amo, te amo con todo lo que he perdido que es más de lo que poseo, te amo con toda mi alma que ha sido golpeada de una forma en la cual ya no me quedan sueños, sólo me quedan realidades frías y duras, recuerdos cálidos de vos y de esa bestia melosa que te acompañó porque sabía que yo con Anselmo estaba harto segura y que antes que yo muera él mismo daría su vida si eso fuera necesario para que yo siga (de hecho lo está haciendo).
La otra noche mientras cuidaba unas personas que deliraban de hambre y de sueño, una que parecía estar en sus cabales, me tomó la mano y me miró a los ojos con la mirada necesitada y me preguntó qué cambiaría yo de mi vida, miré hacia el pasado, miré el presente y le dije que cambiaría mi futuro, el hombre sonrió con una sonrisa linda y me dijo que él cambiaría haber nacido y más luego murió, murió sonriéndome, tomándome la mano y yo... lo vi morir en mis manos y me dí cuenta que sí... realmente cambiaría mi futuro, no el que me hice, si no el que por destino me tocó vivir.
Un beso al osote y decile que mi corazón es suyo y que no sé por qué pero yo creo que Esperanza está viva, que siga esperándola que ella por él, tan sólo por él, va a volver. En caso que esta carta te llegue (aunque no creo), no quiero que te ponga triste porque pensás que estoy triste, realmente estoy cansada y feliz ya que gracias a vos, a Gésus, a Victoria, a Colifa, a Elbéstides, a Nosferatu, a Esperanza encontré una forma de darle sentido a la vida y gracias a Anselmo encontré ese secreto, que por ser el más lindo, la vida guarda con tanto recelo.
Por primera vez me siento llena, llena y feliz.
Te amo con el alma.

Lucero.

Una gota salada de alma desdibujó sonriente un poco el nombre de Lucero que plegó el papel en varias partes, lo metió dentro de un sobre en el cual escribió ..." mirá vos Fernando, la vida tenía un sentido"..., cerró el sobre cuidadosamente pasando la lengua por el viejo pegamento que ya casi no pegaba. Apagó de un soplido la vela, besó al pálido Anselmo que descansaba a su lado en los lívidos labios que intranquilos en manos de las pesadillas, toscamente descansaban. Se echó a dormir.
Pero mirá que joda! Todo había sido una pesadilla, una pesadilla de acción por así llamarle, había sido difícil el verse tan vieja y flaca, vieja flaca pero hermosa, realmente hermosa. Con sus tibios pies pisando el suelo apenas, fue hasta la habitación de Fernando y se le acuclilló al lado, como siempre Fernando dormía a pata suelta, una lágrima le escapó y le cayó en el dorso de la mano a Fernando que chiquitito se despertó y la vio a su hermana llorando a su lado. Le pegó en la cabeza con la palma abierta.
-Qué hacés? estás loca!, salí de acá, salí de acá!- Fernando se había puesto como loco y la pequeña Lucero aterrada se ponía a llorar y se cubría el rostro con las dos manitos, después de semejante pesadilla ya no quería ver más.- No, no llorés, no te tapes los ojos, salí, salí de acá rápido, salí!- le gritó Fernando saliendo de la cama, tomando una botella de vidrio y arrojándosela por la cabeza. La botella estalló allí arriba del marco de la puerta y los vidrios le llovieron encima haciendo ruido a ventana rota. Se descubrió el rostro y abrió los ojos. Un par de hombres entraban por la ventana y por la puerta, manoteó un costado y en las sombras vio la sombra de Anselmo que ya estaba de pie y luchando contra uno, Lucero se tocó los pechos asombrada y se dio cuenta que el sueño había sido otro y que la realidad, era la pesadilla. Saltó de la cama hacia una sombra con una pierna extendida, se veía poco y todo era confuso, aún el sueño soñado le rebotaba en las sienes, seguía sintiéndose cansada, pero amanecía, al menos una luz mortecina venía desde algún lugar iluminando las sombras. Escuchaba los golpes que venían del otro lado de la habitación, trastabilló al pisar unos vidrios que le abrieron ligeramente el talón, tomó un vidrio del suelo y lo comenzó a usar como puñal aunque éste le cortaba los dedos. Ya no quedaban sombras en lo oscuro quedaban tan sólo cadáveres en el piso y los que no eran cadáveres eran agonizantes hombres repletos de quejidos.
-Anselmo!- fue lo primero que dijo.
-Qué?- se escuchó doloso.
-Dónde estás nabo?
-En el infierno princesa! vos?
-Tomando sopa con Satán!- un ouch se escuchó de un rincón.
-Mujer que joder! te los cargaste a todos vos solita...- un rayo de luz entraba tímido por algún lugar.
-Cómo y vos no hiciste nada?
-Qué va! sabía que podías...
-Gracioso.- Anselmo se le acercó pisando raro.- qué te pasa?
-Me caí al bajar de la cama... salgamos de acá.
-Quiero que terminemos con esto y nos vayamos a vivir a la playa...- le dijo silenciosa mientras lo cargaba en su hombro y lo ayudaba a avanzar.
-Con mi sueldo, por favor, no te basta con todos estos lujos!?- le dijo él sonriendo, Lucero también sonrió. Salieron de la habitación en ruinas, de paredes quemadas y techo de vez en dónde.- Te quedan balas?
-Un par... vamos a tener que ir a buscar.- Anselmo la miró sorprendido.
-Chá 'e tu mar'e estás sangrando boluda!
-Qué horror no me había dado cuenta! Dale, caminá.
-Te lastimaron?
-No, me corté con los vidrios nada más.
-Por qué no nos fijamos si alguno de esos tipos está armado?
-No creo, estoy segura que los desarmamos a golpes.-
-Je, je, me voy a fijar...
-No- Lucero le posó la mano sobre el hombro.- Yo voy, descansá un ratito más. Lucero entró de nuevo en la habitación. No encontró mucho, pero a veces algo es mejor que nada, aún a un lado de la vela estaba la carta que había escrito por la noche, con tanto lío la había olvidado por completo, mirá que raro. Salió del cuarto y se encontró con Anselmo de cara al sol sonriendo disfrutando de su suave caricia, una alegría le recorrió el cuerpo al verlo todavía, a pesar de todo, con esa cara de atorrante que Anselmo poseía.- Dale, vamos!- lo ayudó a ponerse de pie.
-Encontraste algo?
-Llaves.
-Si ya veo qué?
-No ya ves, sino entre otras cosas llaves. Debieron haber venido en algún medio de locomoción que necesite llaves, si necesita llaves tiene motor y si tiene motor, va a tener nafta y si tiene nafta...
-Ya entendí desquiciada, ya entendí.- la detuvo en su labia.- Vamos a buscarlo- dieron vuelta a la manzana, un grupo de niños salieron de la nada con las tripas crujientes y baba en la boca. Anselmo disparó una vez al aire, los niños detuvieron su ataque aunque como buitres o como tiburones daban vuelta en torno a estos dos.
-En esa cosa de allá tienen comida fresca- les dijo Lucero con tono maternal. Los niños los miraron y ambos estaban golpeados y sangrando, lesos... eran presas fáciles pero siempre un muerto es más fácil que uno vivo aunque éste se encuentre agonizante. El que parecía ser el mayor de todos, agradeció con una graciosa voltereta y salieron corriendo hacia el lugar que habían dejado atrás. Caminando con dificultad recorrieron la zona sin encontrar medio de locomoción alguno.
-Mierda!- bramó Anselmo medio fulo- dónde carajo lo habrán dejado?
-Qué buscan?- se escuchó una voz fémina típica de niñez lampiña.
-Qué quieren?
-Ahora nada, ya comimos, tal vez jugar un rato.
-Cuántos años tenés?
