martes, abril 03, 2007

Caos Organizado -- Novela -- 21ra entrega -- viene del 14/03/07

A partir del 14/03/07 y por sesentaidós capítulos, todos los días voy a estar subiendo de a dos capítulos, esta apasionante novela, madre nominal de este blog. La misma lleva por título, Caos Organizado, podrán encontrar aquí muchas cosas que nos hacen y deshacen como seres, personas y sociedad. Tal vez alguno pueda sentirse reflejado en ella, o encontrar la sin razón del porque y las razones de sobra que tiene cada por qué. La dejo en vuestros ojos y en vuestras manos con la esperanza que disfruten al leerla, tanto como yo al escribirla.-

Caos Organizado -- Novela


XXXIX
Querido Fernando:
Hace cuatro meses que no nos vemos y que la lucha en toda la República se ha vuelto voraz, el pueblo tiene miedo de salir de sus casas y eso ha traído más caos todavía (por lo menos aquí en la Ciudad Capital). Los militares siguen autoacuartelados manteniéndose neutrales a toda situación, no tiran ni para un lado ni para el otro, por primera vez en la historia, parece ser que a los militares no les interesa el poder; dicen que no van a tomar parte del asunto hasta que los habitantes dejen de matarse entre ellos. En cierta forma tienen razón y son los que están actuando con la cabeza. Los militares piensan más que el pueblo, con esto te darás cuenta que todo está en serio patas para arriba.
Con Anselmo seguimos en la lucha, tenemos cada vez más adeptos pero la comida escasea y eso nos pone intranquilos.
Gustavo por estos lares brilla por su ausencia, el muy cojonudo se nos hace difícil de encontrar. Deberías ver que pena cómo están acá las cosas, los niños en las calles parecen buitres que devoran los cadáveres de sus mayores, y para peor aún, crudos. Los hubieras visto, salen en pequeñas manadas y llevan lo que encuentren hacia las alcantarillas donde viven, les rompen la piel a palazos, con sus manitos los despellejan, comen sus entrañas, los músculos, con los estómagos se hacen chaquetas que parecen ser abrigadas e incluso impermeables, con los esófagos hacen cornetas con las cuales tocan músicas tristes en las noches sin luna (demás está decirte que desde hace mucho tiempo no hay luna ya que esto vos lo sabés).
Todavía me cuesta creer como todo se ha ido al demonio, la gente no quiere cooperar a que las cosas cambien y en cierta forma es comprensible. Gésus no se ha quebrado, yo pensé que lo iba a hacer tarde o temprano, pero el muy cabrón todavía no se quiebra. Me imagino que sabrás que todavía quedamos algunos en la capital de la República, la mayoría son los que hace cuatro meses atrás llamábamos los de recursos bajos, claro, al ser de bajos recursos no pudieron huir como lo hicieron los otros que ahora están en otro país, en otra república. Anselmo ha caído enfermo un par de veces debido seguro a la mala alimentación; y me vieras a mí, jamás me hubiese imaginado lo que soy, enfermera soldada y cocinera. Acá donde estamos refugiados cuidamos de la gente que ha llegado a veces para sumarse a nosotros, las otras para pedirnos ayuda... Yo, ya sabía que si la lucha duraba más de dos meses íbamos realmente a estar en serios problemas...
Estoy flaca, más flaca de lo que una mujer siempre quiso y sin embargo tengo la fuerza de la ira que me carcome por dentro; aún me cuesta creer que haya convivido la parte más feliz de mi vida con la misma persona que causa la infelicidad y la desdicha de tantos otros. Gésus casi no duerme, ya que está haciendo cosas todo el tiempo, sale vuelve, lleva, trae, sigue con su humor de pocas pulgas, putea, pergeña y te recuerda con cariño. Ya ninguno de nosotros acepta el hecho de haber perdido, pero creemos que sería lo mejor pedirle ayuda a la O.M.N. Aunque en sí no sabemos si hacerlo. Te amo con toda el alma y te escribo ahora ya que no sé si voy a mantenerme viva por mucho tiempo más; los brazos me pesan y el alma se me ha hecho a un lado.
Durante los primeros meses no sabés que equipo hacíamos con mi picho, me entrenó en algunas artes marciales y nos cargamos a quien viniese y a cuantos viniesen. Tengo tanto miedo de no poder darle a Gustavo lo que se merece... Disculpame, pero me siento una hija de puta, sé que allá donde vos estás las cosas son peores y que apenas pueden conciliar la realidad y que esta carta no te va a ayudar en lo más mínimo, pero realmente ni siquiera creo que te llegue.