-Trece- le dijo orgulloso.- Qué buscan?
-Te pareces al principito.- el grupo de niños se miró confundido.
-Ah que bueno... qué buscan?- Lucero sonrió de costado.
-Estamos buscando en lo que vino su desayuno.
-Nuestro almuerzo de ayer querrá decir.
-Cómo sea!
-Los vimos salir de ese lugar.- dijo señalando con la cabeza hacia una boca de desagüe al costado de la calle. Anselmo y Lucero se acercaron y en efecto, allí adentro escondida, una camioneta había. Lucero y Anselmo sonrieron. Entraron a la camioneta (que más bien era del tipo combi), la revisaron y encontraron además de armas, comida en conserva. Anselmo se asomó por la puerta lateral de la camioneta y miró a los niños que desde afuera los miraban.
-Qué dicen... vienen con nosotros?- Lucero lo miró sonriendo. Los niños titubearon.
-A dónde?- preguntó el cabecilla.
-A otro infierno...- Lucero le pegó a Anselmo en el brazo.
-Hay comida?
-Poca, pero al menos no van a tener que andar comiendo muertos.
-Qué va! no tenemos nada que perder!- subieron a la combi en grupo y la misma, piloteada por Anselmo, se alejó de aquel lugar. La camioneta avanzaba por las calles céntricas de la Ciudad Capital, parecía un pueblo fantasma, ni el recuerdo de lo que había sido una gran ciudad quedaba, parecía vacía y carente de vida, pasaron por los restos de lo que alguna vez fue el bar de Colifa, los ojos de Anselmo se llenaron de recuerdos alegres y una rara melancolía expelía su suave aroma. Los niños en silencio viajaban en la parte trasera, algunos jugaban sus infantes juegos; contaban en voz alta la cantidad de muertos con moscas alrededor que se encontraban tirados en las calles con la carne seca o podrida, depende si estaban al sol o a la sombra, otros dormían y el cabecilla parecía estar pensando en algo. Lucero los miraba por el espejo retrovisor sonriendo, entre ella y Anselmo de vez en cuando intercambiaban miradas. Se dirigían al norte a veces rápido otras lento, dependía de la situación externa que aquejase. Llegaron a una nada donde un fuerte olor a podrido teñía el todo. Todos bajaron de la camioneta, menos Anselmo que tomó el recaudo de esconderla bien en un lugar apartado.
-Andá yendo que yo ya voy...- le dijo antes de ir a esconderla.
-Vas a estar bien?
-Qué pregunta, claro que sí!- se despidieron con un dulce beso.
-Vamos?- preguntó Lucero a los niños, estos niños no contestaron pero era obvio que ya estaban dispuestos. Caminaron algunas cuadras en fila hasta llegar al riacho contaminado, por su margen izquierda siguieron camino hasta que unas cuantas cuadras más adelante se divisaba la fábrica de botellas de plástico.
-Dónde vamos?- preguntó el de trece.
-A esa fábrica- desde los ojos de esos niños la fábrica parecía un palacio. Llegaron a la misma y ésta se encontraba desierta. El cabecilla de esta infante banda parecía estar nervioso y miraba a todos lados con desconfianza. En medio de una cintas transportadoras, Lucero se agachó y levantó una tapa del suelo.
-Métanse acá.- les dijo suave y segura. Todos se la quedaron viendo fijamente.
-Vos primero- ordenó el de trece.
-Cómo quieran!- Lucero bajó primero y llegó hasta un pasaje subterráneo que poseía la fábrica, parece ser que estos pasajes eran usados, no mucho tiempo atrás, para eludir impuestos y almacenar cosas y negocios sucios.
-Caminen atrás mío es muy fácil perderse acá adentro- y mirá que era cierto, un laberinto de oscuros pasillos se formaba allí debajo, una rata caminaba por uno de los tubos de metal que vaya a saber dios qué bosta les correría por adentro. Lucero tomó la rata y la desnucó con hábil movimiento de manos. La guardó en su bolsillo.
-Si ven más ratas, agárrenlas que son ricas...- los niños sonrieron. Caminaron por los túneles media hora y al fin llegaron hasta un lugar, donde un montón de gente parecía estar acostumbrada a vivir allí. Haber visto cómo se las habían arreglado para hacer una breve comuna subterránea.
-Qué es ésto?
-Nosotros le llamamos el purgatorio.
-Estamos cagados entonces!- dijo el niño riendo. Lucero le acarició la cabeza con un cariño que ella jamás había recibido, se acercó hasta una puerta cubierta por una lonja de plástico, de las sombras y de la nada una morena mujer apareció sonriendo con los brazos abiertos prestos a un abrazo.
-Victoria!- exclamó Lucero abrazando a la mujer que venía.
-Más chicos!- exclamó feliz Victoria que tosiendo leve llegaba.- y qué lindos que están!- dejó de toser sonriendo como sólo ella sabe hacerlo.
-Te los dejo?
-Ey, momentito!- exclamó el cabecilla.- dónde vas?
-Para allá... a buscar a Anselmo- dijo Lucero señalando al cielo raso.- Quédense con ella que les va a mostrar todo, yo después los voy a venir a visitar.- el niño aceptó y los otros por supuesto lo siguieron.
Anselmo llegó caminando con dificultad.
-Picho estás bien?
-Me duelen hasta los pelos del culo mirá!
-Quejoso!
-Hasta el día de la muerte! vamos a verlo a Colifa.- se metieron por otro laberinto de pasillos menos largo, hasta llegar a otro espacio abierto, hombres y mujeres de todo tipo, colores y edades trabajaban bajo la tierra abriendo más espacios a fuerza de picos y palas.
-No saben dónde está Colifa?- le preguntaron a uno.
-Por allá!- exclamó. Subieron una escalera que iba pegada a la pared hasta llegar a otro lugar. Distinguieron a Colifa entre un montón de gente que peleaba. Colifa los separaba y retaba a los dos causantes de tal oprobio.
-Lo único que falta! cagarnos a piñas entre nosotros, todos estamos igual de desesperados carajo!- bramó con bronca lastimera mientras Nosferatu se refregaba la cabeza.
-Ey cabezón!- gritó Anselmo. Colifa se dio media vuelta y se puso más contento que perro con dos colas. Nosferatu sonrió.
-Al fin llegaron, pensé que algo terrible les había pasado-
-Gracias- dijo sonriente Lucero agarrando coqueta a Nosferatu.
-Tuvimos que pasar la noche afuera y casi nos pasa algo terrible pero Lucero estornudó y vos sabés con el sifón que ésta tiene por nariz...- Lucero le pegó suave a Anselmo en el brazo mirándolo con cara de bicho feo.
-Están hechos pelota, vamos a la enfermería.- Colifa los abrazó a los dos juntos. Qué flaco que estaba Colifa, tal vez a él se le notaba más. Tenía bajo los ojos unas motas moradas que denotaban todo su cansancio.
-Cómo sigue todo acá?
-Tenso, más tenso que antes, la comida está empezando a hacer más y más falta, la gente está muy nerviosa, ya los vieron cómo se cagaban a piñas allá y saben por qué- preguntó retórico- porque uno decía que tenía el pico más grande que el otro...- llegaron a un lugar donde muchos hombres y mujeres se quejaban dolosos en el suelo, acostados. Cipriano se les acercó sonriendo.
-Y a ustedes dos?
-Un problemita en la superficie.
-Nos quisieron cobrar la noche en un hotel que ni techo tenía.- Cipriano les sonrió.
-Cómo se sienten?
-Me he sentido peor.- el hombre lo miró a Anselmo.
-Usted va a necesitar dormir un rato y unas vendas.
-Como si tuviéramos tiempo para descansar.
-Siempre hay tiempo! y a vos chiquilla?
-Creo que he parido...
-Si hubiese parido estarías con una sonrisa de oreja a oreja, llorando a moco tendido o muerta. Vas a necesitar vendas y que te limpien las heridas... pero mirá como tenés la mano!- Nosferatu lamía con cariño murciélago.
-Me corté con papel glasé en clase de actividades prácticas.
-Si, claro... vayan para allá y saquen las cosas que necesiten del armario.
-Hace falta algo?
-Sol, arena y mar... tal vez montaña y lago pero el sol creo que es fundamental.
-En serio Cipriano...
-Siempre hacen falta cosas! vamos vayan!- se dirigieron hasta el armario y se curaron mutuamente como dos gatos que se quieren y se lamen. Apareció Gésus tras la puerta y se les acercó sonriendo. Nosferatu lisiadamente sentado miraba.
-Me dijo Victoria que vinieron, y que además encontraron a los siete enanos.
-No digas eso que me hacés pensar en blanca nieves.- dijo Colifa tocándose la nariz. Sonrieron. Nosferatu estornudó.
-Alguien sale hoy?.- preguntó Lucero con fuerza ya que apretaba un poco más la venda de Anselmo que emitía un sordo quejido.
-No seas mariquita!
-Con nosotras no se metan!- dijo uno que la jugaba de enfermera.
-Sale alguien o no?
-Sí, van a salir hacia la provincia a buscarlo a Fernando, parece que está manejando bien las cosas...
-Claro, es mi hermano- dijo orgullosa Lucero- que le lleven esta carta, si es posible, claro.
-Tus deseos son órdenes, hermosa dama- le dijo Gésus besándole el dorso de la mano, Lucero sonrió haciendo una graciosa reverencia.- Descansen un rato... ah!- dijo recordando- las cosas de la camioneta, estaban limpias y la camioneta también, las armas funcionan de maravilla así que... gracias.
-No hay porque.- Gésus se dio media vuelta sacudiendo el sobre.
-Le hablaste de mí al tarado éste?
-Ni una sola palabra- dijo besándose el dedo como si ésto fuera una promesa.
-Puta que además de jodida sos tramposa!
-Es mi chica, qué otra cosa podrías esperar de ella- sonrió Anselmo mientras le pasaba yodo en una herida y Lucero se mordía el labio para no gritar. Gésus finalmente se fue más tranquilo ya que pese a estar todos machucados aún seguían con la estupidez a flor de piel.

XL

-No sabía que en la República existiesen estas cosas.- dijo Fernando con el rostro rosado gracias al sol que amanecía tiñendo de oro las copas de los árboles del valle al pie de la montaña. Más allá del valle, la orilla del lago en el que se repetían las tonalidades brillantes de un amanecer espléndido en un cielo con nubes fluorescentes. El verde aroma le llenaba el alma y los pulmones de aire puro; sonrió sintiendo culpa. Hace rato que no sabía nada de la Ciudad Capital, el mensajero llevaba un par de semanas de retraso y la última vez que eso había pasado, lo encontraron, colgando descuartizado de un árbol en medio del bosque. Se sintió solo por un momento, volteó su cabeza y lo encontró a Elbéstides con la mirada perdida dentro de la inmensa palma de su mano que contenía una piedrita la cual siempre miraba con harto amor. Le pegó en la cabeza con la palma abierta y salió corriendo, Elbéstides se puso de pie y lo corrió por el bosque. Se detuvo en un claro donde los árboles parecían no animarse a crecer, miró hacia todos lados con desconfianza, el instinto lo llevó a internarse en el otro lado del claro, Fernando le cayó en la espalda, Elbéstides se lo sacó de encima con una sola mano, lo puso frente a sus ojos y poniéndose el índice contra la boca le indicó silencio.
-Qué mierda al pedo! estoy harto de este bosque de mierda- se escuchó desde algún lugar. Fernando señaló a Elbéstides y después hacia un costado. Elbéstides asintió con su tremenda cabeza y se fue hacia el otro costado donde Fernando había señalado, Fernando juntó los hombros y se fue hacia el otro lado. Como ladrones avanzaban cada cual por su lado, pisando apenas, tratando de no hacer siquiera un ruidito, tratando de ni siquiera respirar muy fuerte por miedo a que su respiración sea escuchada por algún indiscreto y peligroso merodeador.
-Dejá de quejarte carajo! Todo el tiempo quejándote y a las puteadas, qué preferirías estar en la capital?
-Preferiría estar en el mesmo averno- contestó la primera voz que se había oído, a cada segundo las voces se escuchaban más y más cercanas.
-Claro... cuando vivías en lo de mamá también te quejabas!
-Vivir con tu madre es peor que dejarse coger por el Diablo mirá!
-Mamá es una santa!
-Sí, pero no entiendo por qué mierda no se va al cielo con las demás santas.- Al fin las voces se hicieron visibles al un hombre y una mujer entrar en el claro aquel. Fernando sonrió recordando a Marisa. Realmente la recordaba a cada momento y mientras más pasaba el tiempo más la recordaba, más la sentía en su pecho.
-Tengo hambre.
-Si, qué noticia!- la mujer rompió a llorar.
-Me tenés cansada!- el hombre con cara de fastidio le hacía mímica burlonamente.- Siempre lo mismo nunca me escuchás... todavía no entiendo qué carajo hago con vos.- Fernando sonrió aburrido y del otro lado del claro la bestia miraba a ambos con la seriedad demostrada en su ceño fruncido y atento. La mujer entre lágrimas cayó rendida al piso cubierto de dichondra. El hombre la escuchó caer y se dio media vuelta, la comenzó a cubrir de golpes, del otro lado del claro la bestia saltó salvaje y de este lado, Fernando salió a las corridas contra la pareja, la mujer que se cubría de los golpes con una mano tomó una piedra y con ésta le golpeó la cabeza, el hombre quedó tendido boca abajo sobre la dichondra tiñendo con su sangre la suave y verde alfombra. La mujer empezó a gritar presa de pánico. Se sintió un breve sismo con la caída de la bestia sobre el hombre que pasó a ser un asunto enterrado. Fernando llegó a la mujer y la abrazó, ésta le devolvió el abrazo con sus manos y brazos aún temblando por los nervios, por los miedos. La mujer hundió su rostro en el pecho de Fernando y allí depositó las lágrimas que caían.
-Vamos a llevarla?- preguntó Elbéstides saliendo del pozo que se había hecho al caer. Fernando asintió tratando de soltarse, pero la mujer estaba agarrada como garrapata y ninguna de las tantas sutilezas intentadas en vano lograban que ésta se suelte.
-Qué hacemos?
-Llevémosla, rasgame un pedazo de la camisa.- la bestia rodeó a Fernando y al llegar a su espalda tomó la camisa de un lado y de otro, cerró apretando apenas los puños, Fernando quedó con el torso desnudo y Elbéstides sonriendo tontamente quedó con la camisa hecha un jirón colgando de la mano.- No cambiás más la puta madre- dijo empezando a sentir el frío de la mañana en cada lágrima gélida que le caía por el pecho desde los ojos de esa mujer que seguía llorando.- Vendala, pero por las dudas dejá que el nudo lo haga yo.- Elbéstides rodeó los ojos y la cabeza de la mujer con la camisa rota, ésta, (no la camisa sino la mujer) empezó a gritar temerosa de que le hicieran algo.
-Suéltenme, que me quieren hacer!- gritaba como loca.
-Nada! Solo que la vamos a llevar a un lugar secreto que...- la mujer empezó a repartir golpes para todos lados, proporcionándole a Fernando un par en la cara que se le desdibujaba y comenzaba a ponerse de muy malhumor. Elbéstides posó el índice sobre el centro mismo de la cabellera de la mujer que tiraba golpes a diestra y siniestra, presionó apenas y ésta quedó flácida entre los brazos de Fernando. tal vez desmayada.