A propósito, cómo está Elbéstides? Apenas le leas esta carta (que seguro lo vas a hacer) dale un abrazo gigante a ese osote mío y contale, contale que su casita es la única que no fue atacada, la única a la cual nadie pudo entrar y ni siquiera tocarla, algunas de las viejas locas que llegan acá, han llegado a crear y creer historias; que hay un algo de magia que protege esa casa, yo nunca lo he visto pero aseguran que desde allí adentro un fulgor verde se puede ver de noche, y que si uno es una persona libre y buena, puede escuchar la risa de una niña de quince años riendo de la forma más pura. También decile que la gente que por allí pasó, ha dejado ramos de flores en la puerta, dicen que estar allí cerca y escuchar la risa de esa niña les aviva la llama del corazón y que esa misma llama les da ganas de seguir buscando respuestas.
Por mí, no sé cuánto tiempo me quede, nunca me había sentido así en mi vida. Yo estoy segura que voy a morir aunque Anselmo me reta cada vez que le digo que eso va a pasarnos, cuando lo hago... él me mira seriote (vieras lo serio que se pone) y después me dice ..." si vos te morís, así de flaca como estás, no vas a alimentar a nadie así que sobreviví hasta poder engordar y ahí si morite, fea"... después de decirme eso (siempre me dice lo mismo), me besa y vieras con que amor me besa, muy pocas personas en mi vida me han arrancado una sonrisa, y bien sabés que no estoy hablando de esas sonrisas que se arrancan así nomás, estoy hablando de esas sonrisas que parecen envolverte de una cálida luz ámbar la cual te da más fuerzas para seguir. Aunque creo que mi reloj ya está en cuenta regresiva. Por qué insisto con esto? Porque no quiero que mi muerte te llegue de sorpresa como nos llegó la de mamá, que a pesar de haber sido la más hija de puta, pasado el tiempo, no sé por qué mierda no le guardo rencor. Ay Fernando! Te amo, te amo con todo lo que he perdido que es más de lo que poseo, te amo con toda mi alma que ha sido golpeada de una forma en la cual ya no me quedan sueños, sólo me quedan realidades frías y duras, recuerdos cálidos de vos y de esa bestia melosa que te acompañó porque sabía que yo con Anselmo estaba harto segura y que antes que yo muera él mismo daría su vida si eso fuera necesario para que yo siga (de hecho lo está haciendo).
La otra noche mientras cuidaba unas personas que deliraban de hambre y de sueño, una que parecía estar en sus cabales, me tomó la mano y me miró a los ojos con la mirada necesitada y me preguntó qué cambiaría yo de mi vida, miré hacia el pasado, miré el presente y le dije que cambiaría mi futuro, el hombre sonrió con una sonrisa linda y me dijo que él cambiaría haber nacido y más luego murió, murió sonriéndome, tomándome la mano y yo... lo vi morir en mis manos y me dí cuenta que sí... realmente cambiaría mi futuro, no el que me hice, si no el que por destino me tocó vivir.
Un beso al osote y decile que mi corazón es suyo y que no sé por qué pero yo creo que Esperanza está viva, que siga esperándola que ella por él, tan sólo por él, va a volver. En caso que esta carta te llegue (aunque no creo), no quiero que te ponga triste porque pensás que estoy triste, realmente estoy cansada y feliz ya que gracias a vos, a Gésus, a Victoria, a Colifa, a Elbéstides, a Nosferatu, a Esperanza encontré una forma de darle sentido a la vida y gracias a Anselmo encontré ese secreto, que por ser el más lindo, la vida guarda con tanto recelo.
Por primera vez me siento llena, llena y feliz.
Te amo con el alma.

Lucero.

Una gota salada de alma desdibujó sonriente un poco el nombre de Lucero que plegó el papel en varias partes, lo metió dentro de un sobre en el cual escribió ..." mirá vos Fernando, la vida tenía un sentido"..., cerró el sobre cuidadosamente pasando la lengua por el viejo pegamento que ya casi no pegaba. Apagó de un soplido la vela, besó al pálido Anselmo que descansaba a su lado en los lívidos labios que intranquilos en manos de las pesadillas, toscamente descansaban. Se echó a dormir.
Pero mirá que joda! Todo había sido una pesadilla, una pesadilla de acción por así llamarle, había sido difícil el verse tan vieja y flaca, vieja flaca pero hermosa, realmente hermosa. Con sus tibios pies pisando el suelo apenas, fue hasta la habitación de Fernando y se le acuclilló al lado, como siempre Fernando dormía a pata suelta, una lágrima le escapó y le cayó en el dorso de la mano a Fernando que chiquitito se despertó y la vio a su hermana llorando a su lado. Le pegó en la cabeza con la palma abierta.
-Qué hacés? estás loca!, salí de acá, salí de acá!- Fernando se había puesto como loco y la pequeña Lucero aterrada se ponía a llorar y se cubría el rostro con las dos manitos, después de semejante pesadilla ya no quería ver más.- No, no llorés, no te tapes los ojos, salí, salí de acá rápido, salí!- le gritó Fernando saliendo de la cama, tomando una botella de vidrio y arrojándosela por la cabeza. La botella estalló allí arriba del marco de la puerta y los vidrios le llovieron encima haciendo ruido a ventana rota. Se descubrió el rostro y abrió los ojos. Un par de hombres entraban por la ventana y por la puerta, manoteó un costado y en las sombras vio la sombra de Anselmo que ya estaba de pie y luchando contra uno, Lucero se tocó los pechos asombrada y se dio cuenta que el sueño había sido otro y que la realidad, era la pesadilla. Saltó de la cama hacia una sombra con una pierna extendida, se veía poco y todo era confuso, aún el sueño soñado le rebotaba en las sienes, seguía sintiéndose cansada, pero amanecía, al menos una luz mortecina venía desde algún lugar iluminando las sombras. Escuchaba los golpes que venían del otro lado de la habitación, trastabilló al pisar unos vidrios que le abrieron ligeramente el talón, tomó un vidrio del suelo y lo comenzó a usar como puñal aunque éste le cortaba los dedos. Ya no quedaban sombras en lo oscuro quedaban tan sólo cadáveres en el piso y los que no eran cadáveres eran agonizantes hombres repletos de quejidos.
-Anselmo!- fue lo primero que dijo.
-Qué?- se escuchó doloso.
-Dónde estás nabo?
-En el infierno princesa! vos?
-Tomando sopa con Satán!- un ouch se escuchó de un rincón.
-Mujer que joder! te los cargaste a todos vos solita...- un rayo de luz entraba tímido por algún lugar.
-Cómo y vos no hiciste nada?
-Qué va! sabía que podías...
-Gracioso.- Anselmo se le acercó pisando raro.- qué te pasa?
-Me caí al bajar de la cama... salgamos de acá.
-Quiero que terminemos con esto y nos vayamos a vivir a la playa...- le dijo silenciosa mientras lo cargaba en su hombro y lo ayudaba a avanzar.
-Con mi sueldo, por favor, no te basta con todos estos lujos!?- le dijo él sonriendo, Lucero también sonrió. Salieron de la habitación en ruinas, de paredes quemadas y techo de vez en dónde.- Te quedan balas?
-Un par... vamos a tener que ir a buscar.- Anselmo la miró sorprendido.
-Chá 'e tu mar'e estás sangrando boluda!
-Qué horror no me había dado cuenta! Dale, caminá.
-Te lastimaron?
-No, me corté con los vidrios nada más.
-Por qué no nos fijamos si alguno de esos tipos está armado?
-No creo, estoy segura que los desarmamos a golpes.-
-Je, je, me voy a fijar...
-No- Lucero le posó la mano sobre el hombro.- Yo voy, descansá un ratito más. Lucero entró de nuevo en la habitación. No encontró mucho, pero a veces algo es mejor que nada, aún a un lado de la vela estaba la carta que había escrito por la noche, con tanto lío la había olvidado por completo, mirá que raro. Salió del cuarto y se encontró con Anselmo de cara al sol sonriendo disfrutando de su suave caricia, una alegría le recorrió el cuerpo al verlo todavía, a pesar de todo, con esa cara de atorrante que Anselmo poseía.- Dale, vamos!- lo ayudó a ponerse de pie.
-Encontraste algo?
-Llaves.
-Si ya veo qué?
-No ya ves, sino entre otras cosas llaves. Debieron haber venido en algún medio de locomoción que necesite llaves, si necesita llaves tiene motor y si tiene motor, va a tener nafta y si tiene nafta...
-Ya entendí desquiciada, ya entendí.- la detuvo en su labia.- Vamos a buscarlo- dieron vuelta a la manzana, un grupo de niños salieron de la nada con las tripas crujientes y baba en la boca. Anselmo disparó una vez al aire, los niños detuvieron su ataque aunque como buitres o como tiburones daban vuelta en torno a estos dos.
-En esa cosa de allá tienen comida fresca- les dijo Lucero con tono maternal. Los niños los miraron y ambos estaban golpeados y sangrando, lesos... eran presas fáciles pero siempre un muerto es más fácil que uno vivo aunque éste se encuentre agonizante. El que parecía ser el mayor de todos, agradeció con una graciosa voltereta y salieron corriendo hacia el lugar que habían dejado atrás. Caminando con dificultad recorrieron la zona sin encontrar medio de locomoción alguno.
-Mierda!- bramó Anselmo medio fulo- dónde carajo lo habrán dejado?
-Qué buscan?- se escuchó una voz fémina típica de niñez lampiña.
-Qué quieren?