-Qué hiciste, energúmeno?
-Espero tan sólo haberla desmayado.
-Fantástico! lo único que me faltaba, si está desmayada para qué necesitamos vendarla y si no necesitamos la venda para qué cuernos me dejaste en cueros?
-Parecés una nena!- Fernando ardía de mal humor.
-Mierda!- gritó enojado- Vamos!- le dijo. Elbéstides tomó con dos dedos a la mujer y se la echó sobre el hombro así nomás. Avanzaron entre los troncos del bosque que se erguían hacia el cielo. De las copas de los árboles cantos de magalíclaros bañaban los en derredores haciéndolos parecer encantados, el arroyo caía montaña abajo cantando a tono con los magalíclaros. La luz del sol apenas se colaba en forma de haces quebrados entre los follajes verdolagas de las copas, las hojas secas de los árboles hacían como una alfombra marrón, manchada de vez en cuando por la dichondra suave que cubría el suelo de la montaña que subían.
-Faltan los duendes no?
-Siempre lo pienso cuando paseo por este bosque.
-A Esperanza le hubiese gustado mucho este lugar.
-Habría que estar loco para que este lugar no te guste.- el silencio del bosque se hizo escuchar entre éstos que caminaban silenciosos después de intercambiar palabrareríos rápidos.
-Cómo está?
-Sigue desmayada pero un poco más inquieta.
-Eso significa que está mejor... mierda que estamos lejos!- dijo cansado- tendríamos que poner aerosillas o algo así para que venir hasta acá sea un poco más cómodo.
-Ahá!- dijo Elbéstides con falsa comprensión.- ya falta poco...- caminaron un rato más bosque adentro y montaña arriba, unas risas se escuchaban. Llegaron a un precario campamento donde un montón de personas reían hasta la lágrima.
-Qué pasó acá?- preguntó Fernando.
-Era cierto! está casi en pelotas!- se escuchó un jocoso grito. Fernando se vio semidesnudo y rió fuertemente. Todo era risotadas y diversión, parecían estar viviendo en el momento de algarabía de un dibujo animado japonés.
-Quién es la mujer?- preguntó uno que se acercaba a ellos.
-No sé, mató al marido de un piedrazo en la cabeza, se sentía sola y lloraba a moco tendido, Elbéstides le tocó la cabeza ya hace rato y todavía sigue desmayada. Denme algo para ponerme que me estoy cagando de frío.
Pasaron algunas horas, el sol ya estaba diciendo desde lo alto que era más o menos el mediodía y además de olor a bosque, el olor a almuerzo se hacía sentir en las entrañas que crujían. Fernando estaba en su tienda atendiendo un poco a los recuerdos, otro poco al futuro y lo que restaba lo usaba para sacarse mocos de la nariz.
-Señor- interrumpió el asqueroso mas necesario menester uno que entraba.
-Por qué señor? quién soy il padrino!?- el hombre sonrió.
-Tiene correo.- dijo extendiendo el brazo acercándole dos sobres.
-Llegó el Palomo?
-Recién.
-Me hacés un favor?
-Pero cómo no...
-Denle de almorzar y que pase por acá antes de irse...
-No problem- el hombre se dio media vuelta y se fue. Fernando tomó ambos sobres y comprobó cual era el más pesado, comparándolos. Uno indudablemente era de Gésus, el otro tenía escrito ..." mirá vos Fernando, la vida tenía un sentido"... sonrió después de casi asustarse. Si algo malo le hubiese pasado a Lucero, le hubiesen avisado en el acto. Guardó la carta de ella en un bolsillo y abrió el sobre que Gésus le había mandado. Desdobló las hojas, se recostó sobre el respaldo de la silla y comenzó a leerla detenidamente; Fernando hizo de la carta un bollo de papel y puteó fuerte. Salió de su carpa.
-Pinto!- gritó, uno de tantos se le acercó.
-Si?
-Haceme el favor de buscarlo a Elbéstides y traiganme ahora al Palomo. Pinto salió corriendo y un minuto más tarde dos hombres entraban a la carpa de Fernando sosteniendo al Palomo por las axilas, lo tiraron despreciativos a los pies de Fernando.
-Qué mierda hacen?- los hombre quedaron fríos ante la reacción de Fernando.
-Pinto nos dijo que...- dijo uno.
-Pinto las pelotas!
-Las pelotas de quién? Señor!- dijo el Palomo desde el suelo que ya no podía contener más la risa. Fernando meneó la cabeza de un lado hacia otro, se estiró la cara con una mano y movió la palma como sacándose moscas de encima. Los dos hombres se retiraron mientras el Palomo se terminaba de poner en pie y se le acercaba.
-Está todo para la mierda allá, no?
-Realmente sí...- dijo aún tentado.
-En qué viniste?
-En una combi...
-Bueno... bueno, te vas a llevar comida, toda la que nosotros tengamos acá y la vas a cargar en la combi, no te vas a ir solo, te va a acompañar Pinto con un grupo de cuatro, que de paso cañazo van a cuidar que todo llegue. Terminá de comer y una vez que termines pasá por acá que te voy a dar una carta para que le lleves a Gésus y otra a Lucero, mientras preguntá por ahí si alguien más quiere mandar algo y llevátelo. Hoy mismo.- Elbéstides entró en la carpa.
-Me llamabas Fer?
-Sí, andá a comer Palomo- el Palomo se retiró.
-Malas noticias...
-Ni buenas ni malas, tan sólo noticias.
-Qué pasó?
-Escuchá..." Intimo Fernando, bla, bla, bla... todo se está cayendo, esta resistencia de acá ya no resiste más, le falta poco para quebrarse, la gente se ha dividido entre los refugiados, los ellos y los nuestros. Cada vez tenemos más desertores y no es porque sean mala gente si no que los que dependen de Gustavo, se dice, que tienen comida y comodidad, mientras que nosotros parecemos estar muertos. Vivimos bajo tierra y por ahí mismo nos trasladamos mediante túneles que estamos haciendo a fuerza de picos y de palas. No sabés hace cuánto que no tenemos luz solar y creo que eso además de dividirnos más, nos hace pensar sin claridad. Me equivoqué en algo, estoy seguro de eso pero no sé en qué. No puedo dejar de sentirme responsable por todo lo que está pasando. Te juro que más de una vez he tenido ganas de mandar todo a la mierda y dejar que Gustavo domine todo, pero no sé que hacer, tal vez si Gustavo maneja todo las cosas se pondrían mejor. Necesito tu opinión. Un abrazo y espero que sepan disculpar mi error. Gésus Acrata Kalón"... y, qué opinas?- Elbéstides se rascó la barbilla pensativo.
-Así... terminar todo así, tiene que haber una salida...
-Por de pronto, les voy a mandar con el Palomo comida y a él lo van a acompañar Pinto y unos cuatro hombres- Elbéstides se rascó la cabeza raramente.-Qué?
-Ese Pinto, me da algo que no se cómo explicarlo.
-Bueno o malo?
-Me cría mala espina.
-También escribió Lucero.
-Qué dice?- Fernando metió la mano en el bolsillo y sacó el sobre para alcanzárselo? a Elbéstides.
-Leéla.
-No sé si deba...
-No vengas con boludeces, ahora tengo que pensar en algo más, tengo que pensar como pensaría Gustavo... leéla. Y hasta que yo no vuelva que el Palomo no vuele- Fernando salió de la carpa a ver si encontraba soluciones tiradas por el suelo del bosque. Elbéstides encontró un lugar cómodo, cruzó las piernas, abrió el sobre y tímidamente comenzó a leer la carta. Fernando subió hasta una piedra saliente en una de las laderas de la montaña la cual él llamaba de cariño ..." la sillita de piedra cerca de la cima para pensar cuando uno está realmente consternado"... allí se sentó y se puso a pensar.

lunes, abril 02, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 20ma entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XXXVII
-Qué chiste! todo el circo junto y uno de los payasos muere de un infarto- rieron varios de los que allí estaban. La puerta de entrada se abrió y Gustavo la atravesó con la seriedad denotada en las cejas.
-Daños?- preguntó.
-Pocos, hubo más bajas, el grupo tres fue baleado por completo, no se salvó ni uno, del grupo piro sobrevivió el enano, y el grupo dos voló la mitad del dinero.
-Cuánto pudieron sacar?
-Un buen billete.
-Qué tan bueno?
-Pongámoslo así, si fuese un cereal sería avena.
-Bien, muy bien...- dijo acariciándose la barbilla.- Qué pasó con Talmarital?
-Paro cardíaco enfrente de cámaras, dos médicos, ambulancia, Acrata Kalón lo acompañó.
-A qué hospital lo llevaron?- un silencio trémolo cubrió la habitación cual mortaja.- Qué pasó con Talmarital?- reformuló la pregunta aunque un poco más serio.
-Lo perdimos...- susurró uno. Gustavo apretó los párpados con fuerza.
-Se les escapó...
-Estaba muerto jefe, lo vimos caer, lo llevamos hasta la ambulancia y no reaccionaba, estaba muerto.- dijo uno poniéndose de pie. Gustavo les daba la espalda a todos y movía los brazos de una forma extraña.
-Digamos en porcentajes...- exclamó retórico- cuán muerto estaba?
-Un noventa y nueve- dijo con una sonrisa sobradora, que le duró lo que dura una bala en atravesar un cuarto e incrustarse en la cabeza del que como todo un idiota se quiere pasar de vivo, el hombre cayó sentado, muerto, un segundo después que la bala hizo lo que debía. Todos los que allí estaban miraron hacia otro lado silenciando sus temores en una inventada distracción.
-Noventa y nueve por ciento, ustedes se dan cuenta que el pichón voló, no? Alguien se dio cuenta de eso, aunque sea lo sospechó?- un hombre se puso de pie. Gustavo lo miró haciendo el esfuerzo en tratar de saber de donde se le hacía, que a este hombre de pie frente a él, le tenía cierto respeto.
-Lo seguí hasta la fábrica del norte, la del riacho, se deshicieron de la ambulancia hundiéndola en el riacho por supuesto, llevaron a Gésus hasta donde el grupo tres fue masacrado a balazos, el auto siguió...- al escucharlo hablar lo reconoció inmediatamente, era aquel hombre con iniciativa que había cruzado el alambre en mitad de la oscura calle, gracias al cual, repartirle la paliza a Gésus se había hecho más fácil. Lo escuchó entonces más atentamente-... siguió viaje internándose en la República, lo seguí por horas hasta que de pronto y en la nada despareció en el campo-. Talmarital estaba más vivo que muerto.
-Limpien el enchastre- ordenó, se acercó al hombre y le tomó el brazo- vamos a hablar un rato.- El hombre era de una estatura justa, de contextura mediana y su sombra raras veces se reflejaba en los espejos. Salieron del aguantadero caminando despacio. El sol bañaba apenas con sus cálidos dedos haciéndole cosquillas a los restos aún vivos de la República.- Por qué sospechaste que Talmarital no había muerto?
-No sé... me resultó extraño, conveniente.
-Conveniente?... conveniente... conveniente para quién, para qué?
-A la situación, al contexto, Talmarital era un tipo que no se metía en ningún quilombo, y sin embargo se metió en éste hasta las patas, sale en cámaras haciéndose el bueno, el que está a favor y blum! paro cardíaco frente a millones de gentes que van a pensar obviamente que está muerto. La duda era esa, por eso los seguí, además imaginé que saber el estado de Talmarital sería una carta en nuestra manga.
-Fantástico! al mejor estilo Holmes, Poirot un poroto, simplemente fantástico! Qué más sabés?
-Qué más quiere saber?- Gustavo lo tomó por las solapas arrastrándolo un par de metros, el hombre temía por su vida, se le notaba en los ojos.
-Si vas a estar de mi lado sabé que sé más que vos todo el tiempo y que si quiero te puedo aplastar como a una mosca, sé qué respiras, cómo, dónde, cuánto y por qué!- el hombre titubeó un segundo. Gustavo lo arrojó al piso con fuerza, despreciándolo, blasfemó e injurió a ese Dios que tiene la mayoría. En cierta forma extrañaba tener un aliado como Anselmo, sabía que había un hombre así entre miles, y también sabía que Anselmo ya no era más su mano derecha, lo notó en el bar de Colifa, lo notó en su mirada, esa mirada que no demostraba emoción alguna sino tan sólo bríos y cojones de sobra ante cualquier contrariedad. Estaba seguro que ya Anselmo no sería su mano derecha cuando supo que Talmarital había hablado con Gésus, pese a no saberlo todo, lo que Talmarital sabía junto con la información y la sagacidad que Anselmo tenía, su plan quedaba al descubierto. Resopló fastidioso sabiendo que la cosa se le podría ir de las manos, pero un Llorente no se daría por vencido fácilmente, conocía las jugadas y a los jugadores. Había ganado la primer guerra pero aún la batalla se luchaba en cada rincón del tablero. Gustavo tendió la mano hacia el hombre que aún seguía echado en el piso titubeante. El hombre aceptó la mano de una forma servil y se puso de pie.
-Te digo qué es lo que vamos a hacer... de ahora en más...- Gustavo pasó el brazo por encima de los hombros de aquel hombre que se hacía llamar Pinto, vaya uno a saber por qué.

XXXVIII

Anselmo se puso de pie al verlo entrar y cayó sentado de culo tomándose la mandíbula, Gésus de un sólo manotazo lo había sentado.
-Mierda que pegás duro!
-Te tendría que matar por hijo de puta...- le dijo.
-Creo que estás meando fuera del tarro, qué pasa?- Gésus lo miró fijo.
-En serio no sabés nada?
-Nada de qué?- Gésus reculó, todos intercambiaban confusas miradas.
-Mierda!- bramó furioso Gésus- nos estuvieron usando como a pelotudos...- Gésus ayudó a Anselmo a ponerse de pie.- Disculpame.
-No que va! me va a costar olvidarme de este moquete pero estoy seguro que tenías tus razones.
-Y qué razones!- Gésus se sentó en medio de todos y así porque si todos se sentaron en ronda, menos Colifa que conociendo a sus dos amigos sabía que esto venía para un rato, así que fue hacia la cocina trajo unos vasos hasta la sala, un par de botellas se abrieron y cada cual se sirvió a gusto lo que deseaba tomar.- Ese tipo con quién trabajabas de vez en cuando, en qué anda?
-Lo vimos hoy en el bar de Colifa, fue el que llevó a los asfixiados y a los quemados hasta el hospital.
-Sabías que ese tipo lo tenía a Talmarital agarrado de los cojones?
-Sí y no sólo a él...
-Gustavo, están hablando de Gustavo?- preguntó Fernando.
-Sí- contestó rápido Anselmo. Lucero se puso de pie y caminó un par de metros hasta su bolso de donde sacó el sobre papel madera.
-Esto lo sacamos del auto crema aquel- dijo entonces acercando el sobre, Anselmo lo vio por fuera y al verlo por dentro supo inmediatamente lo que contenía, se lo pasó a Gésus. Gésus sacó las fotos de adentro del sobre y las comenzó a ver una por una.
-Vos sabías de ésto?
-Me mostraron estas fotos un par de días atrás, quería averiguar que carajo estaba pasando antes de empezar a actuar.