-Ahora nada, ya comimos, tal vez jugar un rato.
-Cuántos años tenés?
-Trece- le dijo orgulloso.- Qué buscan?
-Te pareces al principito.- el grupo de niños se miró confundido.
-Ah que bueno... qué buscan?- Lucero sonrió de costado.
-Estamos buscando en lo que vino su desayuno.
-Nuestro almuerzo de ayer querrá decir.
-Cómo sea!
-Los vimos salir de ese lugar.- dijo señalando con la cabeza hacia una boca de desagüe al costado de la calle. Anselmo y Lucero se acercaron y en efecto, allí adentro escondida, una camioneta había. Lucero y Anselmo sonrieron. Entraron a la camioneta (que más bien era del tipo combi), la revisaron y encontraron además de armas, comida en conserva. Anselmo se asomó por la puerta lateral de la camioneta y miró a los niños que desde afuera los miraban.
-Qué dicen... vienen con nosotros?- Lucero lo miró sonriendo. Los niños titubearon.
-A dónde?- preguntó el cabecilla.
-A otro infierno...- Lucero le pegó a Anselmo en el brazo.
-Hay comida?
-Poca, pero al menos no van a tener que andar comiendo muertos.
-Qué va! no tenemos nada que perder!- subieron a la combi en grupo y la misma, piloteada por Anselmo, se alejó de aquel lugar. La camioneta avanzaba por las calles céntricas de la Ciudad Capital, parecía un pueblo fantasma, ni el recuerdo de lo que había sido una gran ciudad quedaba, parecía vacía y carente de vida, pasaron por los restos de lo que alguna vez fue el bar de Colifa, los ojos de Anselmo se llenaron de recuerdos alegres y una rara melancolía expelía su suave aroma. Los niños en silencio viajaban en la parte trasera, algunos jugaban sus infantes juegos; contaban en voz alta la cantidad de muertos con moscas alrededor que se encontraban tirados en las calles con la carne seca o podrida, depende si estaban al sol o a la sombra, otros dormían y el cabecilla parecía estar pensando en algo. Lucero los miraba por el espejo retrovisor sonriendo, entre ella y Anselmo de vez en cuando intercambiaban miradas. Se dirigían al norte a veces rápido otras lento, dependía de la situación externa que aquejase. Llegaron a una nada donde un fuerte olor a podrido teñía el todo. Todos bajaron de la camioneta, menos Anselmo que tomó el recaudo de esconderla bien en un lugar apartado.
-Andá yendo que yo ya voy...- le dijo antes de ir a esconderla.
-Vas a estar bien?
-Qué pregunta, claro que sí!- se despidieron con un dulce beso.
-Vamos?- preguntó Lucero a los niños, estos niños no contestaron pero era obvio que ya estaban dispuestos. Caminaron algunas cuadras en fila hasta llegar al riacho contaminado, por su margen izquierda siguieron camino hasta que unas cuantas cuadras más adelante se divisaba la fábrica de botellas de plástico.
-Dónde vamos?- preguntó el de trece.
-A esa fábrica- desde los ojos de esos niños la fábrica parecía un palacio. Llegaron a la misma y ésta se encontraba desierta. El cabecilla de esta infante banda parecía estar nervioso y miraba a todos lados con desconfianza. En medio de una cintas transportadoras, Lucero se agachó y levantó una tapa del suelo.
-Métanse acá.- les dijo suave y segura. Todos se la quedaron viendo fijamente.
-Vos primero- ordenó el de trece.
-Cómo quieran!- Lucero bajó primero y llegó hasta un pasaje subterráneo que poseía la fábrica, parece ser que estos pasajes eran usados, no mucho tiempo atrás, para eludir impuestos y almacenar cosas y negocios sucios.
-Caminen atrás mío es muy fácil perderse acá adentro- y mirá que era cierto, un laberinto de oscuros pasillos se formaba allí debajo, una rata caminaba por uno de los tubos de metal que vaya a saber dios qué bosta les correría por adentro. Lucero tomó la rata y la desnucó con hábil movimiento de manos. La guardó en su bolsillo.
-Si ven más ratas, agárrenlas que son ricas...- los niños sonrieron. Caminaron por los túneles media hora y al fin llegaron hasta un lugar, donde un montón de gente parecía estar acostumbrada a vivir allí. Haber visto cómo se las habían arreglado para hacer una breve comuna subterránea.
-Qué es ésto?
-Nosotros le llamamos el purgatorio.
-Estamos cagados entonces!- dijo el niño riendo. Lucero le acarició la cabeza con un cariño que ella jamás había recibido, se acercó hasta una puerta cubierta por una lonja de plástico, de las sombras y de la nada una morena mujer apareció sonriendo con los brazos abiertos prestos a un abrazo.
-Victoria!- exclamó Lucero abrazando a la mujer que venía.
-Más chicos!- exclamó feliz Victoria que tosiendo leve llegaba.- y qué lindos que están!- dejó de toser sonriendo como sólo ella sabe hacerlo.
-Te los dejo?
-Ey, momentito!- exclamó el cabecilla.- dónde vas?
-Para allá... a buscar a Anselmo- dijo Lucero señalando al cielo raso.- Quédense con ella que les va a mostrar todo, yo después los voy a venir a visitar.- el niño aceptó y los otros por supuesto lo siguieron.
Anselmo llegó caminando con dificultad.
-Picho estás bien?
-Me duelen hasta los pelos del culo mirá!
-Quejoso!
-Hasta el día de la muerte! vamos a verlo a Colifa.- se metieron por otro laberinto de pasillos menos largo, hasta llegar a otro espacio abierto, hombres y mujeres de todo tipo, colores y edades trabajaban bajo la tierra abriendo más espacios a fuerza de picos y palas.
-No saben dónde está Colifa?- le preguntaron a uno.
-Por allá!- exclamó. Subieron una escalera que iba pegada a la pared hasta llegar a otro lugar. Distinguieron a Colifa entre un montón de gente que peleaba. Colifa los separaba y retaba a los dos causantes de tal oprobio.
-Lo único que falta! cagarnos a piñas entre nosotros, todos estamos igual de desesperados carajo!- bramó con bronca lastimera mientras Nosferatu se refregaba la cabeza.
-Ey cabezón!- gritó Anselmo. Colifa se dio media vuelta y se puso más contento que perro con dos colas. Nosferatu sonrió.
-Al fin llegaron, pensé que algo terrible les había pasado-
-Gracias- dijo sonriente Lucero agarrando coqueta a Nosferatu.
-Tuvimos que pasar la noche afuera y casi nos pasa algo terrible pero Lucero estornudó y vos sabés con el sifón que ésta tiene por nariz...- Lucero le pegó suave a Anselmo en el brazo mirándolo con cara de bicho feo.
-Están hechos pelota, vamos a la enfermería.- Colifa los abrazó a los dos juntos. Qué flaco que estaba Colifa, tal vez a él se le notaba más. Tenía bajo los ojos unas motas moradas que denotaban todo su cansancio.
-Cómo sigue todo acá?
-Tenso, más tenso que antes, la comida está empezando a hacer más y más falta, la gente está muy nerviosa, ya los vieron cómo se cagaban a piñas allá y saben por qué- preguntó retórico- porque uno decía que tenía el pico más grande que el otro...- llegaron a un lugar donde muchos hombres y mujeres se quejaban dolosos en el suelo, acostados. Cipriano se les acercó sonriendo.
-Y a ustedes dos?
-Un problemita en la superficie.
-Nos quisieron cobrar la noche en un hotel que ni techo tenía.- Cipriano les sonrió.
-Cómo se sienten?
-Me he sentido peor.- el hombre lo miró a Anselmo.
-Usted va a necesitar dormir un rato y unas vendas.
-Como si tuviéramos tiempo para descansar.
-Siempre hay tiempo! y a vos chiquilla?
-Creo que he parido...
-Si hubiese parido estarías con una sonrisa de oreja a oreja, llorando a moco tendido o muerta. Vas a necesitar vendas y que te limpien las heridas... pero mirá como tenés la mano!- Nosferatu lamía con cariño murciélago.
-Me corté con papel glasé en clase de actividades prácticas.
-Si, claro... vayan para allá y saquen las cosas que necesiten del armario.
-Hace falta algo?
-Sol, arena y mar... tal vez montaña y lago pero el sol creo que es fundamental.
-En serio Cipriano...
-Siempre hacen falta cosas! vamos vayan!- se dirigieron hasta el armario y se curaron mutuamente como dos gatos que se quieren y se lamen. Apareció Gésus tras la puerta y se les acercó sonriendo. Nosferatu lisiadamente sentado miraba.
-Me dijo Victoria que vinieron, y que además encontraron a los siete enanos.
-No digas eso que me hacés pensar en blanca nieves.- dijo Colifa tocándose la nariz. Sonrieron. Nosferatu estornudó.
-Alguien sale hoy?.- preguntó Lucero con fuerza ya que apretaba un poco más la venda de Anselmo que emitía un sordo quejido.
-No seas mariquita!
-Con nosotras no se metan!- dijo uno que la jugaba de enfermera.
-Sale alguien o no?
-Sí, van a salir hacia la provincia a buscarlo a Fernando, parece que está manejando bien las cosas...
-Claro, es mi hermano- dijo orgullosa Lucero- que le lleven esta carta, si es posible, claro.