-Sabías que los tres monitos que te cargaste en estos últimos días trabajaban para Talmarital?
-No tenía la más puta, pero sí olía algo raro y como no sabía que era no quería decir nada.
-Talmarital me contó sobre lo que eran sus sospechas pero ahora con estas fotos la cosa se aclara. Nos van a hacer mierda, saben eso?- un silencio respondió.- Ya están todas las cartas jugadas depende cómo juguemos es el resultado del juego. Este tipo, Gustavo, manejó silenciosamente la campaña, le pagó a periodistas para que me dieran más publicidad y así la gente me escucharía. Al tener tanta publicidad la gente pensaría que yo era la mejor opción y así ganaría las elecciones... pero para qué lo haría, si él ya lo tenía a Talmarital bajo sus servicios?
-Por plata...- dijo Colifa.
-Imposible- interrumpió Lucero- tiene toda la plata de los negocios de papá.
-No por plata eso es seguro, los Llorente juntamos una de las fortunas más sustanciosas del planeta.
-Poder?- susurró Elbéstides.
-Poder le sobra, hizo cambiar de parecer a la O.M.N. con el asunto de la Anarquía...- resopló Gésus.
-No sólo eso, sino que también maneja países del tercer mundo, ha creado dictaduras a montones para después deshacer a los tiranos una vez que éstos ya no le servían.- explicó Anselmo.
-Tal vez lo haga sólo por diversión...- suspiró triste Fernando sabiendo que su hermano era ese tipo de persona.
-Por favor!- exclamó Victoria- Quién arma semejante revuelo tan sólo para divertirse!?!?
-Lo que dice el majo no es tan desacertado, yo trabajé con él y realmente es un tremendo hijo de puta, cínico hasta la verija... por supuesto que no va a arriesgar todo el dinero que tiene así que también debe estar sacando un billete de toda esta situación.
-Cuál sería el próximo paso que nosotros deberíamos dar?- preguntó Gésus obligando a un silencio pensativo.
-Creo que primero tenemos que volar de acá.- dijo Lucero- él ya sabe donde estamos, si no hubiesen llegado ustedes y si no hubiésemos tenido las armas que le sacamos al punto aquel que también le sacamos las fotos, ahora nosotros dos, no estaríamos sentados con ustedes.- concluyó Lucero señalado a Fernando.
-También habría que esperar su próxima jugada.
-Si es que su próxima jugada no es ponernos una bomba y volarnos a la mierda mientras dormimos.
-Creo que tendríamos que formar algo así como focos de resistencia, la gente tiene miedo y eso lo podríamos usar a nuestro favor brindándoles seguridad de alguna forma.
-Si, pero cómo arengarlos?
-A los tiros, vos lo dijiste, es un cambio y los cambios traen miedos y cuando la gente tiene miedo lo mejor es tenerla a favor no en contra.
-Nos vamos a tener que dividir...
-Vamos a tener que usar la cabeza.- Elbéstides resopló triste pensando en Esperanza, metió la mano en el bolsillo y de allí dentro sacó la piedrita que parecía brillar como con luz propia, la recordó bañada por la tenue luz de la luna llena de caricias, besos y comprensiones, una lágrima le escapó del ojo a tempo con una sonrisa que nacía parida por esos lindos recuerdos.

domingo, abril 01, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 19na entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-


Caos Organizado -- Novela

XXXV

-Ya te vas?- dijo sorprendida mientras apagaba su cigarro de marihuana en un cenicero que por allí estaba.
-Sí, tengo un par de cosas que hacer... negocios, nada más que negocios.- salió de la casa y volvió tan sólo asomando la mitad de su cuerpo por la puerta.- No salgas hoy, va a haber mucho lío afuera, si podés cerrá todas las puertas y ventanas con seguro, va a haber mucho lío en serio.
-Pensá en lo que te pedí por favor!- gritó ella a la nada que aparecía al él irse. La puerta del ascensor hizo su ruido metálico de ser abierta y luego cerrada, el ascensor paradójicamente descendía y Gustavo ganaba la calle después de atravesar la puerta de entrada. Se subió en un auto donde cuatro hombres esperaban, uno de éstos sacó de su bolsillo una especie de teléfono móvil celular inalámbrico.
-El show empieza en diez minutos, asegúrense que todo esté en orden- dijo Gustavo al aparato, golpeó un par de veces el hombro del hombre que estaba frente a él y detrás del volante, éste inició la marcha silenciosa.
-Ustedes tres se van a poner a vigilar la entrada del edificio. En cuánto tiempo empieza con su acto el grupo piro?
-Ya empezó- dijo uno que miró el reloj.
-Apuren - le ordenó al conductor.- Nosotros, más el grupo que van a relevar los vamos a esperar allí donde quedamos, recuerden: golpes, nada de armas, usen palos, cadenas, lo que encuentren pero recuerden, cualquier cosa que lastime no que mate. El grupo tres ya está en posición?
-Sí.
-Esta es su esquina, bájense!- tres hombres bajaron y otros tres subieron.- Todo en orden?- les preguntó apenas se acomodaron.
-Sí, están en la casa...
-Bien.- el auto dobló en una calleja oscura y se detuvo- nos bajamos acá, cualquier cosa si nos llegamos a separar ya saben dónde nos encontramos, recuerden...
-Nada de muerte sólo lastimar- dijeron tontamente a coro, Gustavo los vio de costado y con desdén, tomó el aparato- Grupo tres en línea.
-Sí- respondió una voz desde el otro lado del aparato, la voz sonaba con estática.
-Esperen la señal.- Todos se miraron entre sí.- No le salgan encima hasta que no le vean el blanco del ojo a alguno, seguramente vengan todos juntos.
-Y si no es así?
-Nos encargamos del primero de ellos que aparezca y después volamos.- Volvieron a intercambiar miradas. Gustavo asintió con la cabeza, todos bajaron al mismo tiempo del auto por las cuatro puertas, Gustavo se pasó al asiento del conductor y se llevó el auto un par de cuadras más allá, le tiró una granada adentro y se fue caminando despacio. El auto voló por los aires en una colosal explosión que después de iluminar todo con rojo fuego, rojo sangre, causó un apagón en la zona.
-Cómo me gusta ser así- dijo refregándose las manos mientras se acercaba a su séquito.
-Noticias?
-Ninguna...- Gustavo prendió un cigarrillo y lo fumaba escondiendo la brasa del mismo tras la palma de su mano, otro lo imitó y Gustavo se lo sacó de la mano brutalmente.
-Estúpido!- le dijo- qué es lo querés? Qué todo se friegue!?
-Señor sólo fumaba.- el hombre cayó tomándose el estómago con sangre que se le teñía del color de la muerte.
-Si alguien más quiere fumar que lo haga, pero por el amor de Dios que no se los pueda ver en la oscuridad.- Unos ruidos de pasos se acercaban a las corridas por el otro lado de la calle.
-Señor- entró un hombre bajito donde todos en silencio esperaban.- el grupo piro fue un éxito pero sólo yo resulté con vida.
-Si... acá también tuvimos una baja- dijo Gustavo pateando apenas al hombre que yacía muerto en el piso.- Te felicito por el trabajo, espero que haya sido limpio...
-Fue tan limpio que todavía están peleando con una banda de revoltosos borrachos que se nos juntaron en medio de todo.
-Señor, crucé un alambre de punta a punta a la altura de los tobillos.
-Me gusta, ésto es lo que me gusta, iniciativa, eso es lo que les falta a la mayoría, sobrevive muchacho y te haré grande y rico, lo merecés!- le palmeó el hombro un par de veces.