-Tus deseos son órdenes, hermosa dama- le dijo Gésus besándole el dorso de la mano, Lucero sonrió haciendo una graciosa reverencia.- Descansen un rato... ah!- dijo recordando- las cosas de la camioneta, estaban limpias y la camioneta también, las armas funcionan de maravilla así que... gracias.
-No hay porque.- Gésus se dio media vuelta sacudiendo el sobre.
-Le hablaste de mí al tarado éste?
-Ni una sola palabra- dijo besándose el dedo como si ésto fuera una promesa.
-Puta que además de jodida sos tramposa!
-Es mi chica, qué otra cosa podrías esperar de ella- sonrió Anselmo mientras le pasaba yodo en una herida y Lucero se mordía el labio para no gritar. Gésus finalmente se fue más tranquilo ya que pese a estar todos machucados aún seguían con la estupidez a flor de piel.

XL

-No sabía que en la República existiesen estas cosas.- dijo Fernando con el rostro rosado gracias al sol que amanecía tiñendo de oro las copas de los árboles del valle al pie de la montaña. Más allá del valle, la orilla del lago en el que se repetían las tonalidades brillantes de un amanecer espléndido en un cielo con nubes fluorescentes. El verde aroma le llenaba el alma y los pulmones de aire puro; sonrió sintiendo culpa. Hace rato que no sabía nada de la Ciudad Capital, el mensajero llevaba un par de semanas de retraso y la última vez que eso había pasado, lo encontraron, colgando descuartizado de un árbol en medio del bosque. Se sintió solo por un momento, volteó su cabeza y lo encontró a Elbéstides con la mirada perdida dentro de la inmensa palma de su mano que contenía una piedrita la cual siempre miraba con harto amor. Le pegó en la cabeza con la palma abierta y salió corriendo, Elbéstides se puso de pie y lo corrió por el bosque. Se detuvo en un claro donde los árboles parecían no animarse a crecer, miró hacia todos lados con desconfianza, el instinto lo llevó a internarse en el otro lado del claro, Fernando le cayó en la espalda, Elbéstides se lo sacó de encima con una sola mano, lo puso frente a sus ojos y poniéndose el índice contra la boca le indicó silencio.
-Qué mierda al pedo! estoy harto de este bosque de mierda- se escuchó desde algún lugar. Fernando señaló a Elbéstides y después hacia un costado. Elbéstides asintió con su tremenda cabeza y se fue hacia el otro costado donde Fernando había señalado, Fernando juntó los hombros y se fue hacia el otro lado. Como ladrones avanzaban cada cual por su lado, pisando apenas, tratando de no hacer siquiera un ruidito, tratando de ni siquiera respirar muy fuerte por miedo a que su respiración sea escuchada por algún indiscreto y peligroso merodeador.
-Dejá de quejarte carajo! Todo el tiempo quejándote y a las puteadas, qué preferirías estar en la capital?
-Preferiría estar en el mesmo averno- contestó la primera voz que se había oído, a cada segundo las voces se escuchaban más y más cercanas.
-Claro... cuando vivías en lo de mamá también te quejabas!
-Vivir con tu madre es peor que dejarse coger por el Diablo mirá!
-Mamá es una santa!
-Sí, pero no entiendo por qué mierda no se va al cielo con las demás santas.- Al fin las voces se hicieron visibles al un hombre y una mujer entrar en el claro aquel. Fernando sonrió recordando a Marisa. Realmente la recordaba a cada momento y mientras más pasaba el tiempo más la recordaba, más la sentía en su pecho.
-Tengo hambre.
-Si, qué noticia!- la mujer rompió a llorar.
-Me tenés cansada!- el hombre con cara de fastidio le hacía mímica burlonamente.- Siempre lo mismo nunca me escuchás... todavía no entiendo qué carajo hago con vos.- Fernando sonrió aburrido y del otro lado del claro la bestia miraba a ambos con la seriedad demostrada en su ceño fruncido y atento. La mujer entre lágrimas cayó rendida al piso cubierto de dichondra. El hombre la escuchó caer y se dio media vuelta, la comenzó a cubrir de golpes, del otro lado del claro la bestia saltó salvaje y de este lado, Fernando salió a las corridas contra la pareja, la mujer que se cubría de los golpes con una mano tomó una piedra y con ésta le golpeó la cabeza, el hombre quedó tendido boca abajo sobre la dichondra tiñendo con su sangre la suave y verde alfombra. La mujer empezó a gritar presa de pánico. Se sintió un breve sismo con la caída de la bestia sobre el hombre que pasó a ser un asunto enterrado. Fernando llegó a la mujer y la abrazó, ésta le devolvió el abrazo con sus manos y brazos aún temblando por los nervios, por los miedos. La mujer hundió su rostro en el pecho de Fernando y allí depositó las lágrimas que caían.