-Pasos- dijo otro. Un hombre entraba corriendo calle arriba y tropezaba con el alambre cayendo al piso brutalmente. Gustavo tiró el cigarrillo al suelo y salió hacia el tipo tendido en el suelo con la frente sangrando, los otros reían bobamente mientras Gustavo lo pateaba hasta aburrirse, pudo ver claramente como Gésus se incorporaba y le ponía un cross que lo tumbaba. Uno le pegó un palazo en los riñones y Gésus cayó al piso, un auto dobló en la esquina y de allí un loco se bajó disparando, no quedó nadie en ese callejón a excepción de ese que habían estado golpeando y los otros dos que llegaban en el auto.
-Dónde está el jefe?!
-Ya lo dijo él... nos juntamos en el lugar acordado, separémonos!- al llegar a la esquina cada uno tomó un rumbo distinto. Gustavo corría hacia el bar encabezando la carrera, mientras corría se sacó el tapado y lo tiró dentro de un fuego que atacaba silencioso los últimos segundos de vida útil de un auto volcado. El tapado se prendía fuego poco a poco para pronto desaparecer dejando de él tan sólo un recuerdo ceniciento.
El bar de Colifa ardía en llamas, Elbéstides en la puerta del mismo aún peleaba con un par de personas revoleándolas por el aire como si éstos fueran muñecos de trapo; uno se le subió encima de la espalda a la bestia y con un bate de baseball trataba de ahorcarle.
Gustavo fríamente saltó sobre ese hombre y lo molió a golpes. Elbéstides lo vio por sobre el hombro, con un dejo de asco. Colifa salía del bar con gente en los brazos asfixiada por el humo que había ingerido. Un auto se detuvo bruscamente frente a Elbéstides y Gustavo, Anselmo y Gésus bajaron del mismo al unísono.
-Ey a usted también le dieron chuenga- dijo Gustavo sonriendo, Gésus lo miró secamente y quedó su mirada fría detenida en la de Gustavo que sonriendo lo miraba.
-Qué hacés acá?- preguntó Anselmo a Gustavo.
-Estaba en casa escuché el alboroto y...- hizo una pausa-... desde cuándo tengo yo que andar dándote explicaciones?
-Desde que tenés cosas que explicar.- se dio media vuelta y entró al bar aún en llamas, Colifa desde el piso le gritó que tan sólo quedaba Nosferatu allí adentro, después de hacerlo se desmayó. El calor allí adentro era abrasivo, las llamas se erguían por toda la decoración de madera, pensar que Anselmo le había advertido que hacer el bar de madera era harto riesgoso pero de mejor gusto. La oficina de Colifa aún se encontraba virgen de quemaduras y del fuego abrasivo. Anselmo le abrió la compuerta secreta a Nosferatu y éste sonrió al ver a Anselmo que venía por él. Tomó además el maletín con cocaína que le pertenecía a Colifa, metió a Nosferatu adentro del maletín y salió del bar que se empezaba a desplomar envuelto en llamas, formando así, una gran bola de fuego que sola se extinguiría, ya que los bomberos, estaban trabajando por otros lados.
Salió del bar con la cara, las manos y el traje sucio de negro ceniza, de negro quemado. Victoria lo esperaba silenciosa mientras Elbéstides metía dentro de la parte trasera del auto a Colifa que aún seguía desmayado.
-Dónde están todos?
-Gustavo llevó a los heridos al hospital y Gésus fue a algún canal para ver si desde allí podría exhortar a la gente que ya pare con esto.
-Qué pasó con Gésus que estaba golpeado?- preguntó Elbéstides.
-Desde que salimos de la casa que nos venimos cagando a piñas con Dios y María santísima.- explicó rápido Anselmo.
-No les parece raro que hayan atacado a Gésus, y al bar de Colifa todo casi al mismo tiempo, porque el incendio había parecido casual pero cuando llegamos...- Anselmo prendió un cigarro recostándose sobre el asiento del conductor.
-Mierda- exclamó, arrancó el auto y aceleró hasta llegar a los ciento cincuenta kilómetros por hora en menos de cien metros.
-Qué pasa, qué pasa?- gritaba Victoria enloquecida.
-Lo que dijo él es cierto, Fernando y Lucero estaban solos en casa, cualquier cosa les puede estar pasando.- Elbéstides se puso a gritar desenfrenado millones de indistintas puteadas. Llegaron al pie de la colina, Anselmo miró hacia Elbéstides que miraba preocupado hacia la cima de la misma.
-Sabés manejar armas?
-Me crié en la parte norte de la ciudad.- No hizo falta decir nada más, Anselmo le pasó a Elbéstides una nueve milímetros la cual estaba cargada con todas las balas.
-Espero que seas tan buen tirador como luchador.
-Mis manos hacen milagros.
-Eso espero, tal vez sea lo que necesitamos.- Victoria parecía haber caído en un shock.- Despertalo a Colifa y ay mi dios!- exclamó recordando. Abrió el maletín y Nosferatu salió del mismo tosiendo y con cara rara, al verse en libertad empezó a correr por dentro del auto saltando, chocándose contra los cristales.
-Qué le pasa?
-Creo que le hizo mal el polvillo de su dueño.
-Ya se va a reponer, siempre se pone así cuando toma, por eso toma de vez en cuando.- se escuchó la voz de Colifa que quebrajosa y tenue demostraba que el susodicho volvía en sí. Nosferatu saltó a los brazos de su dueño y éste lo acarició con cariño.
-Ya está, ya pasó, no hay de qué preocuparse, todo va a mejorar vas a ver- le dijo suave y tranquilo.
-Colifa, cuidá de Victoria y de Nosferatu, nosotros vamos arriba y si no volvemos en diez, tomá esta arma y andá a casa y buscalos a Fernando y a Lucero y llevátelos lejos, corren peligro acá, entendiste?
-Si, si... vayan, yo apenas me sienta un poco mejor subo a la colina y me pongo a atropellar con el auto a todos esos hijos de puta que no saben vivir en paz!
-Las emociones para después ahora no tenemos tiempo.- dijo la bestia posando su manaza sobre el hombro de Colifa. Nosferatu apretaba su mandíbula inferior contra la superior como limándose los pocos dientes que le quedaban mientras moqueaba. Abrieron las puertas del auto y salieron del mismo agazapados, subieron por el costado de la acera de a poco y en silencio. Una tensa paz dominaba la colina, era extraño encontrar paz entre tantos disturbios por todos lados. Desde allí se conseguía la vista más hermosa de la Ciudad Capital de la República que ahora se incendiaba en distintos lugares, las llamas parecían adornarla como las luces a un árbol de navidad. Dos autos y una combi esperaban estacionados aparentemente vacíos veinte metros más allá de la casa de Anselmo que coronaba un costado de la cima de la colina. Una explosión de la ostia reventó el silencio de la colina, una explosión allí, abajo en la ciudad, una explosión fuerte con un espectro de más de cien metros de altura, como quien dice... una explosión de la puta madre. Anselmo y Elbéstides giraron sobre sus cinturas aturdidos por el ruido causado por tremenda explosión. Muchos hombres aparecieron de la nada armados con armas automáticas, carabinas, itakas y rifles de alto poder. La luz de la explosión los iluminó. De adentro de la casa de Anselmo, del piso superior, una lluvia de balas cayó ruidosa sobre los hombres que azarosamente caían heridos o se tiraban cubriéndose de la balacera. Anselmo y Elbéstides aún aturdidos vieron a los hombres volver corriendo y parapetarse tras los autos estacionados y desde allí iniciar un tiroteo contra la casa. Anselmo se puso de pie y Elbéstides lo siguió en una corta corrida amenazados por las balas que llovían corriendo en zig zag, llegaron hasta los hombres parapetados y así cómo llegaron, con rápidos movimientos y certera puntería, mataron a sangre caliente a cada uno de los atacantes. Al concluir la masacre Anselmo y Elbéstides tiraron las armas y levantaron los brazos, la puerta de la casa se abrió y de allí adentro Lucero bella y bonita con un rifle en la mano salía corriendo al encuentro de su picho que sonriendo la esperaba. Colifa ya subía en el auto hasta la cima misma de la colina. Un par de disparos se estrellaron contra el parabrisas, trizándolo. El auto se desvió y chocó fuertemente contra un buzón de correo privado.
-Colifa- gritó Anselmo preso en los brazos de su amada mujer.
-Qué?- gritó Colifa bajándose del auto tambaleando.
-Sos eterno hijo de mil putas sidosas!
-Con el debido cariño y el más cálido de los respetos no?
-Por supuesto- sonrió Anselmo abrazándolo con ganas.
-Perdón!- le dijo Fernando que llegaba corriendo con un rifle en la mano.
-No importa yo también hubiese disparado.
-Cómo esta Victoria?
-Sigue en shock pero Nosferatu la está cuidando.
-Traigánlos- Elbéstides fue hasta el auto y los sacó a ambos, a Victoria se la echó sobre el hombro y Nosferatu quedó colgando de uno de los cabellos de dicha mujer, tomó el maletín y se adentró en la casa tras los otros que entraban abrazados dos y consternados el resto.
-Prendé la televisión.
-Linda hora para ver la tele!
-Quiero saber si Gésus llegó bien, hace zapping por todos los canales que sean de esta ciudad, Gésus tiene que estar hablando.
-Dejá acá- la televisión decía.
-... tras el caos sufrido, todo se acalló después de la tremenda explosión que destrozó el banco de la República, pareció haber sido un ataque comando aprovechando las circunstancias que aquejaban a nuestra ciudad capital, estamos al borde de una guerra civil?
-Espero que no, que la gente recapacite antes que sea demasiado tarde, esto así no va a ningún lado y lamentaría creer que la O.M.N. tenía razón con el comunicado que había mandado, allá afuera es la jungla y nosotros somos seres humanos y hace rato ya, que hemos salido de la misma, por favor, no teman ni entren en pánico, piensen bien antes de hacer las cosas y si creen que donde están no es seguro para salir a las calles no lo hagan. Tengo la esperanza que esto se va solucionar rápidamente...

XXXVI

-Esto es inadmisible...- interrumpió Talmarital entrando en el set.
-Ni que lo diga!- exclamó Gésus.
-Cómo puede ser que no quede agua mineral en un estudio tan importante como lo es éste?- el periodista y Gésus lo miraron sorprendidos.- Bueno, sí... lo que está pasando allí afuera es también una locura, cómo se les ocurre?- preguntó Talmarital mirando hacia la cámara con tono de reto paternal- qué se piensan que estamos en una cancha? Si van a seguir así por qué no se matan todos de una vez echándose a una fosa y listo! Talmarital mucho gusto!- el ex-presidente extendió su mano hacia Gésus. Gésus sorprendido le entregó la mano derecha y la apretó con fuerza. Talmarital le sonrió gentil.- Este es un buen hombre, qué quieren de él? Déjenlo vivir en paz, una vez que votan a alguien que los va a dejar hacer lo que quieran lo botan después de esta forma, malagradecidos! sus padres deben de estar revolcándose en la tumba. Los que estén muertos... queda claro eso no? y los que no, deberían morirse de vergüenza! Quién les dio éste tipo de educación, eh? Quién se las dio?- gritaba furioso tomando la lente de la cámara como si ésta fuera la solapa del pueblo.- Qué es esa porquería del movimiento neo nazi, el ku klux klan, los hare krishna y todos esos grupos pasados de moda? Qué es eso de estar negros blancos y amarillos descuartizándose en las calles por estúpidos ideales que nos están llevando a matarnos entre nosotros? Imbéciles!- Talmarital se tomó el brazo derecho y más luego el pecho y de pronto cayó rendido al suelo gimiendo- Pelotudos energúmenos, eso es lo que son!- Gésus le saltó encima y comenzó a masajearle el pecho. El periodista en su silla no se podía mover ya que se había hecho pis encima y aún anonadado no podía reaccionar. Dos médicos con camilla entraron, Gésus se puso de pie.
-Ey dónde va señor presidente?- gritó el periodista cuando vio que Gésus seguía a los médicos y a la camilla.
-El habló por mí, ya ha dicho todo!
-Prefiere a uno antes que a todo el resto!
-Por lo que a mí respecta este hombre ha demostrado esta noche valer más que todo el resto de nuestro pueblo, matándose unos a otros, me da vergüenza ajena el haber nacido en esta República.- El periodista quedó solo frente a las cámaras, silencioso, sin saber qué decir. Los dos médicos subieron la camilla a una ambulancia y mientras uno de ellos se subía en la parte de atrás, uno iba hacia adelante para conducirla. Una vez que la misma se alejó del estudio, Talmarital se sentó en la camilla.
-Cómo lo hice?- el médico le dio el ok con un sólo gesto acompañado de una sonrisa cómplice. Gésus le zarandeó una puteada y se entró a reír como sólo los locos saben hacerlo.
-Explicame por favor...
-A mí no me quedaba otra que volar, pero vos estás en problemas...- le dijo. Gésus miró al médico que allí atrás los acompañaba.- No te preocupes, es mi secretario y el que maneja es uno de mis hombres de confianza, claro que tenía un par más pero los mataron... es difícil tener gente de confianza. Tenés un cigarrillo?
-No- respondió confundido. El secretario sacó uno de su bolsillo se lo encendió y así encendido se lo dio. Talmarital se lo puso en la boca tragó un poco de humo y lo paladeó con harto placer.- No hay nada como un cigarrillo después de morir ante millones de personas!- dijo irónico. Gésus rió simpáticamente.- No entendés nada no? Te voy a contar qué es lo que yo sé, pero antes dónde te dejo?...- la sirena comenzó a sonar, la ambulancia dobló en una esquina y se dirigió hacia el norte de la ciudad. Se detuvo la sirena y la ambulancia en una fábrica o algo así por el estilo, por el costado de la misma un riacho contaminado pasaba. Bajaron todos de la ambulancia y se montaron en un auto oscuro, el conductor de la ambulancia se deshizo de ella dejándola hundirse en el riacho mientras se subía al carro y en la oscuridad todos juntos se perdían.
-Ustedes ya se conocen.- preguntó retóricamente Talmarital a Gésus y al conductor del auto oscuro.
-Mierda me estuviste siguiendo!
-Ahora mientras te llevamos a la casa de tu amigo te voy a contar un cuento.- El auto se dirigió a la colina, a treinta metros de la misma el auto se detuvo, Gésus bajó del auto en una sola pieza.
-Qué vas a hacer ahora?
-Al aeropuerto y a algún país escondido durante un tiempo hasta que la tormenta pase.
-Gracias!
-Tu idea es buena si la podés terminar mejor para todos...- hizo una seña con la mano mientras el cristal que estaba de su lado se subía a tempo el auto se iba para no volver. Gésus metió las manos en los bolsillos y pateó un par de piedras caminando silencioso hacia la casa de Anselmo, antes de llegar se detuvo un segundo y se sorprendió al ver que no había caído en cuenta, cuando llegaba, en la cantidad de hombres que por balazos se desangraban allí a unos veinte metros de la casa de su amigo. Llegó hasta la puerta misma y escuchó que nada fuera de lo común pasaba allí adentro. Con dos golpes dio a saber que alguien allí afuera esperaba por entrar. Elbéstides abrió la puerta con cara de Elbéstides y vieran que lindo que sonrió al darse cuenta que el que golpeaba no era otro que Gésus Acrata Kalón.