-Vamos a llevarla?- preguntó Elbéstides saliendo del pozo que se había hecho al caer. Fernando asintió tratando de soltarse, pero la mujer estaba agarrada como garrapata y ninguna de las tantas sutilezas intentadas en vano lograban que ésta se suelte.
-Qué hacemos?
-Llevémosla, rasgame un pedazo de la camisa.- la bestia rodeó a Fernando y al llegar a su espalda tomó la camisa de un lado y de otro, cerró apretando apenas los puños, Fernando quedó con el torso desnudo y Elbéstides sonriendo tontamente quedó con la camisa hecha un jirón colgando de la mano.- No cambiás más la puta madre- dijo empezando a sentir el frío de la mañana en cada lágrima gélida que le caía por el pecho desde los ojos de esa mujer que seguía llorando.- Vendala, pero por las dudas dejá que el nudo lo haga yo.- Elbéstides rodeó los ojos y la cabeza de la mujer con la camisa rota, ésta, (no la camisa sino la mujer) empezó a gritar temerosa de que le hicieran algo.
-Suéltenme, que me quieren hacer!- gritaba como loca.
-Nada! Solo que la vamos a llevar a un lugar secreto que...- la mujer empezó a repartir golpes para todos lados, proporcionándole a Fernando un par en la cara que se le desdibujaba y comenzaba a ponerse de muy malhumor. Elbéstides posó el índice sobre el centro mismo de la cabellera de la mujer que tiraba golpes a diestra y siniestra, presionó apenas y ésta quedó flácida entre los brazos de Fernando. tal vez desmayada.
-Qué hiciste, energúmeno?
-Espero tan sólo haberla desmayado.
-Fantástico! lo único que me faltaba, si está desmayada para qué necesitamos vendarla y si no necesitamos la venda para qué cuernos me dejaste en cueros?
-Parecés una nena!- Fernando ardía de mal humor.
-Mierda!- gritó enojado- Vamos!- le dijo. Elbéstides tomó con dos dedos a la mujer y se la echó sobre el hombro así nomás. Avanzaron entre los troncos del bosque que se erguían hacia el cielo. De las copas de los árboles cantos de magalíclaros bañaban los en derredores haciéndolos parecer encantados, el arroyo caía montaña abajo cantando a tono con los magalíclaros. La luz del sol apenas se colaba en forma de haces quebrados entre los follajes verdolagas de las copas, las hojas secas de los árboles hacían como una alfombra marrón, manchada de vez en cuando por la dichondra suave que cubría el suelo de la montaña que subían.
-Faltan los duendes no?
-Siempre lo pienso cuando paseo por este bosque.
-A Esperanza le hubiese gustado mucho este lugar.
-Habría que estar loco para que este lugar no te guste.- el silencio del bosque se hizo escuchar entre éstos que caminaban silenciosos después de intercambiar palabrareríos rápidos.
-Cómo está?
-Sigue desmayada pero un poco más inquieta.
-Eso significa que está mejor... mierda que estamos lejos!- dijo cansado- tendríamos que poner aerosillas o algo así para que venir hasta acá sea un poco más cómodo.
-Ahá!- dijo Elbéstides con falsa comprensión.- ya falta poco...- caminaron un rato más bosque adentro y montaña arriba, unas risas se escuchaban. Llegaron a un precario campamento donde un montón de personas reían hasta la lágrima.
-Qué pasó acá?- preguntó Fernando.
-Era cierto! está casi en pelotas!- se escuchó un jocoso grito. Fernando se vio semidesnudo y rió fuertemente. Todo era risotadas y diversión, parecían estar viviendo en el momento de algarabía de un dibujo animado japonés.
-Quién es la mujer?- preguntó uno que se acercaba a ellos.
-No sé, mató al marido de un piedrazo en la cabeza, se sentía sola y lloraba a moco tendido, Elbéstides le tocó la cabeza ya hace rato y todavía sigue desmayada. Denme algo para ponerme que me estoy cagando de frío.
Pasaron algunas horas, el sol ya estaba diciendo desde lo alto que era más o menos el mediodía y además de olor a bosque, el olor a almuerzo se hacía sentir en las entrañas que crujían. Fernando estaba en su tienda atendiendo un poco a los recuerdos, otro poco al futuro y lo que restaba lo usaba para sacarse mocos de la nariz.
-Señor- interrumpió el asqueroso mas necesario menester uno que entraba.
-Por qué señor? quién soy il padrino!?- el hombre sonrió.
-Tiene correo.- dijo extendiendo el brazo acercándole dos sobres.
-Llegó el Palomo?
-Recién.
-Me hacés un favor?
-Pero cómo no...
-Denle de almorzar y que pase por acá antes de irse...
-No problem- el hombre se dio media vuelta y se fue. Fernando tomó ambos sobres y comprobó cual era el más pesado, comparándolos. Uno indudablemente era de Gésus, el otro tenía escrito ..." mirá vos Fernando, la vida tenía un sentido"... sonrió después de casi asustarse. Si algo malo le hubiese pasado a Lucero, le hubiesen avisado en el acto. Guardó la carta de ella en un bolsillo y abrió el sobre que Gésus le había mandado. Desdobló las hojas, se recostó sobre el respaldo de la silla y comenzó a leerla detenidamente; Fernando hizo de la carta un bollo de papel y puteó fuerte. Salió de su carpa.
-Pinto!- gritó, uno de tantos se le acercó.
-Si?
-Haceme el favor de buscarlo a Elbéstides y traiganme ahora al Palomo. Pinto salió corriendo y un minuto más tarde dos hombres entraban a la carpa de Fernando sosteniendo al Palomo por las axilas, lo tiraron despreciativos a los pies de Fernando.
-Qué mierda hacen?- los hombre quedaron fríos ante la reacción de Fernando.
-Pinto nos dijo que...- dijo uno.
-Pinto las pelotas!
-Las pelotas de quién? Señor!- dijo el Palomo desde el suelo que ya no podía contener más la risa. Fernando meneó la cabeza de un lado hacia otro, se estiró la cara con una mano y movió la palma como sacándose moscas de encima. Los dos hombres se retiraron mientras el Palomo se terminaba de poner en pie y se le acercaba.
-Está todo para la mierda allá, no?
-Realmente sí...- dijo aún tentado.
-En qué viniste?
-En una combi...
-Bueno... bueno, te vas a llevar comida, toda la que nosotros tengamos acá y la vas a cargar en la combi, no te vas a ir solo, te va a acompañar Pinto con un grupo de cuatro, que de paso cañazo van a cuidar que todo llegue. Terminá de comer y una vez que termines pasá por acá que te voy a dar una carta para que le lleves a Gésus y otra a Lucero, mientras preguntá por ahí si alguien más quiere mandar algo y llevátelo. Hoy mismo.- Elbéstides entró en la carpa.
-Me llamabas Fer?
-Sí, andá a comer Palomo- el Palomo se retiró.
-Malas noticias...
-Ni buenas ni malas, tan sólo noticias.
-Qué pasó?
-Escuchá..." Intimo Fernando, bla, bla, bla... todo se está cayendo, esta resistencia de acá ya no resiste más, le falta poco para quebrarse, la gente se ha dividido entre los refugiados, los ellos y los nuestros. Cada vez tenemos más desertores y no es porque sean mala gente si no que los que dependen de Gustavo, se dice, que tienen comida y comodidad, mientras que nosotros parecemos estar muertos. Vivimos bajo tierra y por ahí mismo nos trasladamos mediante túneles que estamos haciendo a fuerza de picos y de palas. No sabés hace cuánto que no tenemos luz solar y creo que eso además de dividirnos más, nos hace pensar sin claridad. Me equivoqué en algo, estoy seguro de eso pero no sé en qué. No puedo dejar de sentirme responsable por todo lo que está pasando. Te juro que más de una vez he tenido ganas de mandar todo a la mierda y dejar que Gustavo domine todo, pero no sé que hacer, tal vez si Gustavo maneja todo las cosas se pondrían mejor. Necesito tu opinión. Un abrazo y espero que sepan disculpar mi error. Gésus Acrata Kalón"... y, qué opinas?- Elbéstides se rascó la barbilla pensativo.
-Así... terminar todo así, tiene que haber una salida...
-Por de pronto, les voy a mandar con el Palomo comida y a él lo van a acompañar Pinto y unos cuatro hombres- Elbéstides se rascó la cabeza raramente.-Qué?
-Ese Pinto, me da algo que no se cómo explicarlo.
-Bueno o malo?
-Me cría mala espina.
-También escribió Lucero.
-Qué dice?- Fernando metió la mano en el bolsillo y sacó el sobre para alcanzárselo? a Elbéstides.
-Leéla.
-No sé si deba...
-No vengas con boludeces, ahora tengo que pensar en algo más, tengo que pensar como pensaría Gustavo... leéla. Y hasta que yo no vuelva que el Palomo no vuele- Fernando salió de la carpa a ver si encontraba soluciones tiradas por el suelo del bosque. Elbéstides encontró un lugar cómodo, cruzó las piernas, abrió el sobre y tímidamente comenzó a leer la carta. Fernando subió hasta una piedra saliente en una de las laderas de la montaña la cual él llamaba de cariño ..." la sillita de piedra cerca de la cima para pensar cuando uno está realmente consternado"... allí se sentó y se puso a pensar